Efigie
de Jesús Resucitado. Iglesia San Pedro de Lambayeque (Parroquia de Lambayeque)
Hasta hace poco más de un
siglo atrás, en la madrugada del domingo de Pascua de Resurrección, se
celebraba, en la iglesia San Pedro de la generosa y benemérita ciudad de San
Pedro de Lambayeque, la Misa de Resurrección, tal y como hasta ahora se ejecuta.
Luego, a las seis de la
mañana, salían dos procesiones. Por la puerta principal o de la “Esperanza”,
aquella que da a la antigua calle de “San Roque” hoy calle “2 de Mayo”, salía
el anda de la Dolorosa, con rico manto negro, y por la puerta del “Perdón”, que
mira a la Plaza de Armas “27 de Diciembre” de esta ciudad, Jesús Resucitado, con
cabellera postiza, vestido con una especie de trulla, con una banda roja, que
le cruzaba el tórax, y la mano derecha en alto, portando una bandera roja
adornada con lentejuelas.
“El día domingo al rayar la aurora, cánticos y oraciones acompañan por diferentes rutas a Cristo, resucitado, y a María, la Virgen Madre, para realizar el acto del Encuentro. Ya a la vista, ambas imágenes se inclinan reverentes y manos infantiles descubren el rostro, cubierto de primoroso velo, de la Virgen”.
Esta procesión se
mantiene hasta nuestros días casi sin ninguna variante. Madre e hijo, después
de rodear la plaza se encuentran, en la mitad del recorrido, frente al local
del Casino Civil Militar de Lambayeque, haciéndose, ambas imágenes, tres
ceremoniosas venias.
El Encuentro
La efigie que representa
a Jesús Resucitado, es de estilo barroco, data del siglo XVIII y su autor es
anónimo. Se trata de una talla de madera policromada, de pie y de frente, ojos
de cristal, Tiene una altura de 1.57 m., y reposa sobre una peana de madera, pintada
de color verde, de 0.12 m. de altura.
Es la imagen de un cristo
erguido, el pelo recogido por detrás hasta la espalda, tapándole completamente
ambas orejas, rostro ovalado, frente despejada, cejas algo arqueadas color
castaño claro, ojos grandes con el iris color castaño, los parpados superior e
inferior pintados, la nariz recta, la boca entreabierta, los labios encarnados,
bigote con las partes cercanas a las comisuras rasuradas y barba rizada.
El brazo Izquierdo
blandiendo en su mano el estandarte glorioso de la Resurrección y la mano
derecha se levanta suavemente como signo de bendición y saludo. La pierna
derecha ligeramente flexionada, sus pies descalzos. Un Cristo poderoso que
triunfa sobre el pecado y sobre la muerte.
En la mayoría de ocasiones
viste faldellín de terciopelo rojo bermellón y una ancha banda que se apoya
sobre el hombro derecho, también de terciopelo del mismo color; ciñe su cintura
un ancho cinturón con dos extremos, todo adornado con motivos dorados. Presenta pintados de color rojo la herida
del costado derecho y las de ambas manos y pies.
Efigie de Jesús Resucitado
(2022)
A la imagen se le
presenta con un rostro sereno, de mujer joven, no coincidiendo la
representación con la edad que debía tener María cuando se realizó el encuentro
con Jesús resucitado. Posee una frente amplia y despejada, finas cejas que en
buena parte han perdido su color castaño claro, ensoñadores ojos de cristal con
el iris color castaño, diminutas pestañas pintadas, nariz recta, labios
cerrados, barbilla redondeada y una papada destacada, los brazos flexionados a
la altura de la cintura y hacia su pecho, con las manos abiertas y los dedos
ligeramente flexionados.
El ovalo del rostro
enmarcado por un velo de color blanco transparente deja traslucir una cabellera
corta, pintada de color castaño oscuro, y el lóbulo de los pabellones
auditivos. La encarnadura de tono pálido adquiere tonos rosados en mejillas
labios y barbilla. Viste túnica y manto de color blanco, ciñe su cintura un
grueso cíngulo de tela plateada y dorada.
La Dolorosa o Virgen de
la Aurora, vestida de blanco.
Para la procesión se la
viste con un manto de terciopelo de color negro. Realizado el feliz encuentro
una jovencita vestida de blanco sube al anda de la Dolorosa y le quita el manto
de riguroso luto, para reemplazarlo por un rico manto de color celeste adornado
con motivos florales elaborados en finos hilos dorados, en prueba de que el
duelo ha terminado hasta el siguiente año. Todo esto, en medio de los aplausos
de la numerosa concurrencia de fieles. Poco después ambas imágenes hacen su
ingreso al Templo por la puerta “del Perdón”, al son de repiques de campanas,
quema de cohetes y alegres melodías ejecutadas por una banda de músicos de la
localidad.
“Cristo ha resucitado,
los cohetones y plegarias junto al humo del incienso suben a su encuentro
llevando un pedido de fe y de esperanza, en este mundo que los vio nacer”.
La Dolorosa o Virgen de
la Aurora en su traje de fiesta
Desde siempre y durante
la Semana Santa la población lambayecana prepara potajes especiales para estos
días de recogimiento y oración, entre los que destacan la guitarra guisada; el
cebiche; pepián de pava; manías; frito; boda de pato; nacidos y otros platos
tradicionales más, preparados por experimentadas manos culinarias de la
localidad y cuya sazón ha rebasado sus fronteras. Por todo esto Lambayeque se
ha convertido en la “Capital Gastronómica del Norte del Perú”. Y qué decir de
sus exquisitos dulces, como las empanaditas de “ña Millán” y los famosos
alfajores (King Kong), delicias del paladar más exquisito.
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