miércoles, 15 de junio de 2022

BICENTENARIO. Generosa y Benemérita Ciudad de Lambayeque.

Estatua de la Libertad de Lambayeque

El pueblo de San Pedro de Lambayeque, antiguo partido de la extensa intendencia de Trujillo, harto de llevar las ignominiosas cadenas que por espacio de casi tres siglos su alma, mente y cuerpo ciñó, se sublevó, primero en el norte del Perú, y consiguió, de modo incruento, la tan ansiada y codiciada libertad del opresor régimen peninsular la memorable noche del 27 de diciembre de 1820.

En esa impresionante e histórica noche se arriaron, para no ser vistas jamás en estas ubérrimas tierras, los símbolos y banderas del invasor y conquistador español.

Momento culminante, impactante, que mi desaparecido y recordado padre, el mayor del ejército Jorge Elías Izquierdo Llanos (un lambayecano de corazón), estampara de su puño y letra en una estrofa, y cito:

    “¡Lambayeque! fuiste tú la primera en el Norte del Perú/ que Libertad en unánime grito dio/ rompiendo yugos y cadenas que por espacio de tres siglos el pendón de Castilla apoyó”.

Lambayeque cumplía así con un deber inapelable y se convertía, de este modo, en el crisol, ejemplo y preludio de los movimientos libertarios de las ciudades de Trujillo, Piura y Lima. Hazaña que se sellara definitivamente con las gloriosas jornadas de Junín, el 6 de agosto de 1824 y Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año.

Desde ese histórico momento, esa significativa fecha, que ha conmemorado y celebrado su primer Bicentenario (27/12/1820 – 27/12/2020), se convirtió en el icono más glorioso de su dilatada y esplendorosa historia.

Apenas consumada la jura de su independencia, el pueblo de Lambayeque envió inmediatamente cuantiosa contribución logística y pecuniaria a la revolucionaria empresa independentista.

Valiosísimo aporte a la campaña lo constituyeron también los jóvenes voluntarios lambayecanos que, desde un primer momento, fueron a engrosar las filas del emergente ejército patriota, acantonado en Huaura.

El general don José de San Martín, al encontrarse frente al disciplinado contingente lambayecano, comandado por el prócer de la independencia de Lambayeque, el entonces capitán don Pascual Saco Oliveros, exclamó lleno de emoción:

    Con estos hombres y estos auxilios se hará la independencia del Perú.

Se dice que muchos de ellos formaron la selecta escolta del ilustre general argentino.

Hijos de Lambayeque unidos a los de Piura y Trujillo, integraron la legión de bravos soldados que contribuyeron en forma decisiva a la victoriosa batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822, que dio libertad e independencia a la hermana república del Ecuador. Poco después, el 25 de agosto de ese mismo año, combatieron en Otuzco cargando exitosamente a caballo contra la sorprendida caballería realista.

Fueron también hijos de esta “santa tierra”, unidos a sus congéneres de Chiclayo Ferreñafe, San Pedro de Lloc, Pacasmayo, los que regaron con su sangre los campos de Junín. Histórica jornada donde quedó demostrado que nada era superior a la entrega y valor de estos “huerequeques” a caballo.

Es por todo ello y más, que de una u otra forma la vieja Yampallec o Ñampagic, de tiempos tan remotos que hasta el momento nadie puede expresar con meridiana claridad; el otrora opulento y señorial pueblo de San Pedro de Lambayeque, de los siglos XVII y XVIII, celebra en esta fecha, con cívica y patriótica emoción, el primer Bicentenario del merecido, inolvidable e  histórico momento en que, por sus denodados esfuerzos en pro de la independencia del Perú, fuera elevado, mediante un Decreto provisional, al rango de “Ciudad” y se le otorgara, además, el honroso galardón de “Generosa y Benemérita”, el 15 de junio de 1822.

Decreto ratificado por el Primer Congreso Constituyente del Perú, el 18 de diciembre de ese mismo año. Reconociendo, este cuerpo legislativo, que “Lambayeque había dado el ejemplo a los demás pueblos del departamento de Trujillo, en la proclamación de la patria independiente”, tal y como literalmente consta en el citado instrumento.

Han pasado dos siglos de la obtención de aquel histórico Decreto, que le valiera a esta ciudad, cuna del huerequeque, caciques, pachacas, mandones y mandoncillos, los honrosos títulos a que hemos hecho mención. Todo esto, repetimos, por su espontaneo, valeroso e innegable. aporte a la campaña final de la independencia nacional.

No cabe duda, que esta histórica fecha constituye también otro de los destacados acontecimientos en la dilatada y por momentos critica historia de esta sugestiva comarca lambayecana de pasado esplendoroso.

Y no nos quepa la menor duda también, que deben haber sido momentos de intensa emoción patriótica los vividos en aquellos inigualables y álgidos días en la urbe de Lambayeque, que fundara el legendario y mítico Naylamp.

Para demostrarlo y teniendo como fuente principal la histórica acta que, para el efecto, el cabildo de Lambayeque suscribió, hagamos juntos una ligera remembranza de los hechos. Veamos.

Corrían los primeros días del mes de julio de 1822, el coronel Nicasio Ramallo ejercía el cargo de gobernador político y militar del pueblo de San Pedro de Lambayeque, en reemplazo del sargento mayor don Juan del Carmen Casós Barrionuevo. Ramallo, de nacionalidad argentina, había arribado al Perú, con el grado de teniente coronel, en la Expedición Libertadora del Sur comandada por el ilustre general argentino don José de San Martín y Matorras.

Precisamente el día 5, del citado mes y año, el aludido gobernador se había enterado, por correo, de la llegada de importantes documentos enviados por el Supremo Gobierno a través del despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores. Inmediatamente, Ramallo, envió sendas esquelas de invitación a los miembros de la corporación edilicia lambayecana, con el objeto de que sin pérdida de tiempo se constituyeran, al siguiente día, a la sede del cabildo, y, en sesión extraordinaria, se diera cuenta del contenido de aquella documentación. 

Efectivamente, el acto se verifico en horas de la mañana del 6 de julio de 1822. Por la premura del tiempo hubo ausencia de algunos pocos cabildantes, Así y todo, estuvieron presentes, además del gobernador político y militar, los señores Santiago Leguía, alcalde de primera nominación; don Miguel Callo, regidor vice-regente del de segunda nominación; don Manuel Navarrete, don José María Costa, don José Antonio Burgos, el procurador sindico don Antonio Carrión y el secretario.

Siguiendo el procedimiento de rigor, que para estos casos exigía el reglamento, el procurador síndico hizo la presentación de los pliegos remitidos por el Supremo Gobierno a los miembros de la corporación allí reunidos. Seguidamente el alcalde procedió a abrirlos y enterar a los cabildantes de su contenido.

Nos imaginamos cual sería la sorpresa y la indescriptible emoción que embargó a los presentes al saber, por la lectura de una nota fechada el 16 de junio de 1822, en la que se adjuntaba un ejemplar del decreto inserto en la “Gaceta Ministerial”, del 15 de junio de 1822, por el que al pueblo de Lambayeque se le concedía el título provisional de Ciudad y el honroso blasón de Generosa y Benemérita, por ser una de las primeras […] que proclamaron su adhesión a la causa continental”, y por los caros servicios que ininterrumpidamente venía prestando a la campaña final de la independencia nacional.

El histórico Decreto, del 15 de junio de 1822 (emitido veintiún días después de la victoriosa batalla de Pichincha 24/5/1822), estaba refrendado por el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores don Bernardo Monteagudo (de nacionalidad argentina), por orden del Supremo Delegado don José Bernardo de Tagle y Portocarrero, natural de Lima y IV Marqués de Torre Tagle.

Fueron tales las muestras de regocijo en el viejo recinto consistorial, que los presentes, al tomar cada uno el uso de la palabra, no dudaron en manifestar, en altas e inteligibles voces, los mayores sentimientos de gratitud al Supremo Gobierno del estado. Con la expedición de este Decreto veían, en gran medida, satisfechos los denodados e ingentes sacrificios que venía realizando el antiguo, ubérrimo e importante, partido de Lambayeque, en aras de la anhelada libertad.

La algarabía llegó a su punto máximo, cuando uno de los cabildantes propuso al pleno, que en eterna gratitud al dignísimo “Protector Excmo. Sr. Don José de San Martín”, el pueblo de Lambayeque debería, en adelante, titularse: generosa y benemérita ciudad de San Martín de Lambayeque. La corporación, por unanimidad, tomo como suyo el pedido, y en uso de sus facultades acordó elevar - a vuelta de correo - al Excmo. Supremo Delegado se sirva aprobar esta manifestación de la recomendable Lambayeque, por su gratitud al Héroe Libertador del Perú, tal y consta en el acta que para el efecto se suscribió. Sin embargo, como es obvio, el pedido no llego a cristalizarse.

Han pasado exactamente 200 años de la promulgación de este histórico Decreto, que, sin duda, constituye una fecha que hoy, los lambayecanos de cuna y adopción, debemos recordar con unción patriótica.

Recordemos también, de paso y de nuevo, que el Decreto provisional, anteriormente citado, fue confirmado el 18 de diciembre del mismo año, por la Suprema Junta Gubernativa del Perú, […] atendiendo a los auxilios que prestó al Ejército Libertador antes y después de su ingreso a esta capital, y al ejemplo que dio a los demás pueblos de aquel Departamento en la proclamación de la independencia.”

La Junta Gubernativa del Perú, fue un cuerpo colegiado que se hizo cargo del poder ejecutivo tras la renuncia del general José de San Martín, hasta entonces Protector del Perú. Fue creada el 21 de septiembre de 1822 por el primer Congreso Constituyente del Perú.

Los miembros de la Junta fueron escogidos de entre los diputados del mismo Congreso y fueron los siguientes: José de La Mar (presidente), Felipe Antonio Alvarado y Manuel Salazar y Baquíjano, conde de Vista Florida. Estos personajes fueron los que firmaron el Decreto confirmatorio antes mencionado.

Para terminar, debemos acotar: que además de conmemorarse en esta fecha el Bicentenario de la justa elevación del pueblo de Lambayeque al rango de “Ciudad” y otorgársele el honroso título de “Generosa y Benemérita”, se celebra también un aniversario más de la importante feria y evento denominado: “Día de la Gastronomía Lambayecana”. Que el 15 de junio, de cada año, y en recuerdo a esta histórica fecha, se realiza en esta ciudad a propuesta de la “Asociación Lambayecana de Gastronomía”, creada en 2018, en su tenaz lucha porque esta región sea considerada “Capital de la Gastronomía Nacional”. La feria y el evento gastronómico, fue respaldada mediante Resolución emitida en 2019, por el Municipalidad Provincial de Lambayeque, que presidía, en su momento, el burgomaestre lambayecano ingeniero Alexander Rodríguez Alvarado.



APÉNDICE

 

Acta de proclamación de la independencia de Lambayeque

27 de diciembre de 1820

 

    “En el pueblo de Lambayeque, a las diez de la noche del día de hoy, veintisiete de diciembre de mil ochocientos vente, y primero de la independencia de este pueblo, los señores doctor don Pedro Antonio López y Vidaurre, alcalde de primera nominación y abogado de la audiencia nacional del distrito; don Melchor Sevilla, alcalde de segunda nominación y teniente del escuadrón (de milicias) de Pacasmayo; los regidores, Dr. D. José maría Muga, alguacil mayor y subteniente del regimiento de infantería de milicias de este pueblo; don José Manuel Poemape, depositario de la caja de propios; don Eugenio Crisanto Yerren; don Valentín Mondragón, subteniente de milicias de infantería de este partido y alcalde provincial, don Pedro Yuyas; los síndicos procuradores Mariano Quesada y don Hilario Gil – que componen el primer ayuntamiento de esta población – se han reunido los señores susodichos en hora imtempestiva (sic) y en la casa del señor alcalde de segunda nominación don Melchor Sevilla, por graves varias razones, siendo entre ellas, la que más ha obligado a esta Junta, extraordinaria en tiempo y lugar, eludir el continuo espionaje y las trabas que, por ser español europeo el subdelegado presidente (Manuel Jacinto Romero) podría oponer a las miras beneficiosas de esta corporación, si se reuniese en la casa consistorial; resolvieron cautelarlo todo del modo expresado y, en su consecuencia, después de haber hecho presentes las diversas cartas del Excmo. Sr. D. José de San Martín, general del Ejército Libertador del Perú, escritas a varios individuos de este cuerpo, y conferenciado muy detenidamente sobre el espíritu de todos sus capítulos; e igualmente después de haber balanceado la justicia de la causa que defiende, por cortejo de sus papeles públicos, superiores en todo a los buenos conceptos de los papeles de lima; convencidos, en mérito de todo, de la buena causa que defienden las armas patrióticas, de cada uno anticipadamente estaba persuadido; y tratando de dar ejemplo a los demás cabildos de esta provincia, adicto al sano sistema de la libertad e independencia de la América del gobierno español, a que desgraciadamente ha estado sujeta hasta el día, por el duro sistema colonial, deseando romper las cadenas opresoras de tan ignominiosa esclavitud – por un rasgo generosos y unido de la libre y espontánea voluntad de este ilustre cuerpo – ha resuelto jurar, como de facto jura, la independencia absoluta del gobierno español, por sí y a nombre de toda esta población a quien representa, satisfecho, hasta la evidencia, de ser este voto común, subordinándose totalmente al sistema de constitución y leyes que el gobierno supremo de la Patria estableciere para el arreglo, buen orden y felicidad de todos sus hijos nacidos en esta América, protestando ante Dios, y la faz de todo el universo, sostener y defender, con sus vidas y haciendas, la santa religión que profesa, los códigos y las leyes que en lo presente y futuro dictare la Patria para el mejor orden y régimen de sus pueblos, previniendo que, si este juramento no lo hace con todas las demostraciones y solemnidad que desea este cuerpo, y el modo público que correspondería, no es por otra causa que la de evitar el escándalo de las opiniones de los jefes militares de esta población, que juzgan poder contrariar sus votos y juramentos, en mérito del total recato y falta de noticia de este ayuntamiento, conque ha procedido hasta el día el señor comandante militar, acerca de cuanto se le ha comunicado de oficio sobre el estado de los negocios públicos; para cuya constancia así lo dijeron y firmaron, previniendo que, sacándose copia certificada de esta acta, se remita, en tiempo oportuno, al Excmo. Sr. Capitán general y en jefe del Ejército Libertador, para su superior satisfacción, siendo del resorte de esta corporación el manifestar – variadas las circunstancias – de un modo solemne y público, sus sentimientos patrióticos, en celebridad del día feliz en que ha recuperado el Perú la antigua libertad en que fué creado por el Eterno, de que certificamos.- Firmados: - Dr. Pedro Antonio López y Vidaurre.- Melchor Sevilla. – José María Muga.- Eugenio Crisanto Yerrén.- José Manuel Puémape.- Pedro Yuyas.- Valentín Mondragón.- Dr. Mariano Quesada.- Hilario Gil.- Ante mí; José Manuel Otiniano, secretario patriótico”. 


ACTA DEL CABILDO DE LAMBAYEQUE

6 DE JULIO DE 1822


En esta benemérita y generosa ciudad de Lambayeque, a los seis días del mes de julio de mil ochocientos veintidós, tercero de su libertad e independencia, junta y congregada esta ilustre municipalidad en la sala consistorial, compuesta dicha corporación de los señores don Nicasio Ramallo, gobernador político y militar de este partido, etc.; el señor don Santiago Leguía, alcalde de primera nominación; don José Manuel Callo, regidor vice-regente del de segundo¸ don Manuel Navarrete, don José María Costa, don José Antonio Burgos y el procurador síndico don Antonio Carrión, con el objeto de abrir los pliegos que en este presente correo ha recibido del Supremo Gobierno por el Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores, a cuyo efecto se ha celebrado este extraordinario; y habiéndose presentado en él por el procurador síndico los expresados pliegos, los que, abiertos por el señor presidente, se encontró la nota del señor ministro de Estado D. Bernardo Monteagudo, con fecha dieciséis del próximo pasado junio, a la que fue adjunto un ejemplar del decreto inserto en la “Gaceta Ministerial”, N°. 48, tomo II, por el que el Supremo Gobierno del Estado se ha servido conceder el título de ciudad a esta capital de Lambayeque, con el renombre de “generosa y benemérita”, cuyo tenor es como sigue: - Ministerio de Estado. – Los procuradores de la ciudad de Lambayeque han elevado al Supremo Gobierno una representación, exponiendo los interesantes servicios de aquel partido, a la causa pública, especialmente mientras el Ejército Libertador fundaba casi toda su subsistencia en los recursos de la costa del Norte. Entre los notables servicios de aquel vecindario, no es justo olvidar que fue uno de los primeros que proclamaron su adhesión a la causa continental, y que ha acreditado, desde entonces con no interrumpidos sacrificios – Su heroico patriotismo, la importancia de su población, y el interés que resultará al Estado de sus adelantamientos, añaden doble razón a la exposición de los procuradores de Lambayeque; y, guiado el gobierno por sentimientos de justicia, ha resuelto lo que sigue: 

    El Supremo Delegado. – Ha acordado y decreta: - 1°. Se expedirá el título provisional de Ciudad a la capital del partido de Lambayeque, con el renombre de generosa y benemérita. – 2°. Se establecerá una escuela de primeras letras, con la dotación de trescientos pesos de los fondos de aquella municipalidad, y con sujeción a las variaciones que exija el plan de instrucción pública, luego que las circunstancias permitan realizarlo. El ministro de Estado queda encargado de presentar este decreto al Poder legislativo, para su sanción. -  dado en el palacio del Supremo Gobierno, Lima, a quince de junio de mil ochocientos veintidós. – 3° Firmado: Trujillo. – Por Orden de S. E., Bernardo Monteagudo. –

En este acto, la ilustre corporación y cada uno de sus individuos manifestaron los mayores sentimientos de gratitud al Supremo Gobierno del Estado por la gracia concedida a esta benemérita población, a quien representan, viendo recompensados, por esta primera vez, los ingentes sacrificios y patrióticos sentimientos de esta población, que, entre los ominosos compromisos de la dominación española, levanto con energía la voz, por su decisión a la sagrada causa de nuestra independencia; ofreciendo cada uno de los dichos señores el continuar personalmente, y avivar entre los demás individuos de esta población el fuego patriótico que han manifestado siempre en sus corazones para seguir las banderas de la madre patria, y exponer sus personas y sus vidas, hasta conseguir la extinción de las últimas reliquias de la opresión, y prestar los auxilios necesarios a tan sagrado fin; determinando, por último, se diesen las gracias al Supremo Gobierno, por la correspondiente nota, a nombre de la Municipalidad – En consecuencia, determino la misma corporación que, para la eterna memoria del reconocimiento en que el Perú, en general, y cada una de sus provincias y partidos en particular, deben, al Excmo. Sr. Don José de San Martín, dignísimo Protector, por las fatigas y empeño que le ha costado la independencia e independencia del Estado, usará de una de sus atribuciones, agregando, al renombre de generosa y benemérita, la expresión de San Martín, debiendo, por esto, titularse esta población: la generosa y benemérita ciudad de San Martín de Lambayeque, para cuya confirmación debía suplicarle al Excmo. Supremo delegado se sirva aprobar esta manifestación de la recomendable Lambayeque, por su gratitud al Héroe Libertador del Perú. – Para cuya constancia, y encargando antes a este gobierno * la orden de los regocijos públicos que puedan efectuarse, en consideración a las circunstancias de la población, y a las de hallarse nuestro ejército entre las angustias de procurar exterminar las últimas reliquias de nuestra opresión; firmaron los expresados señores que se hallaron presentes, no habiendo asistido los demás, por ausencia de unos y enfermedad de otros, de que certifico. – Nicasio Ramallo. - Santiago Leguía. - José Manuel Callo. – Manuel Navarrete. – José María Costa. – José Antonio Burgos. – Antonio Carrión. – Francisco Pozo, secretario.

    


Decreto del 15 de junio de 1822


El Supremo Delegado. – Ha acordado y decreta: - 1°. Se expedirá el título provisional de Ciudad a la capital del partido de Lambayeque, con el renombre de generosa y benemérita. – 2°. Se establecerá una escuela de primeras letras, con la dotación de trescientos pesos de los fondos de aquella municipalidad, y con sujeción a las variaciones que exija el plan de instrucción pública, luego que las circunstancias permitan realizarlo. El ministro de Estado queda encargado de presentar este decreto al Poder legislativo, para su sanción. -  dado en el palacio del Supremo Gobierno, Lima, a quince de junio de mil ochocientos veintidós. – 3° Firmado: Trujillo. – Por Orden de S. E., Bernardo Monteagudo. –

 


Decreto del 18 de diciembre de 1822


La Suprema Junta Gubernativa del Perú, comisionada por el Soberano Congreso Constituyente – Por cuanto el mismo ha declarado lo siguiente:

    El Congreso Constituyente, atendiendo a los auxilios que prestó al Ejército, antes y después de su ingreso a esta capital, y al ejemplo que dio a los demás pueblos de aquel departamento en la proclamación de la independencia, la población de Lambayeque, partido de ese nombre – Ha venido en decretar y decreta – Que confirman el título provisional de ciudad a la población de Lambayeque, con el renombre de generosa y benemérita, que se le expidió, en 15 de junio de este año, por el Gobierno provisorio. – Tendréislo entendido, y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular. – Dado en la casa del Congreso, en Lima, a dieciocho de diciembre de 1822. – 3° de la Independencia. – 1° de la República – Juan Antonio Andueza, presidente. – Gregorio Luna, diputado secretario. – Por tanto, ejecútese, guárdese y cúmplase en todas sus partes por quien convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el secretario de su despacho en el departamento de Gobierno. – Dado en el palacio de la Junta Gubernativa, en Lima, a los dieciocho días de diciembre de mil ochocientos veintidós. – 3°José de la Mar. – Felipe Antonio Alvarado. - El Conde de Vista Florida. – Por orden de S. E.- Francisco Valdivieso.


Fotografía

Guillermo Luna Lorenzo (Memo Luna).

 

 

 

    

lunes, 6 de junio de 2022

La efigie de Cristo Pobre. Una joya del arte virreinal en la Iglesia San Pedro de Lambayeque.

 

Magnifica talla barroca de Cristo Pobre (Meno Luna, 2019)

Obra de excelente calidad artística de finales del siglo XVIII, realizada en fina madera policromada, de aproximadamente 1.25 m. de altura, ojos de vidrio o cristal y sudario de tela encolada. Por el momento, y dadas sus peculiares características, podemos deducir que esta lograda talla fue realizada en los famosos talleres artísticos de Quito.

La efigie se encuentra colocada en la hornacina de la calle del lado izquierdo del primer cuerpo del retablo rococó de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en la nave del Evangelio de la iglesia San Pedro de la generosa y benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque

Lamentablemente, como sucede con la mayoría de efigies o imágenes dieciochescas que se encuentran al interior de esta monumental iglesia, no nos es posible dar con el artífice de esta magnífica talla barroca, considerada por los especialistas como una joya del arte virreinal. Todo esto. por la falta o escasez de conciertos de obra o papelería afín, en los archivos públicos y eclesiásticos de nuestra región.

Cristo Pobre. Hornacina del retablo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Nave del Evangelio. Iglesia San Pedro de Lambayeque (Memo Luna, 2010).

Sin embargo, en uno de los viajes que realizáramos, en la década de los 90s del pasado siglo, a la ciudad de Trujillo, con el objeto de investigar en los fondos que se custodian en el Archivo Regional de la Libertad (ARL), logramos ubicar un antiguo expedientillo de apenas cuatro folios, que a la letra decía: 24 de mayo de 1874.- Lambayeque. Don Manuel Albújar y Antonio Farro, indios y vecinos del pueblo de Lambayeque; sobre se les conceda licencia para la colocación de la efigie del Señor Christo Pobre, mantener su devoción y pedir sus respectivas limosnas para los gastos del Culto (sic). El expediente concluyó el 27 de febrero de 1785.

Los, hasta ese momento, inéditos datos que sobre parte de su proceso vital rescatamos, del citado archivo, los publicamos en el primer ejemplar de la revista o Boletín de Historia y Turismo "Ñampagic", aparecido en abril de 1999. bajo la dirección de Carlos Roncal Pretell y el que suscribe. Posteriormente, bajo el titulo "Una Joya del arte virreinal en Lambayeque, se publicó en el Suplemento Dominical del Diario “La Industria” de Chiclayo, el 12 de octubre de 2008. Los pormenores que daremos a conocer se basan, sobre todo, en dichos artículos. Veamos.  

El 24 de mayo de 1784, don Manuel Albújar y don Antonio Farro, indios originarios del pueblo de San Pedro de Lambayeque y por el apelativo de “don” principales en éste, pedían licencia al señor Obispo de Trujillo, Baltazar Jaime Martínez de Compañón, para poder colocar en la Iglesia Matriz de Lambayeque una efigie del Señor Cristo Pobre, que decían: estaban “a sus expensas costeando”.       

De paso solicitaban al Obispo les permitiese pedir limosna, para cubrir los gastos que demandaría “el mejor culto y veneración de dicha soberana efigie” y, con el tiempo, poder formar también una cofradía. Todo esto, decían, mientras se concluía la “obra del Colegio”, lugar donde Albújar y Farro habían determinado colocar la “sagrada efigie”.

El aludido Colegio, no fue otro que el denominado “Seminario de Operarios Eclesiásticos El Salvador”, de cuya existencia no queda huella alguna en la memoria de los actuales habitantes de esta generosa y benemérita ciudad, ya que, a las finales, tuvo una existencia efímera. Parece que su construcción se inició en 1785, a iniciativa del mismo obispo Martínez de Compañón, pero la nefasta presencia del recurrente fenómeno “El Niño”, muy fuerte, que asoló sin piedad nuestro litoral en el verano de 1791, trajo por los suelos las magníficas estructuras de este impresionante edificio, estando algunas de ellas aún por concluirse.

En un artículo publicado en el Suplemento Dominical del Diario “La Industria” de Chiclayo, en marzo de 2007, y que insertáramos también en este Blog “Lambayeque Camino al Bicentenario”, bajo el título: “Las calles originarias de Lambayeque”, hacemos referencia a la “calle del colegio”, que, con el tiempo, a partir de 1809, se le comenzó a llamar calle “del antiguo colegio” o " del desolado colegio". Desde finales del siglo XIX, se le comenzó a denominar como calle "del Mercado" o "de la Plaza".

Esta arteria es hoy la cuadra N.º 01 de la actual calle “Miguel Grau”. Esta es pues la cuadra que en algún momento albergara el “Colegio Seminario de Operarios Eclesiásticos El Salvador” de Lambayeque, y también es la cuadra donde se construyera y ubicara el antiguo mercado de abastos de Lambayeque, que fuera reconstruido en 1926, por la Comisión de Irrigación de Piura y Olmos a cargo del ingeniero norteamericano Charles Sutton. Actualmente en este terreno y en esta cuadra se levanta la moderna Biblioteca “Emiliano Niño Pastor” de esta ciudad.

Prosigamos. A los pocos días de haber efectuado su petición, Albújar y Farro, recibieron la contestación felizmente afirmativa del obispo, tanto para la colocación de la “efigie” en la iglesia, como para la “colectación” de limosnas, pero con la salvedad, ordenaba el Obispo, que “estas sólo se pidiesen dentro de la Iglesia”, de ninguna manera fuera de ésta y solamente de los fieles que a ella concurriesen, “sin interrumpirlos en sus oraciones y sacrificios”. De velar por el fiel cumplimiento de este superior mandato, se hacía responsable, manifestaba el Obispo, el Vicario de la ramada o capilla doctrinal de San Roque de Lambayeque, Licenciado don Matías de Soto y Soraluce.   

En vista del anterior decreto, Albújar pidió, el 12 de febrero de 1785, facultad para colocar la imagen del Señor Cristo Pobre en la iglesia Matriz, insistiendo nuevamente, en su calidad de mayordomo de la “soberana imagen”, el pedir limosna libremente, tanto dentro de la “Iglesia como en las calles de este pueblo”, de paso, agregaba, otra vez, era su deseo el fundarle una cofradía.  

Tres días después el vicario Matías de Soto y Soraluce, le hacía recordar que el decreto concedido por el obispo, sólo le otorgaba la facultad de “exigir limosna dentro de la Iglesia y de ninguna manera fuera de ella”, advirtiéndole además que estaba prevenido “por las leyes veinte y cinco, título quarto y segundo, título veinte y uno libro primero de las Municipalidades” (sic), que no se funden cofradías sin expresa licencia del Rey y autoridad del Prelado Eclesiástico, “ni se pidan limosnas en los pueblos de indios sin las de estos y las de las respectivas Audiencias”. El vicario le manifestaba también, al inquieto mayordomo Albújar, que todavía no tenía permiso para fundar una cofradía, y que por el momento sólo colocase la imagen en la iglesia.   

Detalle del rostro del Señor Cristo Pobre

Por todo lo mencionado se desprende que esta joya del arte virreinal en el norte del Perú, que para el pueblo católico de Lambayeque representa la imagen del Señor Cristo Pobre, fue trasladada a la iglesia San Pedro de Lambayeque en febrero de 1785, Costearon su fábrica los señores Manuel Albújar y Antonio Farro, “indios vecinos de este pueblo de Lambayeque”, quienes a su vez fueron también sus primeros custodios o mayordomos.

Ahora bien, la lograda efigie representa a Jesús de Nazaret en uno de los momentos más dramáticos de su Pasión. Al Supremo Varón se le muestra de contextura delgada y semidesnudo. Su semblante ofrece una expresión de angustia y abandono, con la mirada hacia abajo y los parpados sombreados, la nariz recta, los pómulos acusados, la boca entreabierta mostrando claramente los dientes superiores tallados y parte de la lengua. La barba ligeramente bífida.

Se encuentra sentado sobre una silla de madera de moderna factura y dorada con purpurina, asiento de pana color rojo. Las piernas cruzadas, el pie izquierdo descansa sobre un cojín forrado en tela de pana color rojo. La cabeza y el tórax ligeramente hacia delante y ladeados hacia el lado derecho del cuerpo. La cabeza, ligeramente inclinada hacia la derecha, descansa sobre la mano del brazo derecho, cuyo codo se asienta en la pierna del mismo lado. El brazo izquierdo cruzado descansa sobre la pierna derecha. En fin, se trata de un Varón de carnaciones claras, con visibles heridas en ambas rodillas, hombros y espalda, producto de la inclemente flagelación.

Cristo Pobre

La magnifica efigie, constituye uno de los pasos en la tradicional procesión de Viernes Santo en esta ciudad devota. Desfila cubierto con un rico manto de terciopelo rojo ricamente bordado en finos hilos dorados, tres potencias de plata a manera de aureola y una pequeña sandalia del mismo metal, colocada en su pie derecho. Toda esta rica parafernalia en manos de la señora Gema Inope de Benzaquen, quien conjuntamente con Marinely Dávila Mesta, se han encargado, desde algún tiempo atrás, del arreglo del paso para la procesión.

La imagen, arreglada y lista para desfilar en la tradicional procesión de Viernes Santo en la ciudad de Lambayeque

Debemos agregar, que últimamente se ha formado un grupo de apoyo denominado “Comité de Apoyo Cristo Pobre”, integrado por jóvenes de la localidad, su nómina la conforman las siguientes personas: Abel Yánez Aguirre, Frank Guzmán Chayan, Aliskan Ortiz Mino, Manuel Chávez Flores, José Carlos Bustamante Marroquín, Jesús Tuñoque Sernaque, Elmer Enrique Bances Inoñan, Josué Javier Jaramillo Dávila, Abigail Vilela Quispe, Annie Gabriela Tuñoque Sernaque, José Junior Gallardo Chozo. Como asesores y coordinadores la señora Gema Inope de Benzaquen y el autor de esta modesta entrega. Contando con el asesoramiento espiritual del párroco de la ciudad R.P. José Manuel Zamora. 

El autor de la nota en compañía de los jóvenes miembros del “Comité de Apoyo Cristo Pobre”

 

El paso de Cristo Pobre (Memo Luna, 2019)


 



miércoles, 1 de junio de 2022

Reconocimiento a Lambayeque

El pasado 24 de mayo del presente año, se conmemoró el Bicentenario de la gloriosa Batalla de Pichincha (24/5/1822. 24/5/2022), histórica jornada, en la que un nutrido contingente de jóvenes lambayecanos, enrolados en los batallones “Trujillo” y “Piura” de la División del Norte del ejército patriota peruano (al mando del coronel boliviano Andrés de Santa Cruz), tuvieron una destacada y decisiva participación.

A raíz de esta célebre acción de armas, desarrollada en las escabrosas y elevadas cumbres del volcán Pichincha, a cuyos pies se yergue la ciudad de Quito, el ejército independentista bajo el mando del General Venezolano Antonio José de Sucre, selló la independencia de las regiones que integraron la Real Audiencia de Quito durante los siglos coloniales y abrió el camino para formar primero parte del Distrito del Sur de la Gran Colombia y, ocho años después, separarse y constituir la República del Ecuador.

La Municipalidad Provincial de Lambayeque, el Patronato de Cultura y Turismo, La Mesa Redonda Panamericana de Lambayeque, el Comité Patriótico del Bicentenario de la Independencia del Perú (Lambayeque), La Sociedad Bolivariana filial Chiclayo y la Sociedad Patriótica Ñampagic de Lambayeque, emitieron, a través de sus respectivas redes sociales, sendos saludos de felicitación a la hermana República del Ecuador, al conmemorarse tan significativa fecha.

Pocos días después, el 27 de mayo, dizque en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Instalación del Primer Congreso Constituyente, un grupo de congresistas de la república arribaba a nuestra querida ciudad, con el objeto de develar una placa conmemorativa, tal vez donada e impuesta por ellos mismos , del Bicentenario de la instalación del Primer Congreso de la República; a la vez, y de paso, eran portadores de un “Diploma” mediante el cual el Congreso de la República reconocía la primacía del antiguo partido de San Pedro de Lambayeque, en la proclamación de la independencia política del opresor régimen peninsular en el norte del Perú.

Primer Congreso Constituyente del Perú (1822) Capilla de la Universidad San Marcos

El partido de Lambayeque, pertenecía, por aquellas épocas, a la extensa jurisdicción de la intendencia de Trujillo, que se componía de ocho partidos o provincias: Trujillo, Piura, Chachapoyas, Chota, Cajamarca, Lambayeque, Huamachuco y Pataz o Cajamarquilla. El partido de Lambayeque estuvo conformado, a su vez y en su momento, por las actuales ciudades de Lambayeque, Chiclayo, Ferreñafe, San Pedro de Lloc, Chepén y Pacasmayo.

La Estatua de la Libertad de Lambayeque

Merecido y tantas veces esperado reconocimiento, del que los pobladores de la generosa y benemérita ciudad de Lambayeque, entre los que se encuentra el que suscribe, se enteraron a través de los medios de comunicación: redes sociales, prensa escrita y la radio.

La ceremonia en que se le otorgó el “Diploma”, comprobatorio del histórico hecho, se realizó en la emblemática Plaza de Armas “27 de Diciembre”, de esta ciudad prócer.

Acto verificado cuando aún faltan, aproximadamente, 4 meses, para celebrar dicho acontecimiento, ya que como es sabido el Primer Congreso Constituyente del Perú se instaló el 20 de setiembre de 1822, en la capilla de la Universidad Mayor de San Marcos, ubicada entonces en parte del terreno que corresponde actualmente al Palacio Legislativo.

Tal vez esa precaución, tomada con anticipación por las autoridades que rigen actualmente los destinos de nuestra ciudad, esa notable falta de información al respecto, y, por ende, la nula participación de la ciudadanía lambayecana, se deba, sospechamos, a que de antemano se sabía que entre los portadores de tan grata noticia y “Diploma”, que esperemos se encuentre respaldado por su respectivo Decreto Legislativo, se encontraban, qué lástima, dos congresistas, ambos considerados, por la “voz del pueblo”, como personajes nefastos en el quehacer político de nuestro, aún, secuestrado y maltratado País; se trataba de la alucinada e impresentable presidenta del Congreso de la República María del Carmen Alva Prieto. poseedora de una afiebrada imaginación, y del congresista almirante (R) Jorge Carlos Montoya Manrique, aquél que firmara el acta de sujeción al dictador Fujimori, en presencia del traidor Montesinos, y, actualmente, el principal protagonista de diversos y divertidos memes en el Perú.

Los lambayecanos debemos recordar: que entre los miembros del Primer Congreso Constituyente convocado por el general don José de San Martín, se encontraba el Dr. Mariano Quesada y Valente, aquel coterráneo en cuya casa el “pueblo medio y bajo” del pueblo de San Pedro de Lambayeque declaró su independencia política del opresor régimen español, la madrugada del 31 de diciembre de 1820.

Nos imaginamos cual hubiera sido la reacción de este hombre de “Huevos”, en palabras del libertador San Martín en carta dirigida, en 1821, a Torre Tagle, de haberse enterado de la presencia de estos innombrables “personajes” en la Santa Tierra que lo vio nacer.

Es más, otro de los connotados miembros de este Primer Congreso Constituyente lo fue el político y magistrado Dr. Justo Modesto Figuerola y Estrada, natural también de esta ciudad. Figuerola y Estrada, ocupó la presidencia provisoria del Perú en dos ocasiones, la primera que duró solo unos días, de 15 a 19 de marzo de 1843, y la segunda, en cuyo mandato se mantuvo solo dos meses, de 10 de agosto a 7 de octubre de 1844.

Dr. Justo Modesto Figuerola y Estrada

Existen dos versiones sobre un hecho ocurrido durante el efímero primer mandato de Figuerola y estrada, nuestro ilustre paisano. La primera se la debemos a la pluma del reputado escritor romántico, costumbrista, tradicionalista, periodista y político peruano don Ricardo Palma, cuando en una de sus Tradiciones Peruanas bajo el título de “Tirar la Bandera por la ventana”, cuenta que una multitud rodeó la casa de Figuerola y Estrada, (situada en calle Plateros de San Agustín, en Lima) y le exigió renunciar a favor del coronel Manuel Ignacio de Vivanco. “Figuerola, que se hallaba ya acostado, siendo recién las seis de la tarde, ordenó a su hija política que arrojara por el balcón la banda presidencial, queriendo así demostrar su desprendimiento y a la vez para que lo dejaran tranquilo; el gentío cogió alborozado la insignia y se lo llevó a Vivanco”.

Según algunos entendidos, una versión más confiable del mencionado hecho, sería la del memorialista Santiago Távara Andrade, que recoge el mismo hecho, pero variando en el sentido que fue un mensajero, en altas horas de la noche, quien dando furiosos golpes en la puerta despertó a Figuerola para avisarle que en Palacio había revolución; el anciano, enojado, no quiso levantarse de la cama y ordenó a su hija que arrojara la banda por la ventana; no se menciona a ninguna multitud en las afueras de su casa.​

El escritor tradicionalista y ensayista peruano Carlos Camino Calderón, en su obra “El Daño”, también hace alusión a este episodio.

No cabe duda, que el Dr. Justo Modesto Figuerola y Estrada, fue otro lambayecano de “huevos”, esta vez, en palabras nuestras.

Repetimos, como se habrán revolcado de frustración e impotencia, al no poder hacer absolutamente nada al respecto, estos dos ilustres coterráneos nuestros, al “enterarse”, allá en el mundo etéreo donde moran, de la ingrata presencia de estos repudiables personajes, en la ubérrima y bendita tierra donde vieran la luz por vez primera.

Sin embargo, pese a todo, somos optimistas. Porque todavía conservamos la firme esperanza de que, tal vez, con el tiempo nos convirtamos en dignos herederos de su memoria. Ya que la brillante oportunidad de ser nosotros mismos, de erradicar nuestros seculares complejos, nuestros miedos, nuestra pasiva e infortunada tolerancia, desgraciadamente, en esta ocasión, se nos fue de las manos otra vez. Qué lástima.

El periodista lambayecano Alex Carpena Burga, en un artículo aparecido en el Diario “La Industria” de Chiclayo, el 29 de mayo del año en curso, diría, al final y al cabo: “Lambayeque nuevamente ganó y esa es la noticia que nos debe importar. Somos y seremos hijos de la ciudad “Cuna del Primer Grito Libertario en el Norte del Perú”. Eso nadie jamás lo borrará”. En otras palabras: A lo hecho, pecho. Y punto.

 

 

 

sábado, 28 de mayo de 2022

Bicentenario de la Batalla de Pichincha. 24 de mayo de 1822 – 24 de mayo de 2022

 

La batalla de Pichincha

El 24 de mayo pasado, se conmemoró el Bicentenario de la gloriosa Batalla de Pichincha. Histórica jornada que le diera perpetua libertad a la hermana republica del Ecuador.

En esta acción de armas, desarrollada en las abruptas breñas del emblemático volcán Pichincha, a más de tres mil metros sobre el nivel del mar, los habitantes que poblaban, por aquella época, la ciudad de Quito, ubicada justamente a sus pies, fueron testigos de este histórico hecho de hondo significado para la vida del Ecuador y la América toda.

En esta oportunidad, los valerosos soldados patriotas, pertenecientes a los pueblos unidos que se extendían por todo un continente (desde el rio Orinoco (Venezuela) hasta el Plata (Buenos Aires, Argentina), fusionados en un convergente y noble anhelo, y comandados por el general Antonio José de Sucre, sellaron, con su denodado esfuerzo y su bendita sangre, el triunfo definitivo ante las tropas del Rey, dirigidas por el mariscal Melchor de Aymerich y Villajuana.

En su obra “Historia General de la República”, el sacerdote jesuita e historiador peruano Rubén Vargas Ugarte, nos dice que fue tan destacada y decisiva esta acción: “que mediante ésta todo el Ecuador quedó libre de la dominación española”. 

Nada más cierto. La derrota de las tropas realistas en el Pichincha, consolidó la independencia de las regiones que integraron la Real Audiencia de Quito durante los siglos coloniales y abrió el camino para formar primero parte del Distrito del Sur de la Gran Colombia y, ocho años después, separarse y constituir la República del Ecuador.

Allí, en las escabrosas faldas y laderas del Pichincha, estuvieron presentes: los bravos de Venezuela, los de Nueva Granada, los del Ecuador, los del Perú, los de la futura Bolivia, los de Chile y los de la Argentina, y con ellos los foráneos soldados del batallón “Albión”, creado por el libertador Simón Bolívar, y compuesto en su mayoría por militares británicos e irlandeses, amén, de franceses y españoles disidentes. Cabe destacar también la valerosa acción del coronel Cayetano Cestari Barbieri, de nacionalidad italiana. En fin, una verdadera legión internacional; mancomunada, como un puño, en un solo objetivo, la ansiada Libertad.

Debemos tener siempre presente, que a esta histórica jornada asistieron, integrando los batallones peruanos y teniendo como comandante en jefe de la División del Perú al general boliviano Andrés de Santa Cruz, hijos de Piura, Trujillo, Lambayeque, Chiclayo, Ferreñafe y San Pedro de Lloc, este último, perteneciente, por aquel entonces, al partido de Lambayeque.

La correspondencia fue siempre fluida, y a la vez, soterrada, entre los patriotas lambayecanos, piuranos, tumbesinos y guayaquileños, desde mucho antes que la Expedición Libertadora del Sur, al mando del general José de San Martín, desembarcara en la bahía de Paracas el 8 de septiembre de 1820. El tráfico comercial marítimo, entre estos pueblos hermanos, facilitaba, qué duda cabe, la tarea.

El Diario de Operaciones del Ejército Libertador, del entonces coronel argentino Juan Gualberto Gregorio de Las Heras de la Gacha, conocido simplemente como Gregorio de las Heras, nos da pie para sostener lo que hemos expresado anteriormente. Pero lo que también es cierto, lo que está fuera de dudas, es que el carteo entre los patriotas del norte del Perú y el general San Martín, se intensifico, significativamente, a raíz de su arribo al Perú.

A casi tres meses del desembarco de la Expedición Libertadora, esto es, el 2 de diciembre de 1820, el coronel Gregorio de las Heras, anotaba en su Diario:

    “Esta mañana se han recibido pliegos de Huacho, en que avisan la llegada de una goleta inglesa cargada de víveres. Su procedencia: de Pacasmayo hasta el bloqueo del Callao y de allí a Huacho. Su capitán avisa que trae comunicados muy interesantes de los patriotas de Lambayeque para el General, como asimismo de nuestra Escuadra bloqueadora, y pide permiso para presentarse en este Cuartel General” (Ob. cit., 1972: 518).

Al día siguiente, 3 de diciembre, el citado coronel, daba cuenta: que la anteriormente citada goleta traía también la noticia:

    […] de que en Guayaquil quisieron los europeos hacer una contra revolución, pero que no pudieron lograrlo, habiendo muerto algunos de ellos, y que los restantes habían llegado en huida hasta Lambayeque, como unos 12, desde donde los había obligado a salir el vecindario.”

Y terminaba manifestando: que los patriotas de Lambayeque “pedían, instrucciones al General San Martín. (Ibid., 519, 520).

Desde siempre se ha dicho que la efervescencia revolucionaria había calado hondo en la mente de buena parte de los habitantes del pueblo de San Pedro de Lambayeque, este solo hecho lo demuestra. Ya que informados de que, días antes, en el mes de noviembre, el general Carlos Tolrá había realizado una expedición contra la plaza de Guayaquil, que fue rotundamente rechazada, optaron, al tener rápido aviso de la presencia, en Lambayeque, de estos contrarrevolucionarios, por desterrarlos inmediatamente.                              

Interesantísimo dato, que no hace más que avalar los trabajos que en aras de su independencia política del anacrónico y opresor régimen español, venían realizado, clandestinamente y desde tiempo atrás, los jóvenes separatistas lambayecanos, afiliados o no a la Sociedad secreta o “Logia”, con sede en este pueblo.

El informe remitido, el 6 de mayo de 1851, por el prócer de la independencia de Lambayeque Juan Manuel Iturregui Aguilarte, sobre los servicios prestados por el prócer de la independencia de Lambayeque coronel Pascual Saco Oliveros, constituye, también, otro claro ejemplo de que el pueblo de Lambayeque, mejor, el partido del mismo nombre, estaba dispuesto a enarbolar las banderas de la libertad apenas la ocasión se lo permitiese. Y ésta se presentó, cuando el general San Martín puso pie en nuestras playas.

En el citado informe se puede leer lo siguiente: […] los individuos del club (se refiere a la Sociedad secreta que el mismo Iturregui fundó en Lambayeque), cuyo número a este tiempo se había aumentado notablemente, resolvimos que el 12 de diciembre de 1820 se procediese al pronunciamiento…”, ósea a la jura de la independencia. (Miranda Romero, 1927: 42). (El subrayado es nuestro).

Como es bien sabido, el pueblo de Lambayeque, proclamó su independencia, exitosa, del poder peninsular, la memorable noche del 27 de diciembre de 1820, quince días después de la fecha fijada de antemano. La causa principal: evitar un inútil derramamiento de sangre. Tal y como aconteció en el incruento pronunciamiento por la libertad efectuado en Guayaquil o Santiago de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820.

Ahora bien, de los atropellos cometidas en Cuenca (Ecuador), por las huestes realistas del coronel González, estaban bien informados los patriotas de Lambayeque. Todo esto, repetimos, debido a la nutrida correspondencia epistolar que mantenían, algunos de los miembros de la Sociedad secreta, con sus amigos residentes en la ciudad de Piura.

Una palpable muestra de ello, lo constituye la carta dirigida por el lambayecano Miguel Blanco y Vélez, a don Gerónimo Seminario y Jaime, prócer de la independencia de Piura, fechada el 18 de enero de 1821, en la que, entre otras cosas, le manifestaba que el contenido de la misiva enviada por él, Seminario y Jaime, el 7 de enero del mismo año, había sido comunicada, por Blanco y Vélez, a sus compatriotas en Lambayeque […] quienes de común acuerdo conmigo sentimos en el alma la opresión en que se halla la infeliz Cuenca dominada por el tirano Gonzáles…”. Más adelante, Blanco y Vélez, premonitoriamente, agregaba:

    “Por un sujeto procedente de Guayaquil, que llegó a éste, sabemos y esperamos que, dentro de poco, tanto Quito, como Cuenca sacudirán el yugo del Gobierno Español…”. (Castillo Muro Sime, s/f: 20, 23).

Creemos, que las estrechas relaciones entre los jóvenes revolucionarios de la costa norte del Perú y los patriotas del golfo de Guayaquil, están debidamente comprobadas. Más claro ni el agua.

Guayaquil había proclamado su independencia el 9 de octubre de 1820, sin embargo, se veía constantemente amenazada por los rumores del arribo de refuerzos de tropas realistas a la zona de Pasto, adepta a los estandartes del Rey, en apoyo a las fuerzas que comandaba el general español Melchor de Aymerich, en la ciudad de Quito. “Pese a que su situación aún no se había decidido – en el sentido de lograr su plena independencia, anexarse al Perú o a Colombia – Guayaquil quería acabar con la presencia de los realistas en su territorio”. (Tarazona E., 1972: 22).

De ahí la reiterada petición de auxilios hecha al Perú por la Junta Gubernativa de Guayaquil, presidida por el poeta José Joaquín Olmedo, como la de agosto de 1821, en que la citada Junta fijó, inclusive, en 500 el número de efectivos; y la del mes de setiembre del mismo año en que volvió a reiterar su demanda, pero, esta vez, aumentado el número de hombres en 1,000; de los cuales 200 deberían ser de caballería, amén, de 1,500 fusiles y 50 quintales de pólvora.

Agreguémosle a estas, la solicitud hecha por el general Antonio José de Sucre, en octubre de 1821, al general San Martín, pidiéndole refuerzos, especialmente él envió del batallón Numancia, conformado en su mayoría por soldados colombianos, que después de servir bajo las banderas del Rey, habían desertado en masa, el 3 de diciembre de 1820, y pasado a las filas del ejército patriota. Pedido, que se sabe, el ilustre argentino no aceptó.

Sin embargo, desde el 5 de octubre de 1821, había comenzado a circular las órdenes correspondientes a los partidos del departamento de Trujillo, en cuanto al número de reclutas que se debían “recolectar” en esa jurisdicción. Esto, con el fin de engrosar las filas del ejército patriota, diezmadas a causa de una fatal epidemia.

El presidente de aquel departamento, ámbito al que pertenecía el partido de Lambayeque, general argentino, de origen español, Juan Antonio Álvarez de Arenales, le enviaba un oficio, fechado el 10 de octubre del mencionado año, al brigadier Juan del Carmen Casós Barrionuevo, gobernador político y militar del partido de Lambayeque, en el que le hacía saber: que el “cupo” asignado a ese partido era el de 300 hombres útiles para el servicio de las armas. 

Le advertía, además, como lo había hecho con los demás partidos que componían el territorio del extenso departamento, que una vez verificada “su recoleccion sean remitidos con la posible seguridad, y prontitud á esta Ciudad de Truxillo” (sic).


                                                                 Juan Antonio Álvarez de Arenales                

Lo interesante de este inédito documento, que hemos tenido la oportunidad de revisar, radica en la manera como el general Álvarez de Arenales se había propuesto organizar este contingente con miras a su mejor desenvolvimiento. Veamos lo que el mencionado general le expresa al brigadier Casós Barrionuevo, en su citado oficio:

    Despues hé dispuesto que del expresado numero de hombres se separen 80. de buena estatura, y demás circunstancias, y se remitan con igual brevedad á Piura á disposición de aquel nuevo gobernador Coronel D. Andres Santa Cruz, para que ellos formen una Compañía de los del Batallon que se va á levantar allí como para una guarnición permanente que sirva de defensa por los confines de aquella parte y en este concepto será obligado siempre ese Partido de Lambayeque á mantener dicha Compañía, y llenar las bocas que en lo sucesivo tengan; lo que prevengo a Vd. Para su debido cumplimiento, debiendo entenderse que los 220 hombres restantes de los 300 vengan aquí como se previno” (sic) (Archivo Regional de Lambayeque (ARL). Comandancia Militar (C.M) 1821).

No cabe duda, que el documento es claro en lo que concierne a los imprescindibles aportes de sangre joven que el partido de Lambayeque, apenas consumada su independencia del opresor régimen peninsular la memorable noche del 27 de diciembre de 1820, envió a las filas del emergente ejército patriota. En este particular caso, a la ciudad de Piura, a escasos meses de la batalla de Pichincha

Contingente de lambayecanos que mientras estuvieron acantonados en esa cálida ciudad norteña, fueron pagados y alimentados con recursos de su propio partido, Lambayeque. La antigua Llampallec o Ñampagic que fundara, en épocas que se pierden en la pátina del tiempo, el mítico y legendario Naylamp. 

Jóvenes lambayecanos que jamás habían experimentado un combate. Cuerpo de reclutas que, unidos a los efectivos de Piura y Trujillo, integraron los batallones peruanos que asistieron a la histórica jornada de Pichincha, en la que tuvieron una valiente y decisiva actuación.

El general Sucre, antes del reinicio de la campaña libertadora en tierras ecuatorianas, decidió enviar a Piura al coronel venezolano Tomás de Heres, con el objetivo de coordinar las acciones a tomar con el coronel Andrés de Santa Cruz, respecto a la marcha e incorporación de la División peruana, a su mando, al ejército libertador. 

Andrés de Santa Cruz y Calahumana​

Consideró también, Sucre, a la ciudad de Cuenca, como lugar para desarrollar su concepción estratégica. Ya que esta comarca estaba dotada de los recursos necesarios para la manutención de las tropas, y por encontrarse en una posición defendible y fácil de tomar sin comprometer seriamente a su división. En todo caso, si las cosas no marchaban de acuerdo a los planes concebidos, en Cuenca, contaría con la inmediata colaboración de las fuerzas acantonadas en Piura, comandadas por el coronel Santa Cruz, por renuncia que a este cargo hizo el general Juan Antonio Álvarez de Arenales, que se negó, tajantemente, a estar subordinado al general Antonio José de Sucre.

En Cuenca, Sucre, con el grueso de sus tropas estuvieron más de un mes, desde el 27 de febrero hasta el 28 de marzo de 1822.

El 9 de febrero, Sucre, llegaba al pueblo de Saraguro, en la provincia de Loja (Ecuador) lugar en donde se detuvo en espera del arribo de la División que comandaba Andrés de Santa Cruz, además de otros refuerzos. A mediados del mismo mes hacía su ingreso, a Saraguro, la División al mando de Santa Cruz. Debemos anotar, que el 21 de febrero, poco antes de la llegada de Santa Cruz, Cuenca se había adherido oficialmente a la causa patriota.

El general de brigada E.P. Carlos Dellepiane, escribe:

    “La división peruana se formó en Piura y se dirigió al norte, por Macara, Cariamanga y Loja, para concentrarse con las tropas colombianas y guayaquileñas en el pueblo de Saraguro, el 9 de febrero de 1822, pues Sucre había determinado ese día y lugar para la concentración. El recorrido total era de 515 kilómetros, que la división cubrió por etapas regulares desde el 18 de enero en que partió de Piura, hasta la fecha fijada para la reunión en que, efectivamente, alcanzó Saraguro”. (Ob. cit., 1965: 128).

Veamos continuación, lo que expresaron los estudiosos y militares de la época, con respecto a la composición de las tropas libertadoras de Santa Cruz.

El abogado, magistrado, historiador, político y periodista trujillano Nicolás Rebaza Cueto, en su obra Anales del Departamento de La Libertad en la Guerra de la Independencia, anota:

    “Los cuerpos peruanos hijos del antiguo Departamento de la Libertad, fueron: El Batallón “Trujillo”, organizado y disciplinado en esta plaza, en la época del Presidente Marqués de Torre – Tagle; y el Batallón “Piura” formado en la ciudad de su nombre […] el Batallón Trujillo, de 700 plazas, no tuvo ninguna baja por deserción hasta llegar a Quito, sino por enfermos en la camino, y los que perdió en la batalla, que fueron en número considerable” (sic) (Ob. cit., 1971: 104).

    “Respecto a la estructuración y profesionalismo de la División peruana, Sucre informaba al general colombiano Francisco de Paula Santander, vicepresidente de Colombia, lo siguiente: “El Batallón “Trujillo” de 600 plazas tiene solamente 125 veteranos; el “Piura” de 400, apenas 40 o 50; los Escuadrones de “Cazadores”, eran todos reclutas y solo el Escuadrón de “Granaderos” era veterano y a la verdad un brillante cuerpo”. (H.G.E.E. Macías Núñez, t. II: 26, 27).

    “Respecto, a las fortalezas y limitaciones de las unidades del ejército libertador, el coronel Antonio Morales mediante informe escrito hacía conocer al Estado Mayor General: Los “Dragones” y los “Granaderos” son cuerpos de la mayor confianza. Los batallones “Albión”, “Paya” y “Trujillo” está en un pie de buena disciplina; el batallón “Piura”, es en su mayor parte de reclutas y lo mismo el escuadrón “Cazadores a Caballo”; el batallón “Yaguachi” está medianamente disciplinado, ha sido fogueado, pero aún no ha combatido. La Caballería casi todo está desmontada, porque la aspereza del tránsito, desde Guayaquil a Cuenca y desde Piura hasta aquí, ha destruido los pocos y malos caballos que, a fuerza de innumerables fatigas se consiguieron para ponerla en movimiento. Tiene la División 4 piezas de campaña de dos y de a cuatro, escasamente dotadas y medianamente servidas. Toda ella desea vivamente combatir; tiene entusiasmo por la libertad; está en un pie brillante de subordinación y existe entre los cuerpos una noble emulación”. (sic) (Ibid.: 27).

Prosigamos. El 12 de abril, las tropas unidas del norte y del sur, bajo el comando del general Sucre, enfilaron rumbo al norte, mientras los realistas retrocedían, hasta que el 21 de ese mismo mes, en Tapi se dio la batalla que posibilitó la libertad de Riobamba.

En esta acción de armas el 1er Escuadrón del Regimiento de Granaderos a caballo, creado por José de San Martín, unidad conformada por argentinos y chilenos (cuyo número ascendía a 96 hombres), al mando del comandante argentino Juan Galo Lavalle, derrotaron a un escuadrón realista (compuesto por 400 jinetes) liderados por el coronel español Carlos Tolrá Marcella y el coronel Nicolás López.

En esta batalla, y en desigual combate, los Granaderos de Lavalle “en alarde de fuerza y destreza desbarataron a los realistas y los hicieron huir” (Tarazona E. 1972: 21).

A raíz de este histórico triunfo el Libertador Bolívar distinguió a Lavalle y sus hombres con el título de “Granaderos de Riobamba”.

Poco después, Juan Galo Lavalle sería conocido como el "León de Riobamba”.

                                                          Juan Galo Lavalle, el “León de Riobamba”

Después de la victoria en Riobamba, el ejército patriota se tomó un breve descanso. Recuperadas las energías, continuó su viaje ocupando las ciudades de Ambato y Latacunga, cercana, esta última, al volcán Cotopaxi. En el trayecto habían recibido el desinteresado y franco apoyo de los pueblos del ande, sobre todo de voluntarios que fueron a engrosar sus filas y toda clase de indispensables recursos. Ante la firmeza y resolución de las tropas independentistas, que, como hemos visto, en todo el trayecto habían sido acogidos de manera singular, las fuerzas adeptas al Rey se fortificaron en Quito.

En Latacunga se incrementaron significativamente las tropas patriotas con la llegada del batallón “Alto Magdalena” bajo las órdenes del coronel colombiano José María Córdoba, amén, de que se sumaron, al grueso, voluntarios de esta ciudad y pueblos aledaños. 

                                                                                 José  María Córdova

El 13 de mayo, Sucre, levantó el campamento y emprendió la partida hacia Quito. Al reiniciar su marcha, los patriotas recién se llegaron a enterar que el enemigo había ocupado los pasos Jalupana y La Vindita, que, a las finales, se tornaron infranqueables. Con guías, oriundos de Latacunga, que conocían a la perfección los terrenos del volcán Cotopaxi, bordeó sus heladas faldas por el lado oriental y evitó enfrentarse a los cañones que estaban empotrados en los pasos mencionados, y, de paso, al resto de tropas realistas que se habían ubicado en Machachi, para detenerlos.

El ejército libertador, contando siempre con el apoyo de experimentados guías indígenas y después de sortear, como hemos visto, el Cotopaxi y la defensa realista incrementada en las alturas de Tambillo, descendió al Valle de los Chillos, el 16 de mayo, y se tomó un descanso, de muy breves días, en terrenos de una hacienda, propiedad de un amigo de la noble causa.

El 20, siempre burlando al enemigo pasó Puengasí y al siguiente día descendió a Turubamba, al sur de Quito y a una altura de 2974 metros sobre el nivel del mar, donde los destacamentos españoles no aceptaron combatir.

El 22 de mayo pernoctó en la fría hondonada de Chillogallo en Quito, y en esta localidad, Sucre, planificó, conjuntamente con los miembros de su Estado Mayor, la estrategia final para la batalla que iba a librarse en las escabrosas faldas del volcán Pichincha.

Cuenta una Leyenda que el nombre Chillogallo (de origen quechua), se relaciona también con el futuro mariscal Antonio José de Sucre, quien, se dice, escuchó el canto de un gallo anunciador del triunfo de Pichincha. Por esta circunstancia quedó el nombre de Chillogallo.

Leyendas aparte, lo cierto es que, en horas de la noche del 23 de mayo, el ejército libertador se dirigía, tomando la salida norte de la ciudad de Quito, al llano de Inak-Quito, o Iñaquito, bordeando, por un tortuoso sendero, las escabrosas y empinadas cuestas del Pichincha.

    “Las tropas fueron organizadas en dos escalones, confiando el comando del primero, constituido por los batallones “Trujillo”, “Piura” y “Magdalena”, al jefe de la división peruana, Santa Cruz; el segundo escalón, con el que marchaba Sucre, se constituyó con los batallones “Yahuachi”, “Paya” y “Albión”; este último fue encargado de la escolta del parque del ejército, que debía marchar a la cola de la columna. Parte de la caballería recibió orden de seguir a lo lejos, por el llano, dadas las dificultades del terreno; los “Dragones” debían efectuar un gran rodeo que les permitiera llegar al camino de Pasto, después de haber contorneado la masa del Pichincha; la artillería quedó también rezagada, por las dificultades del terreno” (Dellepiane, 1965: 134, 135).

Tras fatigoso y accidentado ascenso, al amanecer del 24 de mayo los patriotas habían ganado buena altura. Pero advertidos los realistas de sus movimientos, escalaron, presurosos, el volcán para enfrentarlos.

El Pichincha, a sus pies la ciudad de Quito 

Dejemos que la reconocida pluma del historiador jesuita peruano R.P. Rubén Vargas Ugarte, a través de un artículo publicado por el periodista Manuel Tarazona Espinoza, recogido de la “Historia General del Perú”, obra del citado historiador, nos dé una reseña pormenorizada de lo acontecido en esa gloriosa acción de armas, librada entre las tropas realistas del Gral. Melchor Aymerich y las fuerzas patriotas conducidas por el Gral. Antonio José de Sucre. Veamos:

    “Las dificultades de la marcha impidieron que la división alcanzara su objetivo en la madrugada, pues solo a las ocho desembocaron las primeras fuerzas, y al punto cruzaron sus fuegos con las del enemigo. Los realistas, a las órdenes de Aymerich, López y Tolrá, contaban con unos tres mil 500 hombres y con 14 piezas de artillería, las cuales instalaron en el Panecillo. Unas dos horas hubo de esperar Santa Cruz que se le uniese Sucre con el grueso del ejército. En ese momento comenzó el enemigo a desplegar sus tiradores y para contenerlos fueron enviados los cazadores del “Paya” a los cuales reforzó luego Santa Cruz con el “Trujillo”. El fuego se sostuvo con viveza de una y otra parte, y como arreciase la acometida de los contrarios, Santa Cruz comprendió que era necesario empeñar otros cuerpos en el ataque y dio aviso a Sucre. Lo quebrado del terreno y la abundante maleza de las faldas del cerro favorecía el avance del enemigo; sin embargo, los cazadores del “Paya” y el “Trujillo” se sostuvieron por más de media hora hasta que, agotadas las municiones, fueron replegadas para ceder su puesto al “Piura” y al “Yaguachi”, enviados por Sucre. El primero de estos cuerpos formado en su mayor parte por reclutas y que entonces recibía su bautismo de fuego, flaqueó el avance, pero Santa Cruz lo hizo entrar de nuevo en el combate”.

    “Sucre había encomendado a Córdova envolver al enemigo con dos compañías del “Alto Magdalena”, pero lo escabroso del terreno dificultó la maniobra. El retraso del parque, paralizó, puede decirse, el ataque patriota, y como el enemigo continuara presionando, Sucre dio orden el “Paya” de atacar a la bayoneta. Por su parte, el coronel López había dado orden al “Aragón” de ascender por la derecha y acometer a los patriotas por su flanco izquierdo, iniciando una acción envolvente, pero en aquel momento Mackintosh con el “Albión” le sale al paso, mientras Córdova con el “Alto Magdalena” refuerza a los bravos del “Paya” y el ataque a la línea enemiga se generaliza doblegándola al fin. El combate duraba tres horas, pero a las doce del día la victoria no era dudosa. Los realistas cejaron en su resistencia y se retiraron a Quito en desorden, mientras el “Cataluña”, seguido por los “Tiradores de Cádiz”, tomaban la ruta de Pasto decididos luchar antes que entregarse” (Tarazona E. 1972: 22).

Combatiente en Pichincha

Y porque no incluir también, en esta entrega, otra versión de la batalla, pero, esta vez, narrada, con tintes épicos, por la ágil pluma de un coterráneo, de un enamorado y apasionado estudioso del esplendoroso pasado de su región de origen; total hemos estado de fiesta al igual que nuestros hermanos del Ecuador, y tanto ellos como nosotros tenemos nuestras propias versiones de la gloriosa jornada. Veamos pues a continuación, lo que el historiador coronel E.P. Manuel Casimiro Bonilla Castro, natural del distrito de Eten (Chiclayo), escribe al respecto:

    “A la vacilante luz del crepúsculo matutino del 24 de mayo de 1822 las compañías de Cazadores de Trujillo y Piura, chocaban con el grueso realista, conducido por el propio presidente de Quito, Aymerich. El número y el característico denuedo castellano no pudieron hacer cejar a esos nuestros compatriotas cuyos soldados hacían sus primeras armas y sí podría considerárseles bisoños reclutas, como soldados tenían el temple moral de los más expertos veteranos. El choque fue verdadera sorpresa  y a pesar de todo, las compañías resistieron con energía hasta la llegada del resto del batallón Trujillo, el cual venciendo las escabrosidades del camino, la fatiga de la ascensión, la molestia de los riscos y la obscuridad producida por la niebla y el humo; llegó en refuerzo y mantuvo el campo y el fuego durante media hora de sangrienta y empecinada lucha, hasta la llegada oportuna (porque ya las municiones faltaban) de Piura y Yaguachi conducidos por el propio Sol de la victoria apellidado Sucre; y tras esos cuerpos llegó Paya, y luego, después de dos horas de épica refriega, las bayonetas conquistaron el triunfo y los soldados de Trujillo y del Perú, atrozmente diezmados, venían sobre las faldas del volcán los cadáveres de sus compañeros, como el símbolo triste pero honroso del esfuerzo de su nacionalidad por la emancipación de América. Y desde entonces pueden los hijos de Lambayeque sentirse orgullosos de haber visto la luz donde también la vieron las pupilas de Mariano Torres, Manuel Salcedo, Manuel Aguilar, Antonio Quesquén, Pedro Yuflas, José Bracamonte, Antonio Mesones, Manuel Vidaurre, Presentación Chirinos, Juan José Castillo, Manuel Iturregui y otros cuya procedencia no es posible apreciar y, que dentro de la colectividad gloriosa de los cuerpos, arrancaron al caudillo genial de la revolución este oficio, consagración indispensable de su heroísmo” (Ob. Cit., 1920, t. XXXVI: 275, 276).

Uno de los Héroes de esta jornada fue el joven teniente guayaquileño Abdón Calderón, abanderado del batallón “Yaguachi”, que a pesar de haber sido sucesivamente herido no abandonó el campo de batalla, falleciendo pocos días después a consecuencia de ellas.


                                                                                     Abdón Calderón

En el Parte de la Batalla del Pichincha, el general Sucre anota: “Los resultados de la jornada de Pichincha han sido la ocupación de la ciudad y sus fuertes el 25 por la tarde, la posesión y tranquilidad de todo el departamento y la toma de 1.100 prisioneros de tropa, 160 oficiales, 14 piezas de artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cornetas, banderas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el ejército español.

Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla… además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros… Los cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo. El Boletín que dará el Estado Mayor recomendará a los jefes y subalternos que se han distinguido, y yo cumpliré con el deber de ponerlos en consideración del Gobierno".

Al día siguiente de la victoriosa jornada, el 25 de mayo de 1822, Sucre y su Ejército entraron triunfalmente a Quito, donde fueron recibidos en atmósfera de apoteosis. Se suscribió la Capitulación entre el General español Melchor Aymerich y el General de Brigada del Ejército de Colombia y Comandante General de la División del Sur, Antonio José de Sucre. Con este acto se sellaba la independencia del Ecuador del dominio español.

La Capitulación del 25 de mayo de 1822

Ahora bien, en la relación suscrita el 28 de mayo de 1822, por el comandante en jefe de la División Perú, general Andrés de Santa Cruz, se consignan los nombres de los valerosos combatientes que particularmente más se distinguieron en dicha acción de armas. En ella figuran los siguientes héroes lambayecanos: el sargento Manuel Salcedo, del Batallón N.º 2 del Perú, […] que quedó tendido en el suelo, despedazado a machetazos, por haberse metido él solo, con su fusil entre las filas españolas, Gómez de la Torre, Domingo Pozo y Sebastián Fernández (Izquierdo Castañeda Lambayequealbicentenario.blogspot.com/., febrero de 2018).   

El nombre de este último combatiente, Sebastián Fernández, figura en la lista de firmantes del acta de independencia de Lambayeque, suscrita por el "pueblo bajo" la madrugada del 31 de diciembre de 1820, en casa del síndico procurador don Mariano Quesada y Valiente. Su nombre también se encuentra inscrito en una de las caras de los obeliscos de mármol de carrara, que adornan las cuatro esquinas de la atractiva Plaza de Armas "27 de Diciembre", de esta generosa y benemérita ciudad.

En esta batalla también resultaron heridos los siguientes lambayecanos: "Manuel Vidaurre, Cipriano Sabaleta, Manuel Aguilar, Mateo Blanco, Manuel Iturregui, José Albújar, Juan Ruiz, Vicente Castañeda y el chiclayano Sebastián Romero (Ibid.).

Agreguemos, también a esta lista, al lambayecano José Joaquín de Lecuona y Lecuona, hijo de don Nicolás de Lecuona, natural del Señorío de Vizcaya y de doña Josefa López Vidaurre. José Joaquín, contaba con 21 años de edad cuando asistió a la batalla de Pichincha (Zevallos Quiñones, Tomo II, 1947: 61).

Por nuestra parte debemos añadir a esta nómina de ilustres héroes de Pichincha, a don José de la Cruz Pantoja y don Francisco Rivas Casós, ambos naturales de la ciudad de Lambayeque. Del primero de los nombrados se conserva una vieja fotografía que reproducimos a continuación gracias a la gentileza de nuestro dilecto amigo el bibliófilo y bibliógrafo chiclayano Miguel Ángel Diaz Torres, y del segundo, su testamento; inédito instrumento que exhumáramos, hace algún tiempo atrás, de la copiosa papelería que en sus respectivos anaqueles se conservan en el Archivo Regional de Lambayeque (ARL), y que a la postre nos ha servido para hacerle una ligera semblanza biográfica y, de paso, abalar su participación en dicha acción de armas. Veamos:

José de la Cruz Pantoja, héroe lambayecano de la Batalla de Pichincha 

Francisco Rivas Casós, fue hijo legítimo del Maestre de Campo don Felipe Rivas Matheus, natural de Galicia (España) y de doña Josefa Casós Barrionuevo, hermana del olvidado prócer de la independencia de Lambayeque general de brigada don Juan del Carmen Casós Barrionuevo.

Don Francisco, contrajo nupcias con doña Teresa Álvarez de Toledo. Durante su matrimonio procrearon a: doña Josefa, doña María del Carmen, don Francisco de Paula, don Felipe, doña Manuela y don Rubén Rivas Álvarez.

A las tres de la tarde del 25 de julio de 1856, don Francisco redactó su testamento ante el escribano público de Lambayeque don Pedro Pablo de Anteparas. Contaba con 72 años y su oficio era el de minero. En una de las cláusulas del instrumento de su última voluntad, declaraba que el Estado le adeudaba:

    […] tres años siete meses de sueldo, como vencedor en la Batalla de Pichincha, que fui con el grado de capitán, cuyas credenciales existen en mi poder, y ordeno a mi albacea los cobre y acumule a la masa de mis bienes, lo puntualizo para que conste” (Archivo Regional de Lambayeque (ARL). PN. Pedro Pablo de Anteparas. Año 1856-1857, f. 375, escritura 272).

En esta batalla se capturó al enemigo 1,100 prisioneros, 160 oficiales, 14 piezas de artillería, 1,700 fusiles y abundante material de guerra de todos los tipos. Los realistas tuvieron 400 muertos y 190 heridos, los patriotas alrededor de aproximadamente 300 bajas y 140 heridos, de los cuales solamente la división peruana tuvo 158 bajas, de ellos 91 muertos y 17 heridos.

Rebaza Cueto, refiere un episodio sobre esta histórica batalla, contada por el coronel lambayecano don Sebastián Fernández, en 1841, cuando el aludido militar desempeñaba el cargo de Prefecto accidental del departamento de la Libertad.

En esa oportunidad, Fernández, que en la batalla ostentaba el grado de teniente y contaba con 32 años de edad, le manifestó que el triunfo de Pichincha se debió en gran medida a él.

Y la explicación dada por el coronel, a Rebaza, fue la siguiente:

    “El movimiento estratégico de gran importancia que tenía que hacer el General Sucre, era tomar el Pichincha, antes que las fuerzas del General Aymerich, apercibidas, lo coronasen, por la facilidad que tenían, según las distancias.

    Se levantó el campo patriota por la noche para andar en toda ella y llegar en la madrugada al Pichincha. El camino que llevaba el ejército era el corriente; más advirtiéndolo yo (decía Fernández) expuse al capitán de la compañía: - por la ruta que llevamos no llega el ejército al Pichincha en la madrugada, y lo haremos a lo más a las 8 de la mañana. Yo conozco un camino excusado, por el que se economiza algunas leguas; y si lo siguiésemos, llegaríamos al amanecer”. El Capitán trasmitió al jefe del cuerpo y éste al General Sucre, que mandó hacer alto al ejército y ordenó que compareciera ante él. Me preguntó, si era exacto lo que le acababan de decir, y contestándole afirmativamente le dije: “antes de sentar plaza, me ocupaba en compañía de otros de Lambayeque, de introducir a Quito, tabaco por contrabando, para lo cual, muchas veces los interesados de Quito en el negocio, nos encaminaban por una senda excusada, que conozco perfectamente; y por ella se ahorraría en verdad mucho camino”.

El general sucre contestó: “señor oficial, bajo palabra de honor y sujeto a su responsabilidad en caso contrario, ¿puede Ud. guiar al ejército, para llegar al Pichincha a la hora que se desea? Contesté “acepto mi general la responsabilidad y no haya cuidado”. Se me dio pues la conducción del Ejército, tomando no obstante seguridades sobre mí, porque el General Sucre era muy avisado”. – Guio Fernández bien; y como lo dice la Historia, a las 6 de la mañana coronaba el Pichincha el ejército patriota. Y repetía, vea Ud. sí tengo razón para afirmar que por mí se ganó la batalla; si seguimos por el camino corriente, hubiéramos llegado a las 8 ó 9.” (sic) (Ob. cit.: 105).

El destacado abogado, político, parlamentario y constituyente peruano, Dr. Javier Ortiz de Zevallos, en su libro San Martín y Torre Tagle en la Independencia del Perú, anota:

    “Para muchos, como el historiador argentino Jacinto Sixto García, al Teniente peruano Sebastián Fernández, quien también antes se había distinguido en la toma de Otuzco con la columna de Santa Cruz, se debe en gran parte la gran victoria de Pichincha, y es de justicia divulgar esa verdad, que ha sido minimizada por la historiografía tradicional” (Ob. cit., 1982: 180).

Después de una exhaustiva y paciente búsqueda logramos ubicar, de entre la copiosa papelería que se custodia en el Archivo Parroquial de Lambayeque (APL), la vieja e inédita partida de bautismo del coronel lambayecano don Sebastián Fernández, héroe de la victoriosa jornada de Pichincha. Gracias a ella sabemos ahora que el susodicho coronel nació en Lambayeque, el 19 de enero de 1791.

El coronel Sebastián Fernández Samudio, así su nombre completo, fue hijo natural de don Gregorio Fernández, de raza blanca, y de doña Cecilia Samudio, de casta mulata (hija de español y negra) y natural del pueblo de Lambayeque.

A los cuatro días de nacido, el 23 de ese mismo mes y año, fue bautizado por don Casimiro Lombera, teniente de cura de la ramada o doctrina de Santa Lucía de Lambayeque, fue su madrina doña Manuela Soraluce, a quien se le advirtió “su obligación y parentesco espiritual” (Archivo Parroquial de Lambayeque (APL) Libro de Bautizos N.º 19, Año 1772 – 1811, partida N.º 1109).


MEDALLA “CENTENARIO DE LA BATALLA DE PICHINCHA”

 



En anverso: " CENTENARIO DE LA BATALLA DE PICHINCHA".

En reverso: " 24 de mayo / de 1822".

Firma en anverso y reverso: el nombre del grabador "L. CASADIO". Luigi Casadio

Observaciones: De bronce dorado, con un diámetro de 80 mm, y un peso de 315,4 gr. Presenta en el anverso el mariscal Sucre a caballo, al paso, de perfil a la derecha. en el contorno CENTENARIO DE LA BATALLA DE PICHINCHA. En el exergo 1922. En el reverso, Alegoría a la libertad y a las campañas de la independencia, en un gran diseño Art Deco. Mercurio alado con antorcha, grupo de guerreros antes de entrar en combate, musa sentada con lira y figura junto a una pira. En el exergo 24 DE MAYO / DE 1922.

  


Bibliografía

BONILLA CASTRO, Manuel Casimiro. Llampallec. Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima. T. XXXVI, N°. 4. Lima – 1920.

CASTILLO MURO SIME, Augusto. Causas de la Independencia Nacional y rol de los lambayecanos.

DE LAS HERAS, Juan Gregorio. Diario de Operaciones del Ejército Libertador. Colección Documental de la Independencia del Perú tomo XXVI Memorias, Diarios y Crónicas. Volumen 2°. Recopilación y prólogo de Félix Denegrí Luna. Lima – 1972.

DELLEPIANI, Carlos. Historia Militar del Perú. Ministerio de Guerra. Biblioteca Militar del Oficial N°. 32. Tomo Primero, 1965.

IZQUIERDO CASTAÑEDA, Jorge Rogerio. Coronel Sebastián Fernández Samudio y los héroes lambayecanos de la Batalla de Pichincha. Lambayequealbicentenario.blogspot.com/. Miércoles 18 de febrero de 2018.

REBAZA CUETO, Nicolás. Anales del Departamento de La Libertad en la Guerra de la Independencia. Trujillo – 1971. 

ORTIZ DE ZEVALLOS. Javier. San Martín y Torre Tagle en la Independencia del Perú.  Promotores, Consultores y Asesores Andinos S. R. L. Centro de Documentación e Información Andina (CDI). Lima – 1982.

MASÍAS NUÑEZ, Édison. El Ejército en las Guerras de la Independencia.  Biblioteca del Ejército Ecuatoriano Volumen 21. Historia General del Ejército Ecuatoriano. Tomo 2. Centro de Estudios Históricos del Ejército.

MIRANDA ROMERO, Ricardo. Monografía Histórica del Departamento de Lambayeque. El Tiempo 1927.

TARAZONA ESPINOSA, Manuel. ayer hoy y mañana. Cuando el Perú Ayudó a Ecuador. 7 días del Perú. Suplemento del Diario La Prensa. 1972.

VARGAS UGARTE, Rubén. Historia General del Perú. 12 vol. Edit. Milla Batres, Lima, 1971-1984.

ZEVALLOS QUIÑONES, Jorge. Lambayeque en el siglo XVIII. Revista del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas. Tomo 2. Lima – 1947.

 

Documentos

 Archivo Regional de Lambayeque (ARL).

Protocolo Notarial. Escribano: Pedro Pablo de Anteparas. Año 1856-1857.

Archivo Parroquial de Lambayeque (APL)

Libro de Bautizos N.º 19, Año 1772 – 1811.