jueves, 22 de diciembre de 2016

Refacción de la Iglesia San Pedro de Lambayeque. 1723

Iglesia San Pedro de Lambayeque. 1935
En el verano de 1720, un recurrente fenómeno de El Niño, muy fuerte, afectó  buena parte de la costa norte del virreinato del Perú, asolando especialmente el departamento de Lambayeque.

El 15 de marzo de aquel año, torrenciales lluvias y una  fatal inundación, producto de su fatídica ocurrencia, arruinó totalmente la hermosa y señorial villa de Santiago de Miraflores de Saña, fundada el 29 de noviembre de 1563, por el capitán Baltasar Rodríguez, vecino de la ciudad de Trujillo, por mandato del virrey Conde de Nieva.

De esta catástrofe se cuenta, a la fecha, con nutrida bibliografía, teniendo siempre como fuente, de primera mano, el informe sustancial que sobre este hecho levantara el Escribano Público y de Cabildo del Corregimiento de Saña don Antonio de Rivera, el 18 de marzo de 1720. Histórica Acta, que en original, se conserva en el Archivo Regional de Lambayeque (ARL).

Sabemos ahora también, que las lluvias torrenciales, con la secuela de destrucción y ruina que acarreo consigo este fenómeno aluvial, tuvo repercusiones muy serias en el pueblo de indios de San Pedro de Lambayeque, donde su río y las acequias arrasaban las cosechas y dañaban las huertas, chacras y caminos.

Son muy ilustrativas las líneas que de un viejo manuscrito hemos extraído al respecto, veamos:

    […]La inundación del año pasado de setecientos y veinte, tan general en todos aquellos valles, habiendo sido uno de los arruinados el referido pueblo de Lambayeque” (sic) (Archivo Regional de Lambayeque. Causas Eclesiásticas 1723).

En aquella oportunidad sufrieron serios daños, la iglesia matriz de San Pedro, que padeció  notable estrago […] y que a no haber acudido los curas y vecinos se hubiere totalmente destruido”. El tambo, perteneciente al común de indios de Lambayeque y ubicado a un costado del cuadrilátero de la plaza principal, lo mismo que el cabildo de naturales y la cárcel.

Prueba de esto lo constituye la “cuenta y razón” presentada, en el año de 1723, por don Francisco Joseph Quintero Príncipe, “Vecino mercader de este pueblo de Lambayeque”, al general  don Luis del Castillo y Andraca, “Corregidor y Justicia mayor de esta Provincia”, de los gastos efectuados  en la “reedificación de las casas del cabildo”, la cárcel y el calabozo, que también se construyeron de nuevo, y:

    […] en la total y nueva fabrica de todo el tambo, de la compra del sitio para su corral que todo se arruinó con las inundaciones y lluvias que padeció esta Provincia en el mes de marzo de 1720” (sic) (Samamé Rodríguez, 1995: 2)

En todas estas obras se invirtieron 1,800 pesos y 6 reales.

El puente, perteneciente a la antigua cofradía del Santísimo Sacramento de la iglesia parroquial de Lambayeque, única vía de acceso, por aquella época, con los pueblos del norte, colapsó en su integridad como consecuencia del desborde de su temperamental río, denominado también Lambayeque.

Las rentas que producía, por derecho de pontazgo, el mencionado puente estaban arrendadas, desde 1717, y por espacio de tres años,  a don Pedro Ruiz Méndez [...] en ciento y ochenta pesos en cada un año”, que había venido cancelando puntualmente al mayordomo de la cofradía; pero que por “[...] el daño padecido con dicha inundación”, solicitaba que para resarcir de alguna manera estos perjuicios, se le reconsiderara el arrendamiento por  tres años más y  por el mismo precio:  

    […] respecto de que en este presente año (1720) havian sido las aguas tan copiosas y nunca experimentadas que habian inundado este dho pueblo imposibilitado de que se pudiesen usar de la dha renta en el tiempo de avenidas y cresientes que es el que fructifica para poder pagar el dho arrendamiento" (sic) (ARL. Lino de Herrera, 1723).

Que sepamos no existe, hasta el momento, un estudio serio sobre la presencia de éste fenómeno natural en el pueblo de San Pedro de Lambayeque. Pese a que, como hemos visto, causó muy serios daños en sus principales edificios públicos. No cabe duda que esto se debe al hecho de que la villa de Saña, capital del corregimiento, convertida, llamémoslo de alguna manera, en el “epicentro” del desastre, desapareció entre el fango y los escombros, y como es natural acaparó la atención de los estudiosos.

Hemos querido rescatar, como modesto aporte a la historiografía regional, algunos pormenores del fatídico evento a su paso por el pueblo de Lambayeque. Ya hemos reseñado, muy ligeramente, los perjuicios causados en el local del cabildo indígena, la cárcel, el tambo y el puente, veamos ahora, los estragos ocasionados a su iglesia matriz de San Pedro, materia del presente artículo. Los inéditos datos se han trascrito del expedientillo original intitulado “Vista y Reconocimiento del Arquitecto don Jerónimo de la Oliva”, que se encuentra en la sección Causas Eclesiásticas – 1723, en el Archivo Regional de Lambayeque (ARL).

Queremos agregar que las palabras o párrafos escritos en cursiva pertenecen al citado documento, y en su transcripción hemos mantenido, en buena parte, la fidelidad del texto.

El 21 de agosto de 1723, los curas doctrineros de Lambayeque, a saber: don Gabriel Joseph de Abarca; don Antonio de Valverde y Zevallos, Cura Propietario del Pueblo de Lambayeque y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición en el Partido; don José Méndez de Sotomayor, Abogado de la Real Audiencia de la Ciudad de los Reyes, Cura Beneficiado de la  Doctrina Titular del Señor San Roque en este Pueblo, Comisario del Santo Tribunal de la Inquisición en este Partido, reemplazado poco después por el Licenciado don Francisco Cortes de Monrroy, mayordomo de la fábrica de la Iglesia parroquial y don Bartolomé Sáenz de Salazar, enviaron un memorial, a través del escribano público y de cabildo don Lino de Herrera,  al general español don Luis del Castillo y Andraca, Corregidor y Justicia Mayor de Saña, Chiclayo, Chimo y Chicama,  con el propósito de que intercediera, ante el gobierno vicerreal, para el pronto envío de numerario para la refacción de la iglesia San Pedro de Lambayeque.

Como primera acción el corregidor mandó que el “Maestro de Arquitectura” don Jerónimo de la Oliva, por ser “más perito y práctico”, se encargara de hacer el reconocimiento, in situ, y la tasación respectiva de lo que era menester […] para el costo de lo que necesita por acabarse de hacer en dicha Iglesia y  para los reparos que necesita”.

Primeramente, De la Oliva, vio y reconoció el interior de la iglesia encontrando que algunos de sus arcos, especialmente los del “Presbiterio y media naranja” donde se ubica el altar mayor, estaban rajados:

    […]  y que necesitaban repararse por el riesgo que corren y que los demas de las bóvedas de dicha Iglesia estan todos descascarados porque se les cayo todo el enlucido y blanqueado con las copiosas lluvias del mes  de marzo del año pasado de 1720, que humedecieron  notablemente las dichas bóvedas y que necesitan de volverse enlucir y blanquear y aplanar de suerte que no esperimenten otra vez el deterioro que han padecido con dichas lluvias de que estan imperfectas e indecorosas a la decencia que debe tener el culto divino y a la suntuosidad de la fabrica de dicha Iglesia, que muchos de sus altares necesitan de desbaratarse y volverse a hacer de nuevo por estar defectuosos y mal avenidos” (sic). 

No cabe duda, que los altares “defectuosos y mal avenidos” a los que se refiere el perito De la Oliva databan de finales del siglo XVII, o tal vez desde algún tiempo atrás, y estaban fabricados, por aquella época, de adobes y los nichos u hornacinas (huecos coronados en forma de arco, donde se colocaban las imágenes) estaban  realizados en los muros de los gruesos muros de la iglesia.

Hasta nuestros días se pueden observar algunos de estos vestigios, si atisbamos por detrás de los actuales retablos de la iglesia. Por lo que hemos podido ver los hubo de muy buena fábrica, como el que se encuentra detrás del retablo de San Judas Tadeo, con su  hornacina central y la venera o adorno, que representa en gran tamaño una valva de concha de molusco que recubre el intradós de su arco, forrada enteramente en pan de oro, al igual, aunque de menor tamaño, del que se encuentra a espaldas del retablo del Señor de la Columna. También detrás del retablo de Ánimas, abarcando la totalidad del intradós y jambas del arco del muro que lo alberga, existe una pintura mural al temple de una bien lograda alegoría dedicada a nuestra Señora del Carmen y las Ánimas del Purgatorio.

Después de esta breve, aunque oportuna interrupción,  volvamos ahora a nuestro tema.

Concluida la “vista y reconocimiento” del interior de la iglesia, De la Oliva procedió inmediatamente a “ver y reconocer” la parte exterior de ella, encontrando que la portada principal:

    […] esta toda entera sin aplanarse ni enlucirse y que necesita de que esto se haga y de que se pinte correspondiente a la obra y que la otra portada que mira a la Plaza esta sola hasta la mitad y que la otra mitad de ella resta por hacerse y acabarse, y así mismo de que toda se aplane enluzca y pinte”.

Párrafo aparte manifestaba:

    […] y que la una de las torres de dicha Iglesia, esta solo fabricada hasta el principio de su segundo cuerpo y que el resto de esta y todo el tercero cuerpo y su coronación necesita fabricarse y toda ella se aplane enluciese y pintase de forma que corresponda a la compañera que esta acabada perfectamente”.

De la paciente lectura de los párrafos extraídos del expediente presentado por el “arquitecto” De la Oliva, en 1723, podemos darnos una clara  idea  de cómo se encontraba, hasta las dos primeras décadas del siglo XVIII, la fábrica de la iglesia; aunque sabemos que ésta no tenía renta asignada para su fábrica, por eso se había parado en la prosecución  de la obra.

Concluida la inspección y teniendo De la Oliva una clara idea del valor que en pesos, contantes y sonantes, costaría la obra de refacción de la iglesia, expuso lo siguiente:
   
    […] que habiendo visto y reconocido todo lo referido y hecho punto y regulación de los materiales de cal, ladrillo, arena y yeso, que era menester andamios, costo del maestro y los oficiales y todo lo demás concerniente y conducente a las dichas obras y reparos de la dicha Iglesia, exceptuando la de dicha torre, dijo que para todo ello son necesarios dos mil pesos de a ocho reales”

Una vez tomado conocimiento del costo que demandaría la obra, el corregidor y los señores curas de las cuatro doctrinas de Lambayeque, convinieron:

    […] de que para acabar la dicha torre, que aun no esta fabricada hasta su mitad, se necesita de mucho dinero y que con la que esta acabada perfectamente podrá pasar hasta que haya medios suficientes para su reedificación. Solo se trate por ahora de acabar perfectamente la dicha portada de la plaza y la otra principal que resta para aplanarse, enlucirse y pintarse y que reparar los arcos y bóvedas y de reedificar los dichos altares por ser todo lo  que mas necesita”.

La fábrica de las principales estructuras de ésta iglesia se concluyeron a finales del siglo XVII, pero sin lograr terminarse la torre del lado Norte. Su construcción se inició en las primeras cuatro décadas del siglo XX, estando a cargo de la obra el arquitecto Victor Mora Flores, teniendo como maestro albañil al Sr. Guillermo Niño Vite. La inauguración se efectuó el 11 de septiembre de 1948, con ocasión de celebrarse la Bodas de Plata (25 años) de la llegada de los misioneros dominicos a esta ciudad. 

 Vista de las torres de la iglesia en la década del treinta del pasado siglo (Colección, Arturo Beltrán García)

Prosigamos.

Enterado de los hechos el Virrey don Joseph de Armendáriz, Marques de Castellfuerte, dictó una Real Provisión para que se le franquearan 1,500 pesos de a ocho reales al cura de Lambayeque Doctor don José  de Torres y Toledo, Abogado de la Real Audiencia de los Reyes, cura propio del pueblo de Lambayeque y Examinador Sinodal del Obispado de Trujillo, para la refacción del templo. 

Para su real cumplimiento y financiamiento se procedio de la  forma siguiente:

    1) 500 pesos en la tercera parte de la encomienda que hubiese en dicho pueblo
 
    2) 500 pesos que se mandaran dar a los vecinos españoles de dicho pueblo                  

    3) 500 pesos con la bacante de los curatos de Mórrope y Pacora en el tomín de  fábrica.

El virrey hacía esta distinción basándose en  mandatos de diferentes acciones pontificias y conciliares; Leyes de estos Reinos y Reales Cedulas, como las del 17 de octubre de 1552 y 5 de octubre de 1626, que estipulaban se hagan estas oblaciones en tres partes:

    […] la una deben pagar los encomenderos, la otra de resto de tributos o sobras de comunidades y la otra de vecinos españoles”.

Pero esta distribución se hacía siempre y cuando la iglesia no contara con “su porción bastante” destinada para su fábrica, y como ya hemos visto anteriormente ésta no tenía renta asignada para ello.

Al final, eran los naturales quienes cargaban con la mayor parte de los gastos a sufragar, pues a ellos se les exigía el puntual pago de sus tributos. Sin embargo 33 españoles, entre europeos y criollos, dieron su óbolo, “unos más que otros”, para la refacción de la iglesia de Lambayeque en 1723. 

Todos ellos, antiguos moradores de la arruinada villa de Saña, que en busca de seguro abrigo vinieron a radicar en el laborioso pueblo de San Pedro de Lambayeque.

Veamos a continuación la relación de los 33 nombres completos de éstos flamantes "notables" vecinos del pueblo de Lambayeque: 

1) Capitán don Miguel de Robles y Garay, Alcalde Provincial del Corregimiento  de Saña.
            2) Maestro de Campo don Andrés de la Banda.
            3) Sargento Mayor don Diego de la Puente y Torres.
            4) Gobernador don Francisco de Soto y Alzatio.
            5) Don Matías de Ripalda.
            6) Don Andrés de Saavedra y Chica.
            7) Capitán don Pedro de Saavedra y Chica.
            8) Licenciado don Manuel de Rubiños y Andrade.
            9) Don Miguel Bermejo de Soto.
            10) Capitán don Juan de Bermejo de Soto.
            11) Don José de Rucoba.
            12) Don Manuel Fernández de la Cotera y Velarde.
            13) Ayudante General don Miguel de León y Rivera.
            14) Ayudante General de la Caballería don Juan de Urquiola.
            15) El Escribano don Francisco Lino de Herrera.
            16) Licenciado don Juan de Quesada.
            17) Alférez don Fernando de Uriarte.
            18) Alférez don Simón de Brenes.
19) Capitán don Juan Andrés Clavijo, Defensor General de Menores del Repartimiento.
            20) Don Domingo de Arriaga.
            21) Don Joseph López de Quiroga.
            22) Don Juan de Porras y Santa Cruz.
            23) Teniente Antonio Alejandro de Bilela.
            24) Alférez Jerónimo Valiente de la Barra.
            25) Don Diego de Sotomayor y Aro.
            26) Cristóbal Jurado de Sotomayor.
            27) Pedro Francisco de Oliva.
            28) Alférez Juan de Oliva Fernández de Córdova.
            29) Pedro López de Sandoval.
            30) Francisco de Rovalcaba.
            31) Cipriano de la Rosa.
            32) Doña Gregoria Carrasco.
            33) Doña Gertrudis de Velón y Zúñiga.


Bibliografía consultada

IZQUIERDO CASTAÑEDA, Jorge
Refacción de la Iglesia San Pedro de Lambayeque. 1723. Suplemento Dominical del Diario "La Industria" de Chiclayo.

SAMAME RODRIGUEZ, Alfonso
1995. El Cabildo de Lambayeque. Diario “La Industria” de Chiclayo. Enero.


Documentos

Archivo Regional de Lambayeque

Causas Eclesiásticas1723. Vista y Reconocimiento del Arquitecto don Jerónimo de la Oliva. 

Protocolo Notarial 1723. Escribano Lino de Herrera. Escritura de Obligación y Fianza otorgada por Pedro Ruiz, Andrés, María su madre, y el Capitán Don Antonio Calderón de la Barca a favor del arrendamiento del Puente.  




           
           

           

           
             

           
             
           


3 comentarios:

  1. Excelente Jorge. Matias de Ripalda, antepasado mio
    Gracias
    Otto Salcedo

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  2. Matias de Ripalda casado con doña Tomasa Cabero Carrasco del Saez, de ellos:
    Doña Antonia Ripalda Cabero natural y vecina de Saña casada con Don Manuel Villodas, y de ellos :
    Doña Ana María de Villodas Ripalda Cabero casada con Antonio Ramón Peramás, padres que fueron de :
    Doña Tomasa Peramás Villodas, Cabero de Francia Lopez de Saavedra Carrasco del Saaz y Soto de Bermudez, casada con Don Manuel Lopez de Osaba Salcedo, de cuyo matrimonio nacieron:
    Bernardino Salcedo Peramás Ripalda Cabero, y Don Manuel Custodio Salcedo Peramás Ripalda Cabero, casado con Doña Josefa Ruíz, de cuyas nupcias en Lambayeque, nacieron:
    Guillermo, Manuel, Ricardo, Eliseo y otros. Eliseo Salcedo Ruíz, casado con Doña Francisa Sandoval y de ellos:
    Elvira y Bernardino Salcedo Sandoval, Bernardino casado con Getrudis Reaño, y de ellos:
    Eliseo, Augusto, Luís, y Victor Salcedo Reaño. Victor casado con Elvira Torcello Farro, y de ellos:
    Augusto Bernardino (Otto) Salcedo Torcello.......YO

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  3. Mi bisabuelo Emilio Pasco del Castillo, fue una de los talladores en madera que ayudó a restaurar los altares de la Iglesia San Pedro de Lambayeque.

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