jueves, 14 de abril de 2022

Reflexiones en torno a una antigua e interesante fotografía de la Iglesia San Pedro de Lambayeque.


Iglesia San Pedro de Lambayeque (1938) (Colección: Miguel Ángel Diaz Torres).

La iglesia San Pedro de la generosa y benemérita ciudad de Lambayeque. se extiende paralelamente a la plaza de armas “27 de Diciembre” de esta ciudad, entre las antiguas calles de “San Roque”, hoy “Dos de Mayo” y “Real de los Mercaderes”, hoy “Ocho de Octubre”. Espacio que le fuera asignado en el momento mismo en que fuera fundado, a mediados del siglo XVI, el pueblo de indios de San Pedro de Lambayeque, así su denominación original.     

Ahora bien, la fotografía de la iglesia San Pedro, que ilustra esta entrega, fue captada al promediar una tarde de hace aproximadamente ocho décadas atrás. Se encuentra en el libro Nobiliario de las ciudades del Perú de Enrique Gamarra y Hernández, aparecido en 1938. Una copia, de ésta (15x21), nos ha sido gentilmente proporcionada por nuestro dilecto amigo el bibliófilo y bibliógrafo chiclayano Miguel Ángel Díaz Torres.

En la vista se observa el lado Sur del templo, de Este a Oeste. Al momento de la toma habían pasado algo más de 10 años de aquel fatídico verano de 1925, en que un recurrente fenómeno de “El Niño” asolara catastróficamente la costa norte del Perú, especialmente nuestra región.

Las torrenciales lluvias e inundaciones que trajo consigo el terrible fenómeno, catalogado por los especialistas de “muy fuerte”, estuvo a punto de inundar la ciudad de Lambayeque, que logró salvarse gracias a la oportuna participación - por especial encargo del presidente Augusto B. Leguía - del ingeniero Charles W. Sutton, a la sazón, jefe de la Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque (Irrigación de Olmos). Sutton, con ayuda de su personal especializado y el concurso de gran parte de la población, cumplió fielmente la orden dada por el mandatario desde Palacio de Gobierno: “Salve mi pueblo cueste lo que cueste”.

La iglesia de Lambayeque fue uno de los edificios afectadas por el nefasto y cíclico evento. La antigua ramada de “San Pedro”, hoy “Capilla San francisco de Asís”, sufrió serios daños, sobre todo en su techumbre, la casa parroquial quedó en escombros. Por efecto de las torrenciales lluvias se perdieron 216 casas en su casco urbano, amén de un porcentaje mayor que resultó seriamente afectado.

El Cementerio General “El Ángel”, fue totalmente arruinado por efecto de una fatal inundación que se verifico por el lado Norte de la ciudad. Se tiene conocimiento que el agua acumulada al interior del Campo Santo lambayecano llegó a 1.50 m. de altura. El Ingenio o Molino Mocce, de propiedad de don Sebastián Oneto, de nacionalidad italiana y, por entonces, Agente Consular de su país en la región, se salvó gracias a los denodados esfuerzos de su personal y pobladores de su entorno.

Cementerio General "El Ángel" de Lambayeque inundado por las aguas. Fenómeno "El Niño", bienio 1997 - 1998. (Memo Luna, 1998)

No contamos con datos precisos en torno a las refacciones que se efectuaron en el templo lambayecano, después de pasado el gran susto del verano de 1925. Pero por lo que podemos apreciar en la fotografía estas no fueron del todo perdurables, dado los precarios elementos de que estaban constituidos algunos de sus elementos estructurales, sobre todo los de su exento cerco perimetral, fabricado de adobes, a finales del siglo XIX, y enlucido con mortero de yeso, cal y arena fina de río (lavada).

Sin embargo, una década antes de que fuera publicada la foto de la iglesia de Lambayeque (1938), materia de esta modesta entrega, la ciudad de Lambayeque soportaba, en horas de la tarde, un fortísimo temblor los días 14 y 18 de mayo de 1928. El fraile dominico Ángel Menéndez Rúa en su libro Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque, relata que ambos fenómenos naturales “…hicieron en la Iglesia tanto destrozo que en distintas partes se veía el cielo a través de los boquerones producidos por el terremoto” (ob. cit, 1935: 258).

Menéndez Rúa, manifiesta que fueron ocho meses consecutivos los que se emplearon en la reparación de los daños ocasionados por el sismo “…dejando los arcos asegurados con rieles, las bóvedas con clavos de hierro y todo resanado y enlucido”. Seguidamente agrega: “Se pintaron al óleo la mayor parte de las bóvedas y la cúpula de hierro o media naranja” (Ibid..). En 1930, se continuó con la obra. En ese año “…se pintaron al óleo las naves laterales, las bóvedas del coro y las de la entrada principal” (Ibid.). En 1933, “…se revocó la parte exterior de la Iglesia con yeso y arena” (Ibid.: 259), en este trabajo se empleó cinco meses. En los primeros meses de 1934, “…se repararon las fachadas de la Iglesia que dan al parque, capilla San Francisco y calle “8 de Octubre” (Ibid.).

El templo de Lambayeque, tiene tres puertas de acceso de dos abras y postigo. Están realizadas en fina madera de cedro y mirra, todas con sus antiguas y respectivas aldabas de bronce y engalanadas profusamente con botones elaborados en cobre. Así tenemos: la puerta principal o puerta de la “Esperanza”, que mira a la antigua calle del “Cabildo” después de “San Roque”, hoy calle “2 de Mayo”; la puerta de “San Pedro” que mira a las ramadas o capillas doctrinales y la puerta del “Perdón” o de la “Caridad” que mira a la Plaza Mayor, Plaza Principal o Plaza de Armas “27 de Diciembre”, de esta prócer y devota ciudad.

La puerta de "San Pedro" de la iglesia de Lambayeque (Memo Luna, 2014).

Ahora bien, sabemos que el reloj público, que engalana la torre sur del templo lambayecano, fue adquirido y donado a esta iglesia, en 1862, por el acaudalado terrateniente lambayecano don Manuel Salcedo Peramás, hijo legítimo de Manuel López Osaba de Salcedo y Tomaza Peramás Villodas. Y fue colocado en la antigua y primigenia torre del lado sur del templo por el maestro trujillano Nicolás Zevallos, en abril de 1864. Debemos agregar: que el reloj fue fabricado en Inglaterra en 1859.

Reloj público. Se ubica en el tercer cuerpo de la torre campanario del lado Sur de la Iglesia San Pedro de Lambayeque.

Sin embargo, investigando entre la antigua papelería que se custodia en el Archivo Regional de Lambayeque (ARL), ubicamos un interesante e inédito dato en torno a este hecho que se encuentra registrado entre los protocolos notariales del escribano público y de hipotecas don Manuel Samillán (1863).

Decimos esto porque el 29 de diciembre de 1863, la Junta de Obras Públicas de la Provincia de Lambayeque, compuesta por los señores don Clemente Ríos, subprefecto de la provincia; don Rosendo Sánchez, alcalde municipal y don José María Bernuy, se presentaron ante el anteriormente citado escribano con el objeto de celebrar un contrato con los maestros albañiles don Ricardo Johnson, domiciliado en Lambayeque, y don Jorge W. Noblie, con residencia en Ferreñafe: […] para plantificar o edificar sobre el frontis de la puerta de la iglesia que mira a la plaza principal de esta ciudad, la obra adecuada de la colocación del reloj público”.

Ahora sabemos que en un principio la intención de la aludida corporación lambayecana era el de colocar el reloj público, obsequiado por Salcedo, en el frontis de la puerta del “Perdón” o de la “Caridad” de la iglesia, o sea aquella que mira a la Plaza de Armas “27 de Diciembre” de esta ciudad. La obra se ejecutaría con dinero proporcionado por el erario nacional.

La puerta del Perdón. Iglesia San Pedro de Lambayeque

El compromiso pactado por los citados maestros albañiles y los miembros de la corporación era levantar “desde la superficie hasta la cúspide” el frontis, de estilo neoclásico, de la aludida puerta hasta una altura de 22 varas castellanas (aproximadamente unos 18 metros de altura), debía ser sólido, poseer molduras y las paredes, construidas de cal y ladrillo, debían tener un espesor de 32 pulgadas. La fábrica tendría una duración de tres meses y se empezaría a trabajar desde el 4 de enero de 1864.

El costo de la obra sería de 1,200 pesos pagaderos puntualmente en el siguiente orden: doscientos pesos que ya se les había adelantado; treinta pesos por cada semana de trabajo y el saldo el día en que la obra fuera entregada a satisfacción. La junta se comprometía también a proporcionar los operarios y los siguientes materiales, puestos en obra, como: agua, sin ningún costo; ladrillones (sic) a diecisiete pesos el millar; diez pesos por el millar de ladrillos pequeños y doce reales por el quintal de cal. Como es obvio, y por motivos que hasta el momento desconocemos, esta obra no se llegó a concretar, y el reloj público fue colocado en el lugar en el que hasta ahora se encuentra, o sea: en el último cuerpo de la antigua torre campanario del lado Sur.

Esperamos no habernos excedido en comentar los antecedentes previos al momento de la toma fotográfica que ilustra esta entrega, esa no fue nuestra primigenia intención. Sin embargo, hemos creído que la vista, en sí, lo ameritaba. Dicho esto, pasemos ahora a tratar de realizar un brevísimo analices de ésta.

La fotografía, captada en Angulo a nivel o normal, muestra la fachada del lado Sur de la Iglesia, de Este a Oeste. Se puede apreciar, en primer plano, la calle empedrada (canto rodado) y casi la totalidad del cerco perimetral del lado Sur de la iglesia. El cerco muestra, a las claras, cierto deterioro en su enlucido realizado con mortero de yeso, cal y arena fina; se nota también que las bases de las almenas, que sostienen las originales rejas de madera y se encuentran apoyadas sobre el muro de baja altura, se encuentran sin enlucir y, tal vez, afectadas por serios problemas de humedad. Sabemos que estas estaban en proceso de reconstrucción entre los años de 1934 y 1935, año, este último, en que se concluyeron los trabajos. Lo que no es fácil determinar, es si la vereda está constituida por piedra granito (adoquín) o ladrillo de tipo pastelero.

Examinemos con cuidado la vieja fotografía, materia de este modesto articulo, y podremos observar, también, que no se encuentra la lograda escultura del apóstol San Pedro, patrono de la iglesia y de la ciudad. Esto porque la efigie, obra del escultor chiclayano (natural del distrito de Pimentel) Miguel Baca Rossi, fue colocada en 1947.

Escultura del apóstol San Pedro. Iglesia San Pedro de Lambayeque (Memo Luna, 2014).

En la fotografía se pueden ver, nítidamente, los delgados y largos postes de alumbrado público, de fina madera de pino Oregón, con una altura de 6 m. aproximadamente, dotados en lo alto con su pequeño brazo de fierro del que pendía, sujeto a una cadena por la que pasaba el cable conductor, el platillo de metal que protegía del agua lluvia el foco o bombilla de luz. Estos postes se encontraban clavados en el suelo sirviéndoles de sostén, en su base, una cuña de madera de algarrobo de aproximadamente 1m. de altura, empernado y amarrado al poste con alambre galvanizado trenzado. Estos postes tuvieron, en su tiempo, doble función, porque también se usaban para amarrar los caballos, mulas y burros, que, con sus respectivos jinetes, transitaban por la ciudad.

La monumental iglesia lambayecana exhibe orgullosa su imponente y única torre campanario, la del lado Sur, de algo más de 35 m. de altura y terminada a finales del siglo XVII. La torre del lado Norte se concluyó, recién, diez años después, en 1948, gracias a la tesonera labor de fraile Casimiro Jiménez OP. y fue inaugura el 11 de septiembre de ese mismo año. Artífice de esta última obra fue el arquitecto chiclayano Víctor Mora Flores, natural de Chiclayo. El maestro de obra, que llevó a cabo esta "fábrica", fue el recordado maestro albañil lambayecano Sr. Guillermo Niño Vite.

Debemos mencionar que, en 1916, a iniciativa del señor cura Dr. Arístides Pita se colocó la loseta de mosaico al interior de la iglesia, y el 17 de octubre, del mismo año, se dio inicio a la refacción de la vieja torre campanario del lado Sur, con fondos colectados por un comité de damas de la localidad presidida por doña Luzmila Iglesias de Burga. Era alcalde de la ciudad el señor José Ignacio Iturregui Mendiburu. Las obras de refacción y pintado interior de la iglesia tuvieron un costo de 10,000 soles y estuvieron a cargo del ingeniero Roberto Behr, de nacionalidad alemana. En esa ocasión se revistió la torre con abrazaderas de hierro y cemento. Lo curioso del caso es que la cruz, que corona la cúpula de esta torre, colocada en esa oportunidad por los albañiles lambayecanos Manuel Mesta y Víctor Gallo, fue pintada de color negro, la peana, donde descansa la citada cruz, de color blanco, y, por último, de color rojo la cúpula, colores de la bandera alemana de donde, como hemos visto, era natural Behr. La obra se culminó el 19 de noviembre de 1916.

Para ahondar en detalles sobre el esperado y feliz acontecimiento de la inauguración de la torre Norte de la iglesia, quisiéramos remitirnos al interesante artículo que ha publicado nuestro dilecto amigo el bibliófilo y bibliógrafo chiclayano Miguel Ángel Diaz Torres, en su Blog “Del Baúl Bibliográfico Lambayecano”, aparecido el miércoles 13 de abril de 2022. En él, Diaz Torres, amparándose en los datos tomados de la revista "Misiones Dominicanas del Perú" (1943-1946-1948) de su nutrida colección, nos da una pormenorizada razón de los actos realizados con motivo de la inauguración y bendición de la torre del lado Norte del templo lambayecano. Veamos:

    “Con motivo de celebrarse los veinticinco años de la presencia de los Padres Misioneros Dominicos y la culminación de la segunda torre de la Iglesia San Pedro, los miembros de la Junta Parroquial de Acción Católica, prepararon un extenso Programa de festejos religiosos y sociales.

Los festejos conmemorativos se iniciaron con un Solemne Novenario de sermones a cargo del R.P. Wenceslao Fernández, como preámbulo para la Comunión General del día de la Fiesta.

Se tuvo la visita del Excmo. Sr. arzobispo de la Diócesis Mons. Aurelio Guerrero quien fue recibido por las Autoridades, Escuelas, Instituciones Religiosas, dando el saludo de bienvenida un joven de la Acción Católica, recibiendo de parte del arzobispo su agradecimiento dirigiendo unas palabras en el Templo.

El día Central 11 de setiembre de 1948, muy temprano, el arzobispo dijo la Misa de Comunión General, quien ayudado por el R.P. Párroco Fr. Miguel Matamala y el R.P. Wenceslao Fernández se administró mil quinientas comuniones.

A las 10 de la mañana hubo misa de Medio Pontifical oficiada por los RR.PP. Lazaristas de la Comunidad de Chiclayo. Entre los Reverendos. Párrocos y demás sacerdotes que se encontraban presentes se repartieron los oficios de Asistencia al Prelado. La misa fue cantada por los RR.PP. Franciscanos de Chiclayo. Honraron estos actos los siguientes: Dr. Jerónimo Mondoñedo Párroco de la Matriz de Chiclayo; Dr. Vargas, Párroco de Motupe; Dr. Samuel Pereda, Párroco de Monsefú; Dr. Francisco Cantons, Párroco de Pimentel; Dr. Alfonso Murillo, Párroco de Jayanca; Dr. Francisco González Burga, Párroco de Ferreñafe (quien hizo de maestro de ceremonias); el Capellán del Regimiento, Dr. José Marchino; el de la Base de Aeronáutica de Chiclayo, Dr. Alfredo Bonadona (quien hizo luego un elogioso artículo de prensa); y además, Capellán de las RR.MM: Dominicas del Colegio del Rosario de Chiclayo. La Iglesia San Pedro de Lambayeque estaba totalmente llena en sus tres naves.

Acto seguido el arzobispo con todos los religiosos presentes, procedieron a la bendición de la Nueva Torre, siendo padrinos e Sr. Marcial Pastor y la Sra. Luisa Larco Ferrari (esposa del Ing. Luis Noya Ferré). Habló un miembro del Comité Pro Templo, siguiendo luego las bendiciones de nuevas construcciones y reparaciones del Templo, así como de nuevas imágenes etc.

En la Casa Parroquial se develó la Placa Conmemorativa de las Bodas de Plata de la venida de los Padres Misioneros Dominicos, acto apadrinado por el alcalde de la ciudad Dr. Hilario Fierro y Sra. Artemia Cuglievan de Woyke. Dirigiendo un discurso el presidente de la Junta Parroquial de Acción Católica Capitán Gamaliel Hinostroza.

En los actos sociales se dio desayuno a los niños de Primera Comunión y a los jóvenes de A. C. de Chiclayo; y en la casa de la Sra. Orocia García de Oneto se sirvió el almuerzo en honor de las Autoridades religiosas y civiles”.

El Sr. Arzobispo de Trujillo en el acto de bendecir la torre concluida (1948).

Las dos torres asimétricas de la iglesia San Pedro de Lambayeque (Memo Luna, 1992).

Prosigamos. Al fondo de la antigua vista, repetimos, materia de esta entrega, se puede divisar parte de la puerta de la tienda del chino Carlos (Cálalo), y al costado, hacia la calle “Bolívar”, la puerta de ingreso a la casa de la señorita Villafuerte, de ocupación: costurera. En este espacio se levanta hoy el local de la Municipalidad Provincial de Lambayeque.

Perdón, nos olvidábamos. Al costado izquierdo de la vieja fotografía podemos distinguir claramente las ramas y las largas hojas de uno de los ficus, de notable crecimiento, que adornaban el cuadrilátero de la Plaza de Armas “27 de Diciembre” de nuestra generosa y benemérita ciudad. Se sabe que fueron talados en 1939, por orden expresa del teniente alcalde don Alfredo Wenceslao Salcedo Pastor, por el gran desarrollo, tal vez, de su sistema radicular. El periodista e historiador peruano Aurelio Miro Quesada Sosa - que estuvo de paso por Lambayeque en 1935 - en su libro Costa, Sierra y Montaña (1940), escribe:

    “Cruzo enseguida la Plaza Principal. Bajo el viento fresco de la tarde, veo una plaza lírica y simpática, con bancas que se acogen a la sombra propicia de algunos ficus hermosísimos. Se me dice ahora que ya esos árboles no existen. Se me afirma – y quiero todavía resistirme a creerlo – que no se ha tratado de una poda, sino que han sido cortados de raíz. Cuando pasen los años y los habitantes de Lambayeque o los viajeros recuerden la copa frondosa de los ficus, habrá quien coloque en la Plaza alguna ofrenda a esos árboles mártires, que fueron en su día lujo y presea en la ciudad".

En esta antigua fotografía, de principios del siglo XX, tomada por el lente fotográfico de Hans Heinrich Brüning o Enrique Brüning, se pueden apreciar los ficus que circundaban la antigua Plaza Mayor, hoy Plaza de Armas “27 de Diciembre”, de la generosa y benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque.


 Bibliografía

DIAZ TORRES. Miguel Ángel.  Blog “Del Baúl Bibliográfico Lambayecano”. Miércoles 13 de abril de 2022.

MENÉNDEZ RÚA, Ángel. Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque. Lambayeque, Marzo 19 de 1935.

MIRÓ QUESADA, Aurelio. Costa, sierra y montaña. Chacra Ríos, P.L. Villanueva. 1964.


Archivo Regional de Lambayeque (ARL).

Libro de Registros. Escribano: Manuel Samillán. Año 1963.


Fotografía

Hans Heinrich Brüning.

Guillermo Luna Lorenzo (Memo Luna)

Colección: Miguel Ángel Diaz Torres.





sábado, 9 de abril de 2022

El Cristo Yacente de la desaparecida capilla del Cementerio General “El Ángel" de Lambayeque.

Cristo Yacente. Mesa de Altar, Capilla de La Cruz del Siglo XX, en Lambayeque (Memo Luna, 2022)

En el verano de 1891, un recurrente fenómeno El Niño, considerado por los especialistas como un probable Niño costero “muy fuerte”, afecto severamente el Cementerio General “El Ángel”, a cargo de la Sociedad de Beneficencia Pública de la generosa y benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque. 

Debemos agregar, que éste lamentable evento natural fue el primero que, en su época, fue estudiado científicamente y su origen se atribuyó, en su momento, al aumento de la temperatura del mar.

El cíclico y fatídico evento natural se repitió cuatro años después, en el verano de 1895. En esta ocasión el cementerio de Lambayeque, a cargo de la Sociedad de Beneficencia Pública de esta ciudad, se arruinó totalmente.

Todo esto, a consecuencia del extraordinario volumen de las copiosas lluvias y, más que todo, por la inundación de las aguas que, en esta ciudad, fueron desviadas más al norte de lo que fuera el molino Mocce (situado al norte de la ciudad) propiedad del Sr. Sebastián Oneto Dall'Orso, con el único objeto de proteger: tanto el molino, como la ciudad de una inminente inundación.

La familia Cartagena, de vasta raíz lambayecana, muy devota y dotada de un alto espíritu de servicio, a la par de estar muy bien relacionada con los principales elementos de la sociedad local y fuera de Lambayeque, se encargó de organizar el trabajo de levantar el arruinado cementerio. Para esto contó con el desinteresado apoyo de mucha gente del pueblo y de las principales autoridades de la localidad.

Creemos oportuno manifestar: que el personal del pueblo, que entusiastamente participó en las tareas de reconstrucción del cementerio y su capilla, no percibió ningún jornal, tan solo una ración de alimento. No cabe duda, eran otros tiempos.

Tal fue el entusiasmo generado en la población que, al año siguiente, en horas de la mañana del 2 de noviembre de 1896, se inauguraba el reconstruido Cementerio General “El Ángel” de Lambayeque, propiedad de la Sociedad de Beneficencia Pública de esta ciudad.

En esa misma fecha se trasladó desde la iglesia San Pedro de esta ciudad la imponente efigie, realizada a finales del siglo XIX (en madera de cedro y policromada), de Cristo Yacente, colocado en una elegante urna de madera pintada de blanco, ribeteada de molduras forradas en pan de oro y vidrios de cristal transparente. 

En esa oportunidad, también se inauguró la sugestiva capilla del cementerio, con sus torrecillas campanario y oratorio. Se sabe que la mencionada capilla poseía una cripta, espacio, bajo tierra, donde fueron sepultados algunos personajes ilustres de la localidad. 

Debemos manifestar también: que la talla de Cristo Yacente fue mandada elaborar, exclusivamente, para la hoy desaparecida capilla del Cementerio General "El Ángel", de  Lambayeque.

Veamos, a continuación, el “Programa” de festejos que con motivo de la inauguración del cementerio se comenzó a gestar un mes antes de aludida fecha.

 PROGRAMA

 2 de Noviembre de 1896

7.30 am. La sagrada Efigie de Nuestro Señor Jesucristo, en el Santo Sepulcro, será conducida a la Iglesia Matriz, en procesión solemne hasta el óvalo, en una elegante Urna cerrada de lunas transparentes que dejarán visible la Venerable Imagen del Salvador: Construida expresamente para la Capilla del Panteón.

9 am. Previo anuncio por las campanas de las torres de la moderna Capilla, se hará la bendición del Oratorio cuya ceremonia será apadrinada por el caballero, Sr. Nicolás Álvarez Calderón y la respetable matrona Sra., Isabel Camino de Olivares.

10 am. Misa de réquiem, después de la cual los fieles podrán entregarse a las prácticas devotas que su piedad los inspire. Una rifa de preciosos y elegantes objetos, obsequiados por numerosas señoras y señoritas, para que su producto sea dedicado a las obras que se inauguran, principiara después de terminadas las ceremonias religiosas.

 Lambayeque Octubre de 1896. 

El COMITE

El fraile dominico Ángel Menéndez Rúa, autor del "Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque", obra de la cual hemos extractado el anterior PROGRAMA, nos narra que para el día de la inauguración del cementerio lambayecano había habido "tren extra desde el Puerto de Eten. Concurrieron todas las Autoridades incluso las del Ejército con la Banda, recientemente instalado en la ciudad" (sic) (Ob. cit. 1935: 184).

Seguidamente anota: 

    "En este mismo día se bendijeron todos los ornamentos nuevos obsequio y propiedad de la familia Cartajena con el fin de dedicar su óvolo de capillo a las obras iniciadas. Un Cáliz de plata sobredorada, Padrinos, Dn. Sebastián Oneto con la Sta. Blanca Aurich. Una casulla negra, Padrinos, Dn Benjamín Burga con la Sea. de Ricardo Salcedo. Un Misal dorado por el canto, padrinos, Dn Aurelio Ruiz con la Sra. Dñ. Lastenia Pella Un Sillón, padrinos, el coronel Puente con su Sra. Rosa Ayulo de Puente. Unas Vinajeras de plata, padrinos, Dn. Manuel Carmona con la Sra. Aurora de Descalzi. Una Capa Pluvial, padrinos, Dn. Genaro Barragán con la Sra. Mercedes Regalado de Carmona" (sic) (Ibid.). 

En una de las tantas notas que se encuentran escritas, de puño y letra, en una de las libretas de apuntes que llevaba siempre consigo Hans Heinrich Brüning, que rescata y traduce, al castellano, el alemán Bernd Schmelz (del Museo de Hamburgo), Brüning nos da detalles de una “misa fúnebre” efectuada en el cementerio general “El Ángel” de Lambayeque, el 20 de setiembre de 1909.   

En esa fecha, el ilustre alemán, asistió a una “misa fúnebre” organizada por las tres hermanas Cartagena, conmemorando el 36 aniversario del cumpleaños de su progenitora. La misa fúnebre se realizó en la hoy desaparecida capilla del cementerio “El Ángel” de Lambayeque, Campo Santo donde se encontraban sepultados los restos de la madre de éstas, en su tiempo, reconocidas católicas y benefactoras lambayecanas.

La impresión que le causó el cementerio, a primera vista, no fue del todo buena. Así lo deja entrever cuando en su libreta de campo, muy sucintamente, se ocupa de él.

Hans Heinrich Brüning

“La portada grande”, como la denominara Brüning, en sus notas, le impactó desde un principio. Era una magnifica portada de acceso principal al Campo Santo lambayecano, con su arco conopial (de estilo neogótico), enmarcado por una larga pilastra a cada lado, con machones, a ambos lados, para su soporte, todo rematado en un singular frontón calado y triangular. 

De esto se desprende, que, Brüning, siempre pensara “que el cementerio tuviera mausoleos bonitos” (Bernd Schmelz, 2021: 76), y lo que observó al interior del cementerio relativamente lo decepcionó, al percatarse de que casi se trataba de un “yermo” (un árido terreno con escasísima vegetación).

Cementerio General El Ángel de Lambayeque (1919). En esta antigua vista se puede apreciar la potada principal, a la derecha, y a la izquierda la portada, en ochavado, del lado sur. Al fondo la hoy desaparecida y vistosa capilla, con sus torrecillas campanario.  (Fotografía Juan Dégola Chávez. Colección: Vicente Gustavo Sierra León).

Dejemos que sea el mismo Brüning, el que nos narre, a su manera, el real aspecto que mostraba el cementerio lambayecano, en 1909. Veamos: 

    “No son 10 monumentos y cruces crudas medio descompuestas, cruzadas sin disposición; en la pared frontal se encuentran tres filas de nichos, uno encima del otro, sin inversión de flores o ramos, así como encontrado a la pampa. Solamente enfrente del portal se encuentra una capilla de buen estado estructural, el trabajo de las tres hermanas de Cartagena. Unos pocos nichos con tapas de mármol; todo el resto solamente con yeso, el nombre crudo rayado o escrito en colores, a veces con los días de la muerte… En el altar de la capilla una caja de cristal grande, con Jesús en la tumba, tamaño natural” (sic) (Bernd Schmelz, 2021: 76,77).

Ahora bien, el verano de 1925, también resultó fatídico para la ciudad de Lambayeque. Nuevamente la nefasta presencia del recurrente fenómeno de “El Niño” del bienio 1925 – 1926, en nuestro litoral (catalogado de “muy fuerte” por los especialistas), acompañado de torrenciales lluvias y consecuentes inundaciones, puso en eminente peligro, por el lado norte, a la ciudad de Lambayeque. La inundación alcanzó a inundar y destruir el Cementerio General “El Ángel”, de esta generosa y benemérita ciudad.

Tal fue la catástrofe, que se tuvo que habilitar un cementerio provisional en un alto médano, cercano al lugar donde estuvo el antiguo y desaparecido hospital betlemita, casi a la altura del desaparecido puente de la “Carramuca”, al noroeste de la ciudad, camino a la rama de San Romualdo.

El antiguo y desaparecido puente de Lambayeque (17 de marzo de 1910), que perteneciera a la cofradía del Santísimo Sacramento de la Iglesia San Pedro de esta ciudad. Única vía de acceso a la ciudad por el lado norte. Se encontraba situado en lo que hoy es la calle Baca Matos, a la altura de la calle José Gálvez de esta ciudad. De ahí el viejo nombre de esta última calle, denominada antiguamente como calle “del Puente” o del “Puente viejo”. (Colección: Miguel {Ángel Diaz Torres).

A raíz del fatal acontecimiento, del verano de 1925, Menéndez Rúa, escribe: 

    "Gamaliel Portilla, vecino de esta ciudad, acompañado de otros varios, sustrajeron la imagen del Señor Yacente de la inminente ruina que amenazaba la destrucción de la Capilla, como así sucedió nada más poner a salvo la Efigie, la cual se venera en esta Iglesia, esperando el buen día de poder ser trasladada procesionalmente a una nueva Capilla que en la necrópolis se le haga”. (Ob. cit. 1935: 184 - 185).

Efectivamente, la imagen de Cristo Yacente de aproximadamente 1.80 m. de longitud, se encontraba ubicado, conjuntamente con la urna que lo contenía, al interior de la mesa de altar, realizada en yeso fuerte, que se encuentra, hasta nuestros días, a los pies del retablo barroco de la Virgen de Dolores, comúnmente denominada, en Lambayeque, como La Madre Dolorosa. El retablo de estilo barroco, compuesto de un solo cuerpo y forrado enteramente de finas hojas de pan de oro. se emplaza en el primer cuerpo de la torre campanario del lado sur de la iglesia, nave de la Epístola. (Izquierdo Castañeda, 2012: 21 - 22).

            Capilla de la Virgen de Dolores o La Madre Dolorosa. Iglesia San Pedro de Lambayeque (Memo Luna, 2018)

En la actualidad la efigie de Cristo Yacente, que, como hemos visto, perteneciera a la desaparecida capilla del Cementerio General "El Ángel" de la generosa y benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque, se encuentra en la magnifica mesa de altar de la remozada Capilla de "La Cruz del Siglo XX", en el pujante y laborioso pueblo joven “San Martín de Porres”, de esta ciudad.


Singular altar de la Capilla de La Cruz del Siglo XX, en Lambayeque (Memo Luna, 2022)

Bibliografía

Centenario del Museo Brüning. 1921 - 2021. Editor: Carlos Wester La Torre. Talleres Gráficos de EMDECOSEGE. La Victoria – Chiclayo. Julio de 2021.

IZQUIERDO CASTAÑEDA, Jorge. Folleto. Semana Santa en Lambayeque. Municipalidad Provincial de Lambayeque. Gerencia de Desarrollo Económico – Área de Turismo. 2012.

MENÉNDEZ RÚA, Ángel. Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque. Imprenta La Gaceta. Lambayeque. 1935

 Fotografía 

Guillermo Luna Lorenzo (Memo Luna).

Juan Dégola Chávez. Colección: Vicente Gustavo Sierra León.

Colección particular: Miguel Ángel Diaz Torres.

 



 

 


































 

 

  

  



 

 


  

miércoles, 5 de agosto de 2020

196 ANIVERSARIO DE LA GLORIOSA BATALLA DE JUNÍN. ANTESALA DE LA LIBERTAD


Batalla de Junín. La carga victoriosa

Los dos Escuadrones de Caballería de la “Legión Peruana de la Guardia” creada por Decreto Protectoral del general argentino José de San Martín y Matorras, el 18 de agosto de 1821, bajo el comando del mariscal de campo José Bernardo Tagle, Marqués de Torre Tagle, fueron el origen del actual Regimiento de Caballería «Glorioso Húsares de Junín» N° 1 - Libertador del Perú.

Debemos recordar que “La Legión Peruana de la Guardia” estaba compuesta por un batallón de infantería, de seis compañías (una de granaderos, una de cazadores y cuatro de fusileros), dos escuadrones de caballería ligera y una compañía de artillería volante,

Estos dos escuadrones de caballería, que en un principio estuvieron bajo las órdenes del mayor argentino Eugenio Mariano Necochea Saraza, fueron fundados sobre la base del “Escuadrón de Húsares de la Escolta” - antes llamado Escuadrón del Regimiento “Cazadores a Caballo de los Andes”, compuesto por soldados argentinos - creado en enero de 1821, bajo las órdenes del capitán, de nacionalidad francesa, Pedro Benigno Raulet.

Eugenio Mariano Necochea Saraza

En octubre de 1822, se modifico la organización interna de la Legión: “el batallón de Infantería sirvió de base a un Regimiento de dos batallones, llamado “Legión Peruana”; y los dos escuadrones de caballería se convirtieron en un regimiento de esa arma con cuatro escuadrones; el cuarto de estos escuadrones sirvió de base para formar el Regimiento de “Coraceros”, el mismo que adoptó el nombre de “Húsares del Perú”, a inicios de 1824”.

El historiador y periodista peruano Juan José Vega Bello, decía que este regimiento, que en sus inicios estuvo conformado por jinetes peruanos y argentinos, se llamaba “Coraceros”, pero una vez que fuera incrementado con los escuadrones organizados en Lambayeque  (Chiclayo, Ferreñafe y San Pedro), La Libertad y Piura devino en llamarse “Coraceros de Lambayeque”, desde ese momento su personal sería exclusivamente peruano, y básicamente de tez morena. El “Cuarto Escuadrón de Húsares de la Legión Peruana de la Guardia” estuvo bajo el mando del general tarapaqueño Antonio Gutiérrez de la Fuente y del entonces mayor Ramón Castilla y Marquesado, también oriundo de San Lorenzo de Tarapacá.

General Antonio Gutierrez de la Fuente

El “Cuarto Escudrón de Húsares de la Legión Peruana de la Guardia” se creó en Lambayeque.      

A escasos días de haberse producido la histórica batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, para ser más exactos: el 2 de junio de 1822, el sargento mayor de caballería del Ejército Libertador don Eufemio Aramburú, de nacionalidad argentina, fue comisionado para formar en Lambayeque: el “Cuarto Escuadrón de Húsares de la Legión Peruana de la Guardia”. El citado Escuadrón se compondría, a su vez, de dos compañías de lanceros de 150 plazas cada uno.

Para cumplir con esta misión, Aramburú, había arribado a Lambayeque, vía el puerto de Pacasmayo, acompañado de un Cuadro de oficiales y su “correspondiente base de veteranos” de esa arma. El Cuadro, en su momento, se encontraba conformado, incluyendo a Aramburú, de los siguientes efectivos: un Alférez, un Húsar, un Cabo y veinticuatro Húsares veteranos. En total 28 personas.

Uniforme de un Húsar de la Guardía

En un oficio enviado el 22 de junio de 1822, por el coronel uruguayo Enrique Santiago del Carmen Martínez Dizido, presidente y comandante general del Departamento de Trujillo, al coronel argentino Nicasio Ramallo - a la sazón, gobernador político y militar de Lambayeque - le manifestaba tomara muy en cuenta: “que era importantísimo el que en el menor tiempo posible se ponga este cuerpo en estado de expedicionar" (sic) (Archivo Regional de Lambayeque (ARL). Comandancia Militar (CM) 1821 - 1822). Para esto, el presidente del departamento, le pedía se adoptasen: “cuantas medidas sean conducentes a fin de remover todo impedimento que sirva de demora a este fin” (Ibíd.).


Enrique Santiago del Carmen Martínez Dizido

Así mismo, Ramallo, quedaba plenamente autorizado: “para establecer empréstitos con la garantía de los fondos del Estado, admitir donativos y promover los arbitrios equitativos que proporcionen los útiles necesarios, y principalmente caballos".  (ARL. CM. 1822). Ramallo, podía dar cuenta de todo lo librado - en cuanto a los gastos indispensables del Cuadro de oficiales y veteranos - tanto en la receptoría de Lambayeque, a cargo de don Andrés de Irazábal, como en la Aduana de Pacasmayo, a cargo de don Pedro José Bracho: “en cuyos establecimientos hará se tome razón de esta orden” (Ibíd.).

En su oficio, el coronel Martínez Dizido concluía instando al gobernador con estas sugerentes palabras:

    “Proclame a ese benemérito vecindario y excite su patriotismo, para que con su opinión e influjo a este importante fin (sic) que tiene por objeto la seguridad pública”. (Ibíd.).

Días antes, el 18 de junio de ese año, el coronel Ramallo había oficiado al gobernador de Chiclayo, don Antonio Solís, para que inmediatamente consiguiera 70 mulas a efecto de destinarlas al Escuadrón de Húsares que se estaba formando en Lambayeque.

En su respuesta, Solís, le hace saber, al gobernador político y militar del partido, que solamente había podido colectar 50 mulas de los arrieros “existentes” en el pueblo de Chiclayo, por estar los demás “ausentes” y otros, como en el caso de Juan Manuel Soto, por haber presentado su “papel” de excepción otorgado por ese gobierno.

Las mulas estarían en Lambayeque “sin falta” el día 20 del corriente. Esta pequeña demora se debió a que Solís se había dirigido, el día anterior, “â los montes à traerles el Pasto” (sic) (ARL. CM. 1822 – 1823). Solís, finalizaba su nota, expresando que para dar fiel y total cumplimiento a lo solicitado “debera Ocurrirse al Pueblo de Eten” (sic) (Ibíd.).

En esa oportunidad, en un gesto patriótico que lo enaltece, el coronel de caballería de milicias disciplinadas de Ferreñafe don Baltazar Muro de Rojas, ofreció, de su peculio, un peso de gratificación a cada voluntario que se alistase en el “Cuarto Escuadrón de Usares de la Guardia” (sic), que se estaba formando en Lambayeque, bajo las órdenes del comandante Eufemio Aramburú.

Baltasar Muro de Rojas, fue hijo primogénito de don Juan Joaquín Muro de Rojas, natural de Villoslada, Castilla la Vieja (España), y de doña María Isabel de Rojas Caso. "Fue: Ayudante Mayor de Caballería. Defensor de Menores y del Juzgado de Bienes de Difuntos en 1792-94. Alcalde ordinario de Lambayeque, 1801. Coronel de Caballería. Administrador de correos en Lambayeque. Ministro Principal de las Cajas reales de Cuenca, en 1818. Gobernador político y militar de la provincia en 1823. Contrajo matrimonio hasta en tres oportunidades: en primeras nupcias, con doña Josefa Guzmán Cossío, sin sucesión; después, con su sobrina doña Juana Miera Polo, sin sucesión; y por último, con doña Mariana O’ Kelly, con sucesión”. (Zevallos Quiñones: 1946, T II: 74, 75). “Baltazar Muro de Rojas, inició sus acciones patrióticas a tempranas horas del 27 de diciembre del año 1820, presentándose en Lambayeque como Comandante de las Milicias de Caballería de Ferreñafe, teniendo a su cargo 491 hombres de la Tierra de la Doble Fe”. (Jorge Manuel Idrogo Muro). La memorable noche de ese día, el partido de Lambayeque proclamo, exitosamente, su independencia del opresor régimen español.

Por constituir un documento histórico, bien vale la pena trascribir, literalmente, la carta enviada por el coronel Baltazar Muro de Rojas al coronel Nicasio Ramallo, veamos:

       Lambayeque junio 30 de 1822.

       Siento el mayor placer al resolverme á cercenar desde hoy la ración de pan á mis siete menores hijos por concurrir al auxilio de la expedición que ba á construir la Libertad de mi Patria, bajo la conducta del hijo predilecto de la victoria que nos ha enviado el cielo, canzado ya de sufrir á los monstruos de la tiranía, y despotismo, que la han oprimido tres siglos.

       La adjunta libranza es inferior á mis deseos, pero no me permite por aora otra cosa mi fortuna. Estoy contribuyendo un peso de gratificación á cada voluntario que se presenta al servicio del Escuadron de Usares, que se esta levantando para la defensa del Estado, y no excusaré contribuir á ella h[as]ta el sacrificio de mi persona e hijos, con los cortos haberes de que subsisten si para salbarlo fuere necesario, porque para todo estoy decidido, sin exigir recompensa, ni reintrego de ninguna especie.

      Dignese VS. Aceptar mi pequeña ofrenda, y las consideraciones de su mas atento y seguro servidor. (sic).

                                                                                   Baltazar Muro. (Ibíd.)

Aparte de estos nobles y significativos aportes voluntarios, los cupos, la requisa de la plata labrada de las iglesias y la colectación de empréstitos forzosos se venían ejecutando con cierta regularidad en todo el partido. Una muestra de ello lo constituye la entrega, en calidad de empréstito forzoso de 134 pesos y 6 reales, a los que se sumarían los 4 pesos de don Pedro Arriola “de los dos semestres que no había enterado, y D. José María Arriola su hijo entrego igualmente doce reales de su pertenencia” (sic), total: más 5 pesos 4 reales. Según la nota enviada por el teniente gobernador de Pacora, don José María Rivadeneira, al coronel Ramallo (ARL. CM. 1822 – 1823).

Sin embargo, las bajas por deserción del "Escuadrón Húsares de la Guardia" se habían tornado inquietantes. Un claro ejemplo lo constituye la nota, fechada el 19 de septiembre de 1822, enviada por el citado comandante, al coronel Nicasio Ramallo, gobernador político y militar de Lambayeque, donde le informa de la deserción de 18 individuos de aquel Escuadrón “desde el veinte y cuatro de Agosto hasta esta fecha” (Ibíd.).

Esto nos da una idea en cuanto a que el reclutamiento de personal, para el servicio de las armas, no siempre estuvo a la altura de las circunstancias. La leva “forzosa” o la conscripción obligatoria de todos los hombres de 17 a 50 años de edad, sobre todo solteros, no siempre dieron los resultados deseados.

La leva “forzosa” que consistía en enviar al servicio de las armas a hombres marginales o “sin importancia”, que carecían de oficio conocido o “mal entretenidos”, mendigos, revoltosos, presos, desertores etc. dieron lugar, en muchos casos, a sendos abusos, donde se reclutaban hombres a la fuerza bajo el pretexto de faltas o delitos inexistentes, a veces aprovechando las horas nocturnas, ya sea en campos, suburbios, pulperías, haciendas, etc.

Esto se dio a todo lo largo de la campaña final de nuestra independencia del opresor régimen español. Pero esto también dio pie a que ciertas autoridades se hicieran de la vista gorda con el fin de proteger a individuos que reunían algunas de las “cualidades”, no tan santas, antes mencionadas.

Un claro ejemplo de esto lo constituye la queja que una autoridad de San Pedro de Lloc, don Marcos Ortega, le hace llegar, mediante una nota fechada el 28 de octubre de 1822, al coronel Ramallo, gobernador político y militar del partido de Lambayeque. En ella, Ortega, le manifiesta que el teniente gobernador de ese pueblo: “…disimula los mejores hombres para el servicio, por consideraciones de ser ellos de la misma población, y vecinos de los riquitos de la población, y solo pone la atención en aquellos casi inutiles para el sevicio y pobres huerfanos labradores habiendo en dha. poblacion y circuitos de ella tantos hombres bagos lleno de todos los bisios” (sic). (ARL. CM. 1822).

Eusebio Ortega, se quejaba de no haber cumplido con reclutar a esos hombres porque su accionar era limitado y no contaba con ningún auxilio. Esa era también una de las causas por la que se burlaban de él; como lo había hecho el alcalde de naturales de dicho pueblo don Eusebio Ulfe, que aparte de negarle los auxilios necesarios que, Ortega, le había solicitado con anticipación, había echado a la calle, “por autoridad propia”, a los mejores reclutas que se encontraban retenidos en la cárcel. Además el alcalde de naturales le había “rebatido” en público: que si no largaba a los que el mismo señalaba “los botaria á todos” (sic). Ortega, se lamentaba: “si verdaderamente lo egecuta se quedara echo por no tener yó como contenerlo” (sic) (Ibíd.).

De todo esto no se libraba ni el mismo alcalde de San Pedro de Lloc, don José Cayetano Vertiz, “ni todos los demás jueces” (Ibíd.). El citado alcalde, relata Ortega, franqueo “pasaporte á un recluta que lo tenia en deposito quitándolo a uno de los rregidores con el mayor escandalo en la Calle publica, asiendo poco caso de mi comicion sin atender a mis rrasones prudentes, injuriándome con palabras denigratorias” (sic) (Ibíd.). A raíz de todos estos vejámenes, Ortega, le solicitaba al gobernador político y militar del partido de Lambayeque, le enviara “caso de considerarlo justo” de cuatro a seis hombres “para de esta manera juntarme con siquiera treinta reclutas de los muchos bagos que estan metidos en las mismas casas de esta población, facultandome para todo bajo rresponsabilidad" (sic) (Ibíd.).       

El 22 de enero de 1823, se publicó un bando o aviso que se fijó en carteles públicos en toda la jurisdicción del partido de Lambayeque, amén de haberse pregonado, a viva voz, por las principales calles. El citado instrumento, emitido por el presidente de la intendencia de Trujillo el 16 de enero de ese mismo año, daba cuenta del "indulto" que se había practicado a los desertores del Ejército Libertador, con el fin de que retornaran a sus respectivos cuerpos.

A fines de febrero de 1823, el presidente de la intendencia de Trujillo hizo público otro bando, en el cual se prevenía que de los cuerpos cívicos o milicias disciplinadas de la ciudad de Lambayeque y su partido, se “organise uno” (sic) para que pase a Trujillo “al mando del oficial encargado”. Esto, con la finalidad de engrosar los cuerpos que en esa ciudad se encontraban.

En una nota enviada el 7 de abril de 1823, por el gobernador de Chiclayo, don José Antonio Solís, al gobernador político y militar del partido de Lambayeque, coronel Baltazar Muro de Rojas, le manifestaba que el problema para dar fiel cumplimiento con dicha orden: era el que los desertores del "exercito y escuadrón de la recluta de Usares” (sic) no se habían presentado a pesar del “indulto” que se les había concedido el 16 de enero de 1823. Para ese momento habían trascurrido dos meses de la publicación del bando, con lo cual ya había caducado o vencido la gracia, el perdón o la amnistía.

A raíz de esto, el presidente de la intendencia de Trujillo prorrogó dicho término por 15 días más. La orden se publicó por bando el 5 de abril de 1823 en Chiclayo, y fue dirigida, manifiesta Solís en su nota al coronel Baltazar Muro, “sin perdida de tiempo” (sic) al teniente gobernador de Monsefú para que “alli practicara la misma diligencia de publicación, hasiendo siguiera su destino a los demás Pueblos hasta el de San Pedro” (sic) (ARL. CM. 1823). Tanto Chiclayo como San Pedro de Lloc pertenecían, por aquel tiempo, al partido (provincia) de Lambayeque.

En la Gaceta de Gobierno del 12 de abril de 1823, consta que el coronel de caballería de Ferreñafe don Baltasar Muro de Rojas y el teniente coronel don Manuel Ojeda, proporcionaron, cada uno, cien pesos “para los que voluntariamente se alistasen en dicho cuerpo”, y que la dama lambayecana doña Catalina de Agüero López Vidaurre, costeó el estandarte de uno de estos escuadrones. Lo que no se precisa es si dicho estandarte era para el "Escuadron de Húsares de la Guardia", en plena formación, o para el Cuerpo que debía crearse, también en esta ciudad, con el fin de marchar a Trujillo. 

El 9 de agosto de 1823, el coronel Pedro Manrique daba cuenta de la “Razón de las Reclutas” que habían entregado los pueblos de Chiclayo, Monsefú, Olmos, Ferreñafe, etc., del partido de Lambayeque, y que habían caminado con destino a la ciudad de Trujillo, a engrosar las filas del Ejército Libertador. Son parte de los cientos de soldados lambayecanos que asistieron o regaron con su sangre los campos de batalla de Junín y Ayacucho. Son parte de aquellos miles de desconocidos compatriotas - campesinos, comuneros, indios, negros, mulatos, zambos, pardos, mestizos y criollos - que la historia oficial denomina “Héroes Anónimos”.


Bibliografía

Documentos

Archivo Regional de Lambayeque (ARL)

Comandancia Militar. 1821 - 1822

Comandancia Militar. 1822

Comandancia Militar. 1822 - 1823