domingo, 18 de diciembre de 2016

LA CAPILLA DOCTRINAL O RAMADA DE SAN PEDRO EN LAMBAYEQUE



Capilla doctrinal o ramada de San Pedro de Lambayeque

A manera de introdución

La antigua capilla doctrinal o ramada de San Pedro de Lambayeque, declarada Patrimonio Cultural de la Nación mediante Resolución Suprema Nº 2900-1972-ED, es parte integrante del denominado “Complejo Religioso San Pedro de Lambayeque”. Compuesto también por su iglesia matriz San Pedro, el imafronte, fachada o muro de pies de la ramada de Santa Catalina, y el imafronte de la ramada de San Roque.

A raíz de las copiosas lluvias que trajo consigo el fenómeno de "El Niño", muy fuerte, del verano de 1998, la capilla quedó seriamente afectada, al extremo de quedar inhabilitada. 


Desde el 2008, la Municipalidad Provincial de Lambayeque, presidida por el alcalde C.P.C Percy Ramos Puelles, tomó acciones preliminares con el objeto de mandar elaborar un proyecto integral de recuperación y puesta en valor de la ramada de San Pedro o capilla “San Francisco de Asís”, en Lambayeque. Se realizaron trabajos de prospección Arqueológica de emergencia y por último se elaboró el proyecto definitivo denominado: “Proyecto: Puesta en Valor de la Capilla San Francisco de Lambayeque, Provincia de Lambayeque – Lambayeque (2009)”, a cargo del arquitecto Freddy Escobar Zamalloa.

En febrero del 2010, con un presupuesto de algo más de 400,000 nuevos soles, otorgados por el Plan Nacional COPESCO y la Municipalidad Provincial de Lambayeque, se procedió a su inmediata ejecución, con todas las marchas y contramarchas que, de paso, también acarreo consigo.

Lamentablemente en esa oportunidad no se incluyó, en el proyecto, la reconstrucción del baptisterio, ni mucho menos un minucioso trabajo de búsqueda de muestras o vestigios de pintura mural que, se suponía, podían haber perdurado a tráves del tiempo en sus muros.

En junio del 2015, se dio inicio a la reconstrucción del baptisterio de la ramada  mediante un proyecto elaborado por personal del Ministerio de Cultura de Lima y la Dirección Desconcentrada de Cultura de Lambayeque. El proyecto, ejecutado con singular éxito, fue financiado con recursos proporcionados por la Municipalidad Provincial de Lambayeque, presidida, ésta vez, por el igeniero Ricardo Casimiro Velezmoro Ruiz.

La puesta en valor del primitivo altar mayor, la restauración de la pintura mural del siglo XVIII, descubiertas entre agosto y septiembre del presente año (2016), tanto en el nicho principal del altar mayor, el intrados del arco triunfal y en los dos nichos u hornacinas de las paredes del lado norte de la ramada, aparte del tratamiento del piso de ladrillos, han sido financiados con recursos proporcionados por la Parroquia de Lambayeque, siendo Administrador Eclesiástico de la Parroquia de Lambayeque el P. Edwin Fredy Beltrán García. Trabajos realizados bajo la atenta supervisión de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Lambayeque.

La restaurada capilla fue bendecida, en breve y emotiva ceremonia, el pasado 11 de diciembre del presente año, por Monseñor Robert Francis Prevost Martínez, Obispo titular de la Diocesis de Chiclayo. La Generosa y Benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque recupera, con esto, un antiguo y singular lugar de culto, amén de un significativo atractivo turístico.    
   
Antecedentes históricos

Por todos los medios hemos tratado de ubicar algún documento que nos de alguna pista sobre la existencia de ésta capilla doctrinal en el siglo XVI, o principios del siglo XVII, pero la búsqueda ha sido infructuosa. Todo esto, debido al insalvable obstáculo que representa el no contar con un corpus amplio de fuentes de tan temprana época en los archivos públicos, privados y eclesiásticos de nuestra región. Menos aún planos y dibujos de su etapa constructiva. Debido a esto su evolución histórica, su devenir en el tiempo es, hasta el momento, un problema dificil de entender y resolver.

Sin embargo, los trabajos de arqueología histórica o colonial que se realizaron al interior de la capilla - como uno de los principales pasos en el proceso de su puesta en valor - cuyo objetivo principal era la identificación, a través de excavaciones sistemáticas, de las etapas constructivas del edificio, dieron como resultado el hallazgo del piso de ladrillo, colocado a principios del siglo XIX, justo debajo de la loseta, colocada en la década del cuarenta del siglo XX. También se encontró el piso primitivo de adobes; éste correspondería a una fase constructiva anterior, tal vez de finales del siglo XVI. Lo que da pie para sostener que la actual construcción correspondería al siglo XVII.

Se especula también que desde fines del siglo XVI, en esta ramada se bautizaban, confirmaban y contraían matrimonio los miembros de la arcaica parcialidad de Ñan, después del Cacique. Primitiva comunidad nativa tradicional con que contó el secular señorío de Lambayeque. No cabe duda que también, en un principio, recibieron, en ella, cristiana sepultura los párvulos de dicha comunidad.

Lo que sí sabemos es que a principios del siglo XIX, y durante la tradicional festividad de Semana Santa en esta ciudad [...] esta ramada hacía la función de Santo Sepulcro, trasladándose a su interior la imagen del cristo Yacente a medianoche, después de la procesión del Viernes Santo. Los fieles “en copioso número y con mucha devoción” velaban el cuerpo encendiendo velas de cera amarilla de castilla; y el Sábado Santo por la noche se realizaba una Via sacra “muy solemne en el mismo sepulcro”, cantada a la Virgen de los Dolores; permaneciendo allí hasta las seis de la mañana del Domingo de Pascua de Resurrección” (Castañeda Murga, Espinoza Córdova y Pimentel Carranza O.P., 2015). Escenificación que también se realizaba en los pueblos tradicionales de Eten y Monsefú.

En 1826, el cura español don Lázaro Villasante, de opaca actuación en las campañas de independencia de Lambayeque y el Perú, se titula cura propio de las ramadas de San Pedro y Santa Catalina, ambas unidas en la iglesia matriz San Pedro. Dos años después, en 1830, al cura don José Isidro Bonifaz, colaborador eficaz en el proceso independentista de Ferreñafe, se le encuentra firmando como “Cura Propio de las Doctrinas Unidas de San Pedro y Santa Lucía” (Menéndez Rúa, 1935). Esto, no cabe duda, porque la ramada de Santa Lucia se encontraba arruinada por los copiosos aguaceros que trajo consigo el recurrente fenómeno de “El Niño”, muy fuerte, del verano de 1828.

Don Manuel Orbegoso se titula desde 1863, como “Cura propio y Vicario de Lambayeque” (Menéndez Rúa, 1915). Lo que significa que las cuatro ramadas originales se encontraban, para esa fecha, reducidas a una en la iglesia matriz de San Pedro. Sin embargo, hasta el año de 1890, se seguía administrando el Sacramento del bautismo en la ramada de San Pedro.


Breve perfil arquitectónico

Este inavalorable patrimonio lambayecano es de estilo barroco mestizo y se compone de una sola nave o salón, con traza de planta rectangular alargada. Sus muros y cimientos han sido fabricados de adobe, y de ladrillo está compuesto el sobrecimiento y los detalles de ornamentación (molduras) de su portada, así como también el sobrecimiento del reconstruido baptisterio.

Está orientada de Sur a Norte, con el ingreso por el lado Sur. Su fachada o muro de pies, es sencilla,  con una portada de acceso fabricada de ladrillo, con arco de medio punto que se apoya sobre simples pilastras. Cierra el vano de ingreso un recio portón de madera de dos abras con sus respectivos postigos, […] dos pilastras externas se extienden en altura hasta alcanzar el entablamento que sustenta, a su vez, la cornisa mayor que alcanza todo el ancho de la edificación” (Escobar Zamalloa, 2009: s/n). Él entablamento de friso y arquitrabe lisos, sobre éste un juego de doble cornisa. 

A todo lo ancho de la cornisa mayor se colocarón, a principios del siglo pasado, tejas de barro cocido para protección del agua lluvia. La parroquia lambayecana se ha comprometido a conseguir los recursos para reponer estos utilisímos elementos.

Enmarcan la portada dos vanos de fenestración abocinados y rectangulares que constituyen las ventanas con marco de madera fijos y dos hojas batientes con vidrios de color ámbar, ambas se encuentran protegidas por rejas exteriores de metal.

En lo alto, y coronando el frontis, un original cuerpo de espadañas de grueso muro de adobes y ladrillos, formando cinco vanos coronados en arco y en los que, en algún tiempo, se colocaron campanas colgadas de pequeños maderos de algarrobo en rollizo.

En su interior el tiempo parece haberse detenido, a primera vista todo impresiona, por lo primitivo y singular de su original belleza, aunque el olor a incienso, de otros tiempos, se haya trocado por el leve olor a humedad que aún persiste, pese a los trabajos de restauración a que ha sido sometida.

Catorce columnas – ubicadas en ejes longitudinales, siete en el lado izquierdo e igual número en el lado derecho - compuestas de robustos troncos rollizos de madera de algarrobo (horcones) clavados en la tierra, se elevan hacia lo alto de su cobertura en caprichosas formas, todas ellas con sus fustes forrados con soguillas de cánamo o finas tiras de cuero para facilitar la adherencia de un grueso estucado de yeso que las cubre totalmente, y al que diestros “alarifes” nativos le dieron formas helicoidales a manera de columnas “salomónicas”.

Esta doble hilera de columnas no implica, de ninguna manera, la subdivisión del espacio interior en tres naves, como se puede colegir o interpretar de un simple vistazo, pues la percepción del espacio interno es total y no fragmentado. Las columnas son tecnológicamente necesarias solamente para el sostén de la cobertura

Rematan las columnas en horquetas, a manera de capiteles, semejando pequeños y vigorosos brazos, que soportan las vigas madres y la varazón transversal compuesta también de madera de algarrobo en rollizo que sostienen su techumbre (del tipo “harneruelo y faldones), compuesta de caña y torta de barro, enlucida con yeso. Las bases o pedestales de ladrillo de las columnas son solo ornamentales pues no cumplen ninguna función estructural.

Ésta parece haber sido una característica arquitectónica muy común en toda iglesia de reducción indígena en nuestra región, una “arquitectura de horcones” como la denominan los especialistas. Ejemplos: la ramada del Complejo Religioso de San Pedro en el distrito de Mórrope; la ramada de San Roque, de la que solo se conserva su imafronte, y la de Santa Lucía, hoy desaparecida, en la ciudad de Lambayeque.

No cabe duda, una estructura compuesta, en gran parte, con tecnología y materiales que se usaron en edificaciones prehispánicas y se siguieron utilizando en la época colonial y republicana. Ingredientes ligeros, flexibles, resistentes a los movimientos sísmicos, pero no a las torrenciales lluvias que trajo consigo la recurrente y nefasta presencia del fenómeno de El Niño a través de los siglos. (Izquierdo Castañeda, 2005).

En ésta edificación las expresiones estéticas que ofrecen el adobe, la madera, el yeso y el ladrillo fueron manejados con una sensibilidad extraordinaria, enriqueciendo, de alguna manera, el mundo estético del barroco en Lambayeque. 


"El espacio interno de esta ramada al igual que la ramada de San Pedro de Mórrope, expresa armoniosamente su sistema estructural. La simplicidad y rigidez de su distribución de ambientes, se enriquece sobremanera con la presencia de las columnas torsas con el horcón de los troncos a manera de capitel, y con la estructura del techo. La utilización de madera de algarrobo en rollizo, añade plasticidad al espacio, haciéndolo acogedor y agradable, de muy singular" (Chirinos – Zárate  173).
 
Al lado derecho de la entrada principal, adosado al muro de pies, se encuentra el bajo coro o soto coro, fabricado sobre una plataforma rectangular compuesta de relleno de un poco más de un metro de altura, por lo que se sospecha se trataría de una construcción posterior. Se encuentra cercado de balaustres y se accede a él por una pequeña escalera. El coro fue un elemento imprescindible en una capilla doctrinal, por el interés y celo que se dio a la música en los iniciales años de la evangelización. Por el servicio que prestaban en las doctrinas los maestros de capilla, cantores, músicos, fiscales y sacristanes indios, gozaban en la época virreinal de ciertos privilegios, como el estar exceptuados del servicio forzoso de la mita, implantada por el virrey Toledo, y del pago de tributos.

La capilla baptisterio, ubicada al lado este y aproximadamente al centro de la nave, constituye otro elemento indispensable en la capilla doctrinal, y aunque parezca un elemento separado del conjunto arquitectónico, que nos ocupa, el baptisterio forma parte integrante de aquel.

El baptisterio ha sido recientemente reconstruido con recursos provenientes de la Municipalidad Provincial de Lambayeque. Su ingreso es a través de un arco de medio punto con flamante reja de balaustres de madera de fino cedro. Se encuentra techado por una pequeña y robusta bóveda vaída liza de gruesas pechinas. La bóveda remata en una pequeña y pesada linterna coronada por un copulín de medio punto para su ventilación e iluminación. 

Ésta linterna, que es la original y solamente ha sido parcialmente restaurada en su base, pesa aproximadamente 800 kilos. “Para colocarla en su lugar se tuvo que recurrir a la contratación especial de una potente grúa, con pluma de extenso brazo, de lo contrario hubiera sido casi imposible lograr el objetivo”, manifiesta el P. Edwin Fredy Beltrán García.
En el nicho del altar del baptisterio se ha colocado una antigua y recientemente restaurada efigie de San Juan Bautista, realizada en madera policromada y tela encolada. La pila bautismal de cobre que poseía el baptisterio fue trasladada, a fines del siglo XIX, a la capilla baptisterio de la iglesia San Pedro, donde hasta nuestros días se encuentra.

 La reja de balaustres de madera de la capilla baptisterio

Imagen de San Juan Bautista

Debemos agregar que la capilla contaba también con un púlpito de madera construído a principios del siglo XX, éste, aunque parezca mentira, fue desmontado y hurtado por manos sacrílegas en la década del sesenta del citado siglo, según versión dada por las respetables integrantes de la Orden Tercera de San Francisco de la ciudad de Lambayeque.

El presbiterio sobre-elevado, área que ocupa el espacio del altar mayor hasta el pie de las gradas, se encuentra separado del cuerpo de la ramada por un arco rebajado (triunfal), en cuyo intradós se descubrieron significativas pinturas murales hoy, felizmente, restauradas con recursos proporcionados por la Parroquia de Lambayeque. Esta techado por una bóveda vaída lisa, de ladrillo y mortero de cal, rematada en una linterna coronada por un copulín de medio punto para su ventilación e iluminación, todo realizado en ladrillo y cal. A cada lado del presbiterio una habitación usadas en otros tiempos, la una como sacristía y la otra como depósito de andas; el acceso a éstas es a través de dos vanos adintelados con sus puertas de dos hojas batientes realizadas en fina madera de pino.

El primitivo altar mayor de ésta capilla ha sido recuperado. Este se encontraba oculto detrás de un antiestético, intruso y desvencijado retablo contemporáneo de madera, al parecer de estilo "neo-gótico". El primigeneo altar mayor descubierto se compone de un solo cuerpo y ático, con sus nichos realizados en el muro norte o testero del presbiterio. Después del retiro mecánico de cuatro capas de estucado de yeso se descubrió y restauró la primitiva pintura mural, de mediados del siglo XVIII, que adornaba su nicho principal. Por tal motivo los especialistas optaron por dejarlo expuesto.

Posteriormente se le dotó de una mesa de altar, que no cabe duda poseía, realizada en ladrillo, mortero de cal y enlucido de yeso. Para guardar armonía con el entorno se le añadieron columnas, exentas, trabajadas en igual forma que las columnas entorchadas (helicoidales) de su nave principal, o sea compuestas de delgados troncos rollizos de madera de algarrobo con sus fustes forrados con sogas para facilitar la adherencia del estucado de yeso que las cubre. Todos estos trabajos ejecutados con recursos provenientes de la Parroquia de Lambayeque y supervisados por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Lambayeque, siendo Administrador Eclesiástico de la Parroquia de Lambayeque el P. Edwin Fredy Beltrán García.

Después de una minuciosa prospección, mediante calas, se descubrió pintura mural en los nichos u hornacinas del lado izquierdo y derecho del muro norte de la nave. Los especialistas eligieron retirar el estucado de yeso y el papel comtemporanéo, en mal estado de conservación, que las cubría. No cabe duda que los muros de esta joya de la arquitectura eclesiástica lambayecana, estuvieron, a mediados del siglo XVIII, adornados con pintura mural.

Queremos agregar, a manera de comentario, que no son pocos los visitantes, tanto nacionales como extranjeros, que al ingresar a este recinto, cubierto de una suave penumbra, manifiestan percibir, tal vez por lo original de su concepción, distribución y forma, que lo están haciendo al interior del esqueleto de un descomunal cetáceo.

Vista del altar mayor de la capilla


Vista de la recuperada pintura mural, de mediados del siglo XVIII, del nicho principal del primitivo altar mayor
  
Capilla San Francisco de Asís

El 5 de octubre de 1885, se fundó la Orden Tercera de San Francisco en la iglesia parroquial San Pedro de Lambayeque. El encargado de su instalación fue fray Luís Torra, visitador y misionero de los Descalzos de Lima, […] investido de las facultades necesarias para el efecto por el M.R.P. Fray Pedro Gual, Guardián de dicho Convento”; tal y como consta en el Libro de Actas Nº 1 (1885 - 1896), que tan gentilmente nos dejó revisar, en el 2000, la señorita Isabel Vílchez Bances, distinguida hermana de la Orden Franciscana Seglar de Lambayeque.

Esta Orden nació en Lambayeque bajo la advocación y patrocinio de San Pascual Bailón, y fueron testigos de su fundación los frailes y misioneros apostólicos: Francisco Usaloa, Antonio Barojas, José María Revill, el párroco de la iglesia Dr. José G. Santillán y el señor José María Barandiarán.

En la misma acta figuran los nombres de lo que nosotros podríamos denominar su primera junta directiva o Discretorio, elección canónica llevada a cabo en la iglesia San Pedro. Este quedó conformado por las siguientes personas:

Comisario: Dr. José G. Santillán. Ministra: señora María del Carmen Salcedo de Leguía. Secretaria: señora Leonor Ruiz. Tesorera: señora Matilde Riojas de Baca. Discretas: señoritas Luisa E. Montjoy, Ignacia Paredes, Mercedes Carril, Zoila Nuques. Celadoras: señoras Águeda Martínez de Iturregui y María A. Balladares de Escurra. Enfermeras: señoritas Transito Burgos y Rafaela Benítez. Vicarias: señoritas Águeda Barandiarán y Juana Bernuy.

María del Carmen Salcedo de Leguía

Los cargos y oficios debían durar por espacio de tres años consecutivos, en este caso hasta el 5 de octubre de 1888, día en que debía procederse a una nueva elección.

Fue a pedido de la primera Ministra de la Orden, doña María del Carmen Salcedo de Leguía, madre del Presidente Augusto Bernardino Leguía Salcedo, que la antigua capilla doctrinal o ramada de San Pedro fue cedida a esta congregación, para que en ella realicen sus ejercicios espirituales (distribuciones y retiros).


En noviembre de 1885, con previo permiso del párroco de la iglesia y Comisario de la Orden Dr. José G. Santillán, las hermanas terciaras se abocaron, sin pérdida de tiempo, a la afiebrada tarea de recaudar los respectivos fondos para la reconstrucción de la capilla doctrinal o ramada de San Pedro, que por aquellos años se encontraba arruinada y en total abandono. Esto debido, en gran parte, como consecuencia de los copiosos aguaceros e inundaciones que trajera consigo la cíclica presencia, en nuestro litoral, del fenómeno de El Niño, catalogados del tipo “muy fuerte”, de los aciagos veranos de 1871 y 1878.

Con la colecta de limosnas, como las realizadas, en las puertas de la iglesia matriz, para el novenario del Corpus Christi, en junio de 1886. Sorteos, como el de noviembre del mismo año, en que se sortearon “cuatro mil números a razón de un sol billete cada uno”, siendo el primer premio, de mil soles; el segundo, de cien soles; el tercero, de cincuenta soles y el cuarto, de diez soles, tal y como consta en el Libro de Actas anteriormente citado. Deducidos los gastos el sobrante quedaría para proseguir con la refacción de la capilla. La rifa de objetos, tómbolas, como las efectuadas en 1887, etc. Todo esto con el solo propósito de concluir con la obra.

Ya en junio de 1877, la Ministra de la Orden, doña María del Carmen Salcedo de Leguía, había propuesto al Discretorio, solicitar, mediante escrito, al Vicario Capitular Dr. Juan de Falcón, una constancia u orden para que tenga lugar la solemne dedicación de la que fue Capilla de San Pedro a N.S.P.S. Francisco de Asís, y así poder rendir culto a su seráfico fundador.



Los argumentos sobraban, ya que eran conocidos, y reconocidos, los denodados esfuerzos y sacrificios que venían desplegando en la localidad las hermanas de esta Orden en pro de la refacción de la antigua ramada de San Pedro, que se encontraba, desde tiempo atrás, en completo abandono y a su suerte, al extremo que los mayordomos de la antigua efigie del apóstol San Pedro, que se veneraba en esta ramada, no tuvieron otro remedio que trasladarla a la iglesia matriz. Ahora se encuentra colocada en la hornacina del lado izquierdo del altar mayor de ésta iglesia.



Consultado el Comisario de la Orden y párroco de la iglesia, Dr. Santillán, manifestó:
    
    […] no ser necesario se dirigiera el Discretorio al Sr. Vicario Capitular, pues él se comprometía á hacer la dedicación y bendecirla con el título de S. Francisco de Asís”.
Mientras tanto las actividades continuaron.

Todo parece indicar que el párroco José G. Santillán no cumplió, a su debido tiempo, con el  compromiso pactado con las hermanas terciarias, en el sentido de dedicar y bendecir con el título de San Francisco de Asís a la antigua ramada de San Pedro, reedificada por dicha hermandad con el fin y sano propósito de que en ella hicieran sus ejercicios espirituales.

Esto se desprende del hecho de que tres años después, en mayo de 1890, tuvieran que elevar una solicitud, firmada por el Discretorio, al Obispo Manuel Santiago Medina, para que con su autorización la tercera orden de Lambayeque pueda servirse de la referida Capilla y dedicarla a San Francisco de Asís. Todo esto, claro está, después de haberse consultado con fray Bernardino Gonzáles, personaje que, como hemos visto, realizó la visita canónica a la hermandad en marzo del mismo año. No cabe duda que el pedido surtió el efecto deseado. Decimos esto porque es a partir de finales de 1890, en que la antigua ramada de San Pedro se comenzó a denominar “Capilla San Francisco de Asís”.

Interior de la ramada de San Pedro o Capilla San Francisco de Asís en 1963

Vista de la nave o salón de la ramada en el 2007
Vista de la nave o salón en diciembre de 2016

Otra imprecionante vista de la nave o salón de la restaurada ramada de San Pedro


El Patrimonio imaginero de la capilla

A fines del siglo XIX, la Orden Tercera de San Francisco de Lambayeque, contaba, para su culto y festividades, con una imagen de San Francisco de Asís muy antigua y deteriorada, de ahí que con parte de las limosnas que se colectaban se mandara retocar en 1889. También se le proporcionó de todo lo necesario para su culto diario, éste consistía en: […] una diadema de lata, un refajo de madera con cinco candelejas de lata y sus candeleros grandes de lata”. Para sus festividades contaba con una Cruz de cedro con Cristo de plata, un cordón, disciplina, diadema y calavera también de plata, y, por último, con un rosario con engarces y Cristo del mismo metal.

Meses después, el 29 de marzo de 1890, con motivo de la visita canónica a la hermandad realizada por el Rector de la Venerable Orden Tercera fray Bernardino Gonzáles, éste les recomendó hacer toda la economía necesaria en los gastos, para que con estos ahorros puedan adquirir una nueva efigie de San Francisco de Asís, levantar un altar en la capilla y proveerse de otros enseres.

Al no contar la Orden con los recursos necesarios para poder obtener una nueva imagen del santo titular, optaron por volverla a retocar y hacer poner vidrios trasparentes al nicho del altar donde se encontraba, y así poder conservar la antigua imagen con mayor decencia. Hasta 1892, la hermandad sólo contaba con esta efigie al interior de la reconstruída capilla. 

Es a partir del mencionado año, cuando las hermanas terciarias comienzan a preocuparse por la adquisición de una imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Advocación bajo cuya protección San Francisco había colocado todas las órdenes religiosas que había fundado, de ahí que la hermandad considerara una obligación el rendirle culto especial en la capilla. En consecuencia  […] se procedió a una erogación para conseguir la imagen anhelada”. (Sesión extraordinaria. Viernes 9 de octubre de 1892).

La imagen de la Inmaculada Concepción es una talla barroca de vestir, de pie y de frente. Solamente su cabeza y las manos se encuentran realizadas en fina madera policromada y encarnada, el busto y los brazos (articulados) realizados también en madera pero sin ningún tratamiento. El resto del cuerpo ésta elaborado en textil encolado de color blanco. Los pies descalzos, la media luna y la serpiente con cabeza de un dragón de fauces abiertas y lengua extendida, elaborados en yeso policromado, por lo que su factura parece ser posterior. Posee ojos de vidrio y posiblemente data de finales del siglo XVIII, o principios del XIX, su autor es anónimo. 

Se le representa con cabellera postiza, rizada y de color castaño oscuro, cubierta por un velo de color blanco. El rostro ovalado; su semblante modesto y dulce; su frente espaciosa; sus cejas algo arqueadas, de color castaño claro; su mirada baja y un tanto hacia la izquierda; la nariz aguileña; su boca cerrada pequeña y recogida, sus labios iguales y encarnados; las mejillas sonrosadas.

Viste una larga túnica blanca y sobre esta una fina blusa de mangas largas y delantal del mismo color, ceñido al vientre por delgado cinturón de tela dorada con dos puntas sueltas al frente, signo de maternidad. Sobre su pecho un corazón fulgurante, atravesado por una espada y corona de rosas amarillas. La cubre, desde los hombros, un manto largo y abierto de color celeste oscuro con ribetes de hilos dorados. Sus vestiduras sobrepuestas hacen que, de Ella, se vean solamente las manos, el cuello y su rostro. La imagen descansa sobre una peana circular de madera. La efigie, cuyo rostro se encontraba repintado, fue restaurada con recursos proporcionados por la Parroquia de Lambayeque. Hoy la hermosa imagen engalana la hornacina principal del remozado altar mayor de la ramada.


 Imagen de la Inmaculada Concepción en la hornacina principal del altar mayor
Prosigamos.

En 1893, la hermandad recibió como obsequio un pequeño Calvario, compuesto por un Santo Cristo, la Virgen de Dolores, María Magdalena y San Juan. Todas talladas en fina madera policromada, con sus mascarillas de plomo y diminutos ojos de vidrio. Exceptuando el Crucificado, a todas ellas se les vestía con finos trajes. El nombre del donante y su autor son desconocidos.


A raíz de este significativo regalo, se hizo necesaria la construcción de un nuevo altar que albergara el grupo. El lugar elegido, para este fin, fue la capilla baptisterio. Espacio seguro, pues contaba con una puerta de madera de gruesos balaustres y vidrios trasparentes (toda pintada de color celeste). Además, como hemos visto anteriormente, el baptisterio ya no cumplía con sus funciones, pues no contaba con la pila bautismal.



Las imágenes que componían el grupo del Calvario, del que solo se conserva hasta nuestros días la pequeña efigie de la Virgen de Dolores, se encontraban por aquella época en mal estado de conservación, por lo que las hermanas decidieron  […] mandarlas retocar, pues estaban muy desaseadas” (Sesión extraordinaria del 6 de julio de 1092).



En sesión extraordinaria efectuada el día jueves 6 de enero de 1893, la hermandad acordó, por unanimidad, fabricar un nuevo altar en la capilla, para con esto poder ganar “el jubileo de la visita de los cinco altares”.



De acuerdo con la lectura de las actas, la capilla ya contaba con cinco altares a principios de 1896, todos compuestos de nichos (hornacinas) practicados en los gruesos muros de adobe, con sus respectivos altares adosados al muro y al pie de ellas.

Entre las imágenes que constituyen el patrimonio imaginero de ésta capilla se encuentran: una antigua efigie de San Antonio de Padua, en mal estado de conservación; una pequeña talla de vestir de la Virgen de Dolores, de finales del siglo XVII; un Cristo de madera policromada, mascarilla de plomo y ojos de vidrio, de mediados del siglo XIX; una talla de Cristo Pobre, de madera policromada, mascarilla de plomo y ojos de vidrio, al parecer también de mediados del siglo XIX; la imagen de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, de finales del siglo XIX, y la imagen de Nuestra Señora del Carmen, de mediados del siglo XIX. Un Ángel lamparero, pequeña talla de madera policromada y ojos de vidrio, de claro origen quiteño, data de finales del siglo XVIII, su autor es desconocido. El Ángel viste indumentaria militar de fines del siglo XV, con pectoral cubierto de pan de plata y pintado de verde (achinado), con aplicaciones en pan de oro, pequeño manto recogido, faldellín y calza borceguíes.


Las imágenes de San Francisco de Asís, San Antonio de Padua y Santa Clara de Asís, de principios del siglo XX, además de las de San José con el Niño, de mediados del siglo XX. Todas ellas realizadas en yeso y policromado.


Cristo Pobre
La Vrgen de Dolores


Cristo Crucificado
 
San Francisco de Asís

Ángel lamparero

Bibliografía consultada




CASTAÑEDA MURGA, Juan – ESPINOZA CÓRDOVA, María del Carmen – PIMENTEL CARRANZA, Eduardo O. P.  
2015. Templos virreinales de los valles de Lambayeque. Universidad San Martín de Porres (USMP). Fondo Editorial. Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología. Lima.



CHIRINOS, Haydee y ZÁRATE, Eduardo. Historia de la Construcción en Lambayeque. Periodos Prehispánico y Virreinal. Tesis para optar del grado de Maestro en Tecnología de la Construcción. Universidad Nacional de Ingeniería. Facultad de Ingeniería Civil. Sección de Postgrado. Lima – Perú 2011.

ESCOBAR ZAMALLOA, Fredy 
2009. Proyecto: Puesta en Valor de la Capilla San Francisco de Lambayeque, Provincia de Lambayeque – Lambayeque.

IQUIERDO CASTAÑEDA, Jorge
2005. La ramada de San Pedro de Lambayeque. Suplemeto Dominical del Diario "La Industria" de Chiclayo.



MENÉNDEZ RÚA, Ángel
1935. Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque. Imprenta La Gaceta. Lambayeque.

 
Documentos

Libro de Actas Nº 1 (1885 - 1896). Parroquia San Antonio de Chiclayo

Fotografía
P. Edwin Fredy Beltrán García
Guillermo Luna Lorenzo
Jorge Victor Castilla Izquierdo 
Ze Carlos Davila










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