martes, 4 de julio de 2023

Una breve reseña histórica de la Sociedad de Beneficencia Pública y el Hospital Nuestra Señora de Belén de Lambayeque


No cabe duda que la historia de las Sociedades Benéficas en el Perú tiene antigua data, pues las encontramos en la etapa colonial o virreinal. Este solo hecho las convierte en las instituciones más antiguas de todas las que posteriormente surgieran en el Perú republicano. La influencia hispana no solo trajo la religión, sino también el ejercicio de prácticas filantrópicas caritativas, claro reflejo de la expansión de esta. 

En el Perú, a pocos años de la invasión y conquista española, se forman grupos humanos que ejercen, de muto propio, labor de beneficencia, de amor al género humano, de dedicarse a hacer el bien a los que carecen de lo más necesario, y es través de estos grupos que se canaliza la solidaridad y ayuda a los enfermos y necesitados. Dicho de otro modo, se convierten en vehículos de expresión de la solidaridad humana y de ayuda al prójimo, de esa población que ahora llamamos en riesgo o vulnerable.    

Ya en el siglo XVI, con ocasión de la firma de la capitulación de Toledo, el 26 de julio de 1529 - suscrita por la reina de Castilla, Aragón y Navarra Juana I, llamada “la loca”, aprobando la capitulación concedida por su hijo Carlos V a Francisco Pizarro para la conquista y población del Perú - se hizo mención a la necesidad de fundar una entidad benéfica en nuestro país, cuando en sus considerandos números 20 y 21 expresa: 

    20. Otrosí, que haremos merced y limosna al ospital que se hiziere en la dicha tierra, para ayuda al remedio de los pobres que a ella fueren, de cient mill maravedís, librados en las penas de la Cámara de la dicha tierra.

     21. Ansí mesmo, de vuestro pedimento e consentimiento de los primeros pobladores de la dicha tierra, dezimos que fazemos merced, como por la presente la fazemos, a los espitales de la dicha tierra, de los derechos de la escobilla e relaves que oviere en las fundiciones que en ella se hizieren, e dello mandaremos dar nuestra Provisión en forma. (sic).

La Capitulación de Toledo firmada el 26 de julio de 1529.

Como acabamos de ver, una de las primeras medidas adoptadas en esta tristemente, por otros motivos, famosa Capitulación, fue la de disponer la construcción de hospitales, por tal motivo es posible afirmar que la obra de las Beneficencias se inició en estas instituciones.   

La actual ciudad de San Pedro de Lambayeque fue fundada a mediados del siglo XVI, en sitio cómodo y aparente, rodeado de tierras fértiles, bañado por las aguas de un rio, hoy desaparecido, espacio circundado por extensos médanos o dunas de arenas movedizas y cambiantes que servían para protección de los fuertes vientos alisios o del sur, brindando, a su vez, cierta calidez en el invierno, y, sobre todo, el pueblo de San Pedro de Lambayeque fue fundado, en su actual asiento, a voluntad y satisfacción del cacique principal, de los pachacas principales y los representantes de la nobleza nativa local.    

A lo largo de todo lo que resta del siglo XVI, no se ha podido ubicar documento o instrumento alguno que nos dé razón de la existencia de un hospital en este, otrora, primitivo pueblo de “San Pedro de Lambayeque”, así su denominación original.

Como hemos visto anteriormente, cuando los españoles fundaban ciudades, villas y pueblos en el nuevo mundo, en casi todos los casos se reservaba un terreno para la construcción de un hospital. En Lambayeque es muy difícil, casi imposible, encontrar referencias de la existencia de un centro hospitalario en el siglo XVI, debido a la carencia absoluta de fuentes de tan temprana época en los archivos públicos, eclesiásticos y de las Sociedades de Beneficencia Pública de nuestra región. En síntesis: no contamos, hasta la fecha, con una data histórica respecto a la existencia de un hospital en el pueblo de Lambayeque para el mencionado siglo.    

Los datos sobre la existencia de un establecimiento para diagnóstico y tratamiento de enfermos, ósea de un hospital en esta ciudad, los encontramos en documentos de finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. También en manuscritos sueltos que revisara el fraile dominico Ángel Menéndez Rúa, y los insertara en su libro Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque, aparecido en 1935.    

Así tenemos que, en 1683, se menciona el reconocimiento de un censo o gravamen, algo así como una hipoteca colonial, que dice: […] para el hospital de este Pueblo de Lambayeque”. En otro documento fechado en 1688, se hace mención al hospital de Lambayeque en estos términos: […] han de pagar los dichos indios un real y medio de a ocho, para el hospital de su repartimiento”. 

En 1689, Félix de Parres, padre jesuita, escribe la Relación de las Misiones Jesuitas de Saña y Lambayeque, dirigida al Provincial Francisco Xavier, en esta Relación, De Parres, escribe: “Assi llegamos al grande y numeroso pueblo de Lambayeque, distante 40 leguas de este colegio…Ay en esta ciudad un hospital, que esta a cargo de los religiosos de San Juan de Dios…” (sic) (Torres, s/f.). Y, por último, en 1719, se registra un censo de 400 pesos, impuestos […] a favor del hospital de Lambayeque”. 

De todo lo expuesto se deduce existió un hospital en Lambayeque, tal vez, desde mediados del siglo XVII y principios del siguiente siglo, a cargo de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, orden mendicante católica fundada en 1572, por discípulos de San Juan de Dios.  La nefasta y cíclica presencia del fenómeno El Niño, muy fuerte, en los aciagos veranos de 1720 y 1728, echarían por los suelos las primitivas estructuras de este primigenio nosocomio lambayecano, denominado Hospital Real de San Carlos. Desgraciadamente no hemos podido ubicar, hasta el momento, ningún instrumento que nos permita dar con la exacta ubicación de este antiguo hospital lambayecano. 

Otra prueba irrefutable de su existencia lo constituye el informe firmado por los curas de las cuatro capillas doctrinales o “ramadas”, como la denominaban los aborígenes, fechado el 24 de octubre de 1786, cuando, como veremos más adelante, ya estaba fundado el flamante hospital de Nuestra Señora de Belén. En uno de los párrafos del citado instrumento se lee lo siguiente: “El Hospital que existía en este pueblo hace poco más de cuarenta años”. Prueba irrefutable de la existencia de un hospital en el pueblo de Lambayeque, con más antigüedad que el hospital fundado por la Orden de los Betlemitas.

Ahora bien, ante la carencia de un hospital en el pueblo de San Pedro de Lambayeque, que velase por la salud de los pobladores, se elevan sendos recursos, peticiones y memoriales, tanto al virrey como también al rey. En ellas no se hace ni la más leve mención al desaparecido hospital de naturales de este pueblo.    

El segundo hospital de esta ciudad fue construido gracias a una petición del corregidor don Carlos Vigil Ramírez de Miranda, en 1778.    

El 3 de agosto de ese mismo año, los Asistentes Generales de Lima, con intervención del fiscal de la Real Audiencia, otorgan la respectiva “Escritura de Obligación” a los religiosos Betlemitas para que tomen posesión del sitio en que se ha de levantar el hospital en esta ciudad. Esta Orden fue fundada en 1656 en Guatemala por el misionero español Pedro de San José de Betancur, con el único fin de servir a los pobres.    

El 2 de julio de 1780, se expide una Real Cédula, firmada por el Rey Carlos III, por la que se aprueba la fundación de un hospital en Lambayeque, el que debe ponerse a las órdenes de los Religiosos Betlemitas.

El rey Carlos III de España

Las torrenciales lluvias y fatal inundación que asolaron esta ciudad en el verano de 1791, arruinaron en gran parte las estructuras del nuevo hospital que, por su situación, al noroeste de la ciudad y en la vera misma de su temperamental rio, fue presa fácil de las aguas desbordadas. Reconstruido en parte y a duras penas, las inundaciones del verano de 1815, nuevamente volvieron a causar serios daños a las estructuras del hospital. No cabe duda, la naturaleza le había impuesto su fatal destino en la historia. 

El antiguo y desaparecido hospital Belén de Lambayeque, se encontraba ubicado en el espacioso terreno donde hoy se levanta una dependencia militar en la calle Charles Sutton, justo a un costado, e inmediato, a la orilla de su, ahora, desaparecido río. Para más detalles en la zona comprendida hoy por la calle José Gálvez (antes del Puente) y su prolongación hasta la calle Baca Matos (antiguo cauce del desparecido río de Lambayeque), de Sur a Norte. Y la prolongación Baca Matos y prolongación Iturregui; concretamente: el sector Oeste de la calle José Gálvez. Su extensión era de 283 varas de frente por 123 varas de fondo.  

En 1819, don Joaquín de la Pezuela Griñan y Sánchez Muñoz de Velasco, Marqués de Viluma y trigésimo sexto Virrey del Perú, crea la primera Junta de Real Beneficencia de Lima. Esta institución tuvo a su cargo la administración del Ramo de Suertes, la Plaza de Toros, el Cementerio General y Hospitales en la capital.

Joaquín de la Pezuela Griñan y Sánchez Muñoz de Velasco.

El historiador de la República Dr. Jorge Basadre, nos dice: “consumada la Independencia del Perú, un decreto de octubre de 1825 creó en Lima la “Junta de Beneficencia” bajo la presidencia del vocal de la Corte Suprema. Pero en julio de 1826 fue establecida una dirección general de beneficencia, dotándosele de rentas. Esta estuvo compuesta de un director, un contador y un tesorero. Este nuevo régimen no dio buenos resultados.    

El 17 de junio de 1834, a inicios de nuestra vida republicana, marcada por una etapa de profunda división social y una continua guerra civil, el breve gobierno del presidente Constitucional Mariscal don Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo, expide la primera Ley Orgánica de Beneficencia Pública. Decreto mediante el cual se instituye el nombre de Sociedad de Beneficencia de Lima. A partir de la dación de esta Ley, se irían creando progresivamente entidades benéficas en todo el país.

Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo


En torno al “Acta de fundación” de la Sociedad de Beneficencia de Lambayeque

Aunque de ninguna manera se trata del “Acta de Fundación” de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque, por cuanto ésta no ha sido ubicada hasta el momento y, por lo tanto, se supone permanece extraviada, existe un viejo documento que hace referencia, no al día y mes en que fuera creada dicha institución benéfica, ni siquiera indirectamente como sostienen algunos estudiosos, sino al año y al nombre del artífice de esta obra y, de paso, a los miembros de su primera junta directiva.    

El expediente lleva por título: Poder de la Junta de Beneficencia Pública de Lambayeque a Don Manuel Salcedo. Se encuentra escrito en papel de medio real, sello sexto, para los años de 1836 – 1837. 

A continuación, la copia literal del citado poder, veamos: 

    “En la ciudad de Lambayeque, a los diez días del mes de mayo de mil ochocientos treinta y seis. Ante mi el Escribano público de Gobierno, Guerra e Hipotecas y testigos, parecieron los señores, don José Andrés Delgado; don Diego José de Lynch, Cura y Vicario de la Provincia; don José Vélez; Fraile Manuel de Belén; don Tomas Ortiz Tenorio; don José Rosas Varela y don José María de Porras, que componen la Junta de Beneficencia Pública, creada por el Sr., Don Pedro Cisneros, Coronel de Ejército, Comandante Militar y Subprefecto de la Provincia, y dijeron que, por cuanto dicho Señor Subprefecto en comunicación de fecha cinco del corriente, trasmite a la Junta las facultades que ha recibido del Poder Ejecutivo en la parte que dicha comunicación expresa”, que dice así: 

    “República Peruana- Comandancia General y Subprefectura de la Provincia.- Lambayeque Mayo cinco de mil ochocientos treinta y seis. Al Sr. Presidente de la Sociedad de Beneficencia Pública de esta ciudad.- Devuelvo a Ud. el manifiesto de las sumas que se adeudan al Hospital de Belén de esta ciudad, que la junta que Ud. preside se ha servido remitirme y advirtiendo que no se realizan las dependencias dentro y fuera de la Provincia por falta de un Personero Activo que practique las diligencias necesarias para la recaudación; Autorizo bastantemente para que confiera poder o poderes que estime conveniente a las personas de confianza para que procedan ejecutivamente contra los deudores, en uso de los privilegios que las Leyes conceden a las obras pías.- También le autorizo para que nombre un Tesorero de responsabilidad y abono, que administre los fondos de beneficencia, recibiendo las cantidades que se recauden, los dos mil pesos que generosamente ha cedido don José Vélez y las demás sumas aplicables a los piadosos objetos que están a cargo de la Junta de cuyos fondos seguirán sufragando los gastos precisos e indispensables que ocurran, previa la cuenta exacta y  documentos que llevará de sus  ingresos y egresos.- Dios  Guarde a Ud.- Pedro Cisneros. 

Después de la paciente lectura del documento, podemos argumentar, ahora, que éste constituye el Acta fundacional de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque, evidentemente que no, de ninguna manera. 

Lo que si podemos sostener es que el artífice de la creación, en el año de 1836, de la denominada “Junta de Beneficencia de Lambayeque” germen fructífero de la actual Sociedad de Beneficencia Pública de esta generosa y benemérita ciudad, fue el coronel del Ejército Peruano don Pedro Nolasco Cisneros de la Torre, a la sazón comandante militar y subprefecto de la provincia de Lambayeque.

Coronel Pedro Nolasco Cisneros de la Torre

El coronel Pedro Nolasco Cisneros de la Torre, de padres de nacionalidad española, nació en la ciudad de Lima el 31 de enero de 1803. Fue un destacado militar y político peruano. Estuvo presente en las gloriosas batallas de Junín y Ayacucho (1824) Llego a ostentar el grado de general de brigada del Ejército del Perú. Fue prefecto de diversos departamentos; miembro de la Junta Provisional de Gobierno del Cuzco (1843); ministro de Guerra del Perú (1850-1851); senador por Junín y presidente del Senado del Perú (1851). Era ya anciano, pero no dudó en volver al servicio cuando la patria lo requirió; fue así como luchó en el combate del Callao o del Dos de Mayo, librado contra la Escuadra Española en 1866. 

Al estallar la Guerra del Pacífico, se mostró presto para contribuir en la defensa de Lima, encargándose del entrenamiento de la Guardia Nacional. Ocupada Lima por los chilenos, apoyó al alcalde Rufino Torrico en sus esfuerzos por obtener garantías para la población. Dejo de existir el 9 de diciembre de 1893, a la avanzada edad de 90 años. Todo un personaje.

También podemos deducir, que su primer presidente lo fue el Dr. don José Andrés Delgado Fernández de la Cotera, hijo legitimo del licenciado don José Andrés Delgado y Gardea, abogado de las reales Audiencias de Lima y Quito y de doña Clara Fernández de la Cotera y Duran, hija legitima, a su vez, de don Pedro Fernández de la Cotera

El primer presidente de la Beneficencia de Lambayeque, nació en esta ciudad, en la hermosa y solariega casona virreinal que hoy conocemos como casa “De la Cotera” o "Casona Descalzi”.

José Andrés Delgado Fernández de la Cotera (Colección: García Echevarría)

Permítasenos también lanzar una hipótesis de trabajo, porque no aspira a más, y es en el sentido de que particularmente creemos ya existía, tal vez, desde antes de 1836, una sociedad benéfica en esta ciudad. Los documentos antes mencionados parecen probarlo. La presencia, como miembro de la Junta de Beneficencia en 1836, del fraile betlemita Manuel de Belén, artífice de la construcción del hospital “Nuestra Señora de Belén” desde 1787, y después su ecónomo, es también una clara muestra de ello.    

El 17 de septiembre de 1836, mediante Decreto expedido por el Protector de la Confederación Peruano Boliviana, Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, se dispone, ampliando la ley de 1834, que estas instituciones sociales se implanten en las capitales de Departamento. Posteriormente el Decreto Supremo del 25 de Abril de 1837, dispone que se establezcan Juntas de Beneficencias en todo el país donde existan poblaciones.

Andrés de Santa Cruz y Calahumana

El 28 de octubre de 1848, Se dicta el primer Reglamento Orgánico, para las Sociedades de Beneficencia de provincias. Debían componerse dichas entidades de cinco individuos en cada capital. Eran funciones de ellas; cuidar de los establecimientos piadosos; velar sobre los hospitales y sobre la inversión de sus rentas; reivindicar los bienes caídos en manos ajenas; edificar cementerios o administrar los existentes. Estas juntas estaban subordinadas a la autoridad política, en este caso al subprefecto de cada provincia.  

En 1850, tras minucioso inventario, pasaron enseres y rentas, el pasivo y el activo del arruinado hospital, a la Junta de Beneficencia de Lambayeque.    

Ante el incesante clamor del vecindario lambayecano porque se restituyera “una casa de misericordia”, un hospital en su ciudad, la Junta de Beneficencia optó por construir dicho edificio en el terreno, que para tal fin había donado en su testamento del acaudalado terrateniente don Pedro de Estela. Se trataba del espacio que ocupara la desaparecida tina de elaborar jabón “Nuestra Señora del Rosario”, de su propiedad. Que viene a ser el terreno que actualmente ocupa el Hospital “Nuestra Señora de Belén” en esta ciudad, propiedad de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque. 

La presencia del recurrente fenómeno El Niño, muy fuerte, de los veranos de 1866, 1871 y 1878, arruinaron en parte las primitivas estructuras de este hospital. A raíz de esto se quiso trasladar el hospital a sitio más seguro, pero sin éxito.    

En sesión de directorio del 5 de agosto de 1885, por Decreto Supremo expedido el 20 de julio de ese año se pasaron los fondos de la Beneficencia a la Municipalidad. El motivo radicaba en el estado de abandono y cierre en que, por aquella época, se encontraba el hospital de esta ciudad, ya que abría sus puertas “solo con intermitencias”, relata el cura dominico Ángel Menéndez Rúa. 

Gracias al tesonero celo del tesorero de la Beneficencia Sr. Juan Manuel Barandiarán, y estando está bajo la presidencia de Sr. Bernardino Salcedo Peramás, el hospital reabrió sus puertas permanentemente el 28 de noviembre de 1886. Es también en ese año, y por la razón antes mencionada, que la Municipalidad devuelve a la Beneficencia todas sus rentas, dando una muestra de generosidad y desprendimiento propios del bien común a que estaba dedicado este nosocomio.

Bernardino Salcedo Peramás

El 02 de noviembre de 1889, mediante Ley expedida por el Gobierno del general Andrés Avelino Cáceres, se encarga a la Beneficencia la administración de los bienes de las cofradías, archicofradías y congregaciones de ese género. La Beneficencia de Lambayeque asume entonces los bienes de varias cofradías existentes en su provincia, entre las cuales se encontraban la del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Purísima Concepción, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Rosario, etc.

   Andrés Avelino Cáceres

El 02 de octubre 1893, durante el gobierno del presidente constitucional Remigio Morales Bermúdez, se emite una Ley que define una nueva estructura de las beneficencias y las caracteriza como públicas o particulares. La de Lambayeque se ubica entre las primeras.

    Remigio Morales Bermúdez

Algunos años después, por Resolución Suprema dictada el 21 de agosto de 1896, bajo el gobierno de Nicolás de Piérola Villena, se ponía en conocimiento de la ciudadanía en general que la administración de los cementerios correspondía única y exclusivamente a las sociedades de Beneficencia. Desde esa fecha la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque es poseedora del terreno que alberga el cementerio “El Ángel” de esta ciudad y corre con su administración.

Nicolás de Piérola Villena

Un año antes, en el verano de 1895, el cementerio de esta ciudad había sido arruinado totalmente por las torrenciales lluvias y sobre todo por la inundación de las aguas que fueron desviadas más al norte de lo que fuera el molino Mocce, propiedad del Sr. Sebastián Oneto Dall'Orso, para proteger tanto el molino como la ciudad de una inminente inundación.    

La familia Cartagena, de vasta raíz lambayecana, muy devota y dotada de un alto espíritu de servicio, a la par de estar muy bien relacionada con los principales elementos de la sociedad, se encargó de organizar el trabajo de levantar el arruinado cementerio. Para esto contó con el desinteresado apoyo del pueblo, que no percibió ningún jornal sino solo el alimento, y de las principales autoridades de la localidad. Tal fue el entusiasmo generado en la población que, al año siguiente, en horas de la mañana del 2 de noviembre de 1896, se inauguraba el cementerio.    

En esa fecha se trasladó desde la iglesia San Pedro de esta ciudad la magnífica efigie, de madera policromada y ojos de vidrio, de Cristo Yacente, colocado en una elegante urna de madera cerrada de lunas trasparentes. En esa oportunidad también se inauguró la moderna capilla, con sus torrecillas campanario, y oratorio.

Cementerio General El Ángel de Lambayeque (1919). En esta antigua vista se puede apreciar la potada principal, a la derecha y a la izquierda la portada, en ochavado, del lado sur. Al fondo la hoy desaparecida y vistosa capilla, con sus torrecillas campanario.  (Fotografía Juan Dégola Chávez. Colección: Vicente Gustavo Sierra León).

Como toda institución la Sociedad de Beneficencia Pública de esta ciudad atravesó, a finales del siglo XIX, un periodo de decadencia y de inercia tan notables que el Supremo Gobierno se vio en la necesidad de reorganizarla por decreto de 2 de agosto de 1901. Veinte días después, el 22 de agosto de ese mismo año, se instaló bajo la presidencia del Subprefecto de aquella época Sr. Domingo Argote. 

El desinteresado, constante y arduo trabajo, a que se sometieron los miembros de esta junta reorganizadora, logró recuperar la imagen de la alicaída institución, destacándose entre estos el filántropo lambayecano Sr. Bernardino Salcedo.     

Tan es así que pocos años después, la noche del 28 de julio de 1905, inaugura su flamante sede institucional. En el local que para este fin había donado diez años antes en 1895, don David Doig, miembro integrante del directorio de la Beneficencia de Lambayeque. Por aquellos años las sesiones del directorio se realizaban, por turno, en cada una de las casas de sus integrantes. El emblemático local se ubicaba en una de las esquinas de la plaza de armas de esta ciudad, a un costado del Casino Civil y Militar de Lambayeque. 


Casa Doig en Lambayeque. Primer local de sesiones de la Beneficencia Pública de Lambayeque (Memo Luna, 2020)   

Al día siguiente, el Diario “El País” de la ciudad de Chiclayo, daba cuenta de la construcción e inauguración del nuevo local para el funcionamiento de las oficinas de la Sociedad de Beneficencia Pública en Lambayeque, veamos:

    […] el acto revistió las mayores solemnidades, habiendo asistido la corporación mencionada (los miembros del directorio de la Beneficencia) con el señor subprefecto de la provincia, y demás autoridades locales, acudiendo también a la invitación las principales familias de la localidad.    

    Al dar cuenta de este acto que dice muy bien de la sociedad de Beneficencia de Lambayeque, cumplimos con felicitarla…”      

En esa memorable ocasión, en su discurso inaugural, trascrito en el mismo Diario chiclayano, el Dr. Baltazar Lamonja, a la sazón presidente de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque, manifestó, entre otras cosas, lo siguiente:  

    “La virtud sublime de la caridad fue la que dio origen a las beneficencias, y por esta razón no solo los Gobiernos ilustrados sino todos los hombres de nobles sentimientos y de ideas elevadas prestan su decidido apoyo a instituciones de esta naturaleza, cuyo fin primordial es el amparo a los desvalidos, cuyas dolencias cura a la vez que trata de mitigar sus penas.

    Para llenar debidamente tan importante misión es necesario que los hombres que las componen tengan la firme resolución de practicar el bien, no omitiendo sacrificio alguno, sin aspirar a otra recompensa que escuchar la elocuente voz de la conciencia honrada que les asegura han cumplido sus deberes”. 

En sesión de directorio, efectuada el 28 de agosto de 1923, bajo la presidencia del Sr. David Delgado, se aprobó el plano y presupuesto elaborado por el Sr. Carlos A. Williams, para la construcción de dos modernos pabellones en el hospital “Nuestra Señora de Belén” de esta ciudad, uno para el personal militar y para civiles el otro.    

Las copiosas lluvias y la fatal inundación del lado norte de esta ciudad, como consecuencia de la presencia cíclica del fenómeno El Niño en nuestro litoral, echaron por tierra nuevamente el Cementerio "El Ángel" de Lambayeque. El agua subió hasta 1.50 m. de altura al interior de él, quedando totalmente inundado y arruinado. Su singular capilla, muros de circunvalación y casi todos los nichos vinieron por tierra al extremo que muchos cadáveres fueron arrastrados hacia el mar. Tal fue la catástrofe, que se tuvo que habilitar un cementerio provisional en un alto médano, cercano al lugar donde estuvo el antiguo y desaparecido hospital betlemita, casi a la altura del desaparecido puente de la “Carramuca”, al noroeste de la ciudad. 

Cuenta el fraile dominico Ángel Menéndez Rúa que Gamaliel Portilla, vecino de esta ciudad, 

   […] acompañado de otros varios, sustrajeron la imagen del Señor Yacente de la inminente ruina que amenazaba la destrucción de la Capilla, como así sucedió nada más poner a salvo la Efigie, la cual se venera en esta Iglesia, esperando el buen día de poder ser trasladada procesionalmente a una nueva Capilla que en la necrópolis se le haga” (Ob.cit. 1935:    

Efectivamente, la talla de madera policroma de aproximadamente 1.80 m de longitud, no es otra que la que se encontraba ubicada, hasta hace algún buen tiempo atrás, en la mesa de altar exenta (de ladrillo revestida con yeso fuerte) a los pies del retablo barroco, de un solo cuerpo y forrado enteramente en finas hojas de pan de oro, de la Virgen de Dolores o la Madre Dolorosa que se emplaza en el primer cuerpo de la torre campanario del lado sur de la iglesia, nave de la Epístola. Hoy en día la efigie del Señor Yacente, se encuentra en la mesa de altar de la Capilla del Siglo XX, en el pueblo joven “San Martín” de esta ciudad (Izquierdo Castañeda, 2012: 21, 22).  

   Efigie de Cristo Yacente (Memo Luna, 2019)

La obra de reconstrucción del nuevo panteón se debió a la tesonera labor realizada por el presidente de la Sociedad de Beneficencia de Lambayeque de aquel entonces Sr. Enrique Baca Mattos y al inspector del cementerio Sr. Rodrigo Delgado. El estudio fue elaborado por el ingeniero Sr. Luís Antonio Noya 

 


                              Arquitecto Víctor Armando Mora Flores                       Enrique Baca Mattos

Constaba el cementerio de treinta y tres mil metros cuadrados, con un frontis de ciento cincuenta metros por un fondo de doscientos veinte metros. Contaba con un cerco perimétrico de cemento armado, con doble alma de hierro, formada cada armazón con varillas verticales de media pulgada y horizontales de un cuarto de pulgada, cada veinte y cada quince centímetros respectivamente. Tenía contrafuertes o estribos de sostén y refuerzo de siete en siete metros diseminados por todo el perímetro.    

El costo total del cerco perimétrico, las verjas de la frontera, puertas y veredas, así como la construcción de 110 nichos en cemento armado para adultos, y 60 nichos para párvulos, fue de $ 27,392.98. De los cuales la Sociedad de Beneficencia aportó la suma de $ 11,771.88; el Supremo Gobierno, en tres partidas, $ 10,000.00; la Municipalidad Provincial de Lambayeque $ 1,000.00; la Comisión de Irrigación $ 2,404.00; de las erogaciones de particulares se recaudaron $ 2,216.00. Todo esto sin contar el desinteresado apoyo que brindaron la Empresa de Ferrocarril de Eten como el Molino “Mocce”. 

La obra se inauguró el 7 de marzo de 1929, después de un año de trabajo, con el primer entierro que se hizo en los nuevos cuarteles de cemento armado. Correspondió esta inhumación al cadáver del que fue en vida Sr. Amadeo Vílchez, por cuyo motivo y a petición de la familia del extinto, se denominó “San Amadeo” al flamante cuartel.    

A mediados del siglo XX, la Sociedad de Beneficencia de Lambayeque siguió trabajando para mejorar el cementerio, el hospital y las fincas de su propiedad. Es así como con la cooperación de la Junta de Obras Públicas del Departamento, logró la construcción de dos pabellones en el hospital, uno para laboratorio y otro para rayos X. Su botica fue dotada de un nutrido lote de medicinas inclusive genéricas, las que se distribuían gratuitamente a la gente menesterosa, las otras medicinas (comerciales) se vendían con solo una ganancia del 10 %.    

Se empeñó también en la reconstrucción de la capilla del hospital, arruinada por los copiosos aguaceros del verano de 1925, para esto designó un comité de damas de la localidad, que cumplió a cabalidad la labor encomendada.    

En el periodo 1969-75, los hospitales de Beneficencia se integran al Ministerio de salud y se crean las Regiones de salud en el Ministerio de Salud. La Beneficencia Pública de Lambayeque “cedió en uso el predio y la administración” del Hospital “Nuestra Señora de Belén” de Lambayeque al Ministerio de Salud (MINSA).

En 1980, la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque, deja de administrar el Hospital, pasando a cargo del Ministerio de Salud, según D. S. N.º 009-79-SA, de fecha 31 de diciembre de 1,979. El hospital fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1989 y actualmente lleva el nombre de Hospital Docente "Belén" Lambayeque. El resto es historia reciente.

 

 Hospital "Nuestra Señora de Belén" en Lambayeque (Santos Américo Flores, 2022)


Bibliografía consultada

IZQUIERDO CASTAÑEDA, Jorge. Semana Santa en LambayequeMunicipalidad Provincial de Lambayeque. Gerencia de Desarrollo Económico – Área de Turismo. 2012.

MENÉNDEZ RÚA, Ángel. Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque Imprenta La Gaceta. Lambayeque - 1935.

TORRES REINA, Hugo Wilfredo. Apuntes Históricos para el estudio de Lambayeque. “El Perú, Biblioteca de Barro y Piedra” Presidente Fernando Belaúnde Terry.

Diario “El País” Chiclayo. 29 de julio de 1905. Colección particular.

Libros de Actas. Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque.

Fotografía

Guillermo Luna Lorenzo (Memo Luna).

Colección: García Echevarría.

Colección: Vicente Sierra León. 

Santos Américo Flores.

Internet.  







domingo, 5 de marzo de 2023

Cofradías en Lambayeque. Siglos XVI, XVII, XVIII y XIX

 

Festividad del Sagrado Corazón de Jesús en Lambayeque (Brüning, 1917)

La generosa y benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque posee una antigua y larga tradición católica que bien podríamos datarla desde las últimas cuatro décadas del siglo XVI, ateniéndonos a los datos que nos proporcionan las fuentes más tempranas.

Sabemos que la fundación de Lambayeque - nos estamos refiriendo a su origen hispano urbano bajo el patrocinio del apóstol San Pedro y conservando el patronímico Muchik castellanizado de Lambayeque - se remonta a la “reducción” o pueblo de indios de San Pedro de Lambayeque, así su denominación original. Días iniciales en que por mandato de las leyes intrusas se dio comienzo, a mediados del siglo XVI, a nuclear o agrupar en pueblo, levantado según criterios europeos, a las dispersas parcialidades o comunidades nativas tradicionales que conformaban su laborioso y rico señorío.

El clérigo, soldado y cronista español Miguel Cabello de Balboa o Valboa, en su crónica manuscrita Miscelánea Antártica, nos da algunos detalles de la conversión a la nueva religión de dos caciques principales que gobernaron el repartimiento y pueblo de indios de San Pedro de Lambayeque en los primeros años de la colonización y evangelización de estos valles.

El primero, Coscochumbi, engendrado en el Cuzco e hijo legítimo de Falempincial y Chestan Xecfuin. Cabello nos dice que Cosco chumbi: “recibió y sirvió a los españoles con mucho amor y fue el primero que en estos valles recibió el agua del bautismo”, adoptando el nombre de Pedro Cosco chumbi (Cabello de Balboa, citado en Zevallos Quiñones, 1989: 67).

El historiador Dr. Jorge Zevallos Quiñones, refiriéndose a este cacique y amparándose en Cabello, anota: “Hízose tan fervoroso cristiano que en su tiempo era tenido por el primer perseguidor de sus falsos sacerdotes y hechiceros” (Ibid.,1989: 67).

Era política arraigada en los hombres que lideraban las invasoras huestes españolas el procurar la conversión de los más influyentes de cada comarca, todo esto con el velado propósito de atraer a las masas. No cabe duda que la conversión de Coscochumbi haya causado notable impacto entre sus vasallos.

El segundo lo fue don Martín Farrochumbi, hijo de Pedro Coscochumbi, se le reconoce como el primer cristiano. Zevallos Quiñones, tomando el dato de Cabello de Balboa, escribe: […] hombre muy amigo de la verdad cristiana y favorecedor de la Iglesia”. (Ibid., 1989: 68.)

De esto no cabe ninguna duda ya que el cacique Martín Farrochumbi propicio e impulso, con su propio peculio, la construcción del primer templo con que contó el pueblo de San Pedro de Lambayeque, entre los años de 1563 y 1566 - 1567. (Vega Cárdenas, 1995: 12-13). El cacique y señor del pueblo de Lambayeque Martín Farrochumbi, llamado el viejo o el Petrucio, aportó más de 2,000 pesos de plata corriente para la culminación de la iglesia de Lambayeque, amén de otros mil pesos para la compra de ornamentos.

Pues bien, si Lambayeque ya contaba con una iglesia abierta al culto desde aproximadamente 1567, ésta también debería contar, en el breve tiempo, con algunas cofradías (asociación laica de culto de origen español). El historiador Dr. Lorenzo Huertas Vallejos, manifiesta:

    “Además de la nucleación poblacional, el bautismo, la confesión y la predica constante, la iglesia uso a la cofradía como medio para conmutar las deidades nativas por los santos cristianos” (Huertas Vallejos, 2000: 197).   

Tanto el Obispo de Lima, como el de Trujillo y hasta el cura de doctrina, alentaron la fundación de cofradías. Argumento válido hasta la actualidad. Esto no tenía nada de nuevo ya que tanto en las Leyes Nuevas (1542) como en la Recopilación de las Leyes de Indias (1608) se ordenó establecer cofradías en el Nuevo Mundo. Espacio en el que tuvo gran acogida, sobre todo en los pueblos de indios.

Las cofradías fueron aquellas instituciones que emergieron en Europa a mediados del siglo XIII y que llegaron al Perú en el siglo XVI con los invasores y conquistadores españoles. Según el derecho canónico vigente durante la época colonial, una cofradía era “una reunión de determinado número de fieles para dedicarse en común al ejercicio de obras piadosas y de caridad.”. Estas cofradías surgen con el aval de las autoridades religiosas correspondientes. 

Existen distintas clases de cofradías de acuerdo a su finalidad. Las cofradías de Gloria están centradas en el culto a una advocación, mientras que las cofradías sacramentales se orientan al Santísimo Sacramento. Las cofradías penitenciales, por su parte, realizan penitencia en Semana Santa. Es habitual que las cofradías realicen procesiones. Los mayordomos de turno no sólo eran responsables de velar por la vida religiosa de los cofrades, sino también de los bienes que servían para mantener el culto.   


Cofradías en el siglo XVI

La primera noticia documentada de la existencia de una cofradía en el pueblo de Lambayeque se la debemos al historiador Dr. Jorge Zevallos Quiñónez, cuando nos dice que Gonzalo Quisquis Farrochumbi, cacique y gobernador del pueblo de Lambayeque, fue elegido Prioste o mayordomo de la cofradía de la Limpia Concepción en 1591, y “por tal desempeño el 15 de Marzo de 1594, estando de paso por el pueblo el Arzobispo de Lima (se refiere a Santo Toribio de Mogrovejo), le concedió una licencia para consolidar la limosna de 12 pesos anuales destinados a misas de sufragio por las almas de los cofrades difuntos, y lo restante de las limosnas quedarían retenidas en dicha hermandad” (Zevallos Quiñones, 1989: 69).

En España a la Inmaculada Concepción también se la llama: Purísima Concepción y Limpia Concepción, sin variación de significado. La imagen de Nuestra Señora de la Purísima Concepción se encontraba colocada, en 1784, en posición preferente, en el que fuera primer retablo mayor de la iglesia de Lambayeque. 

Antigua imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Se encuentra en el nicho principal del altar mayor de la antigua ramada de San Pedro hoy Capilla San Francisco de Asís en Lambayeque. (Memo Luna, 2017).

Gonzalo Quisquis Farrochumbi, en su calidad de cacique gobernador, el más alto representante de la elite política y religiosa del pueblo de Lambayeque, se convierte así en uno de los primeros mayordomos de una cofradía, al interior de la iglesia lambayecana, del que hasta el momento se tiene fuente documental escrita que lo avale.

No sabemos si esta cofradía fue la primera que se fundó en Lambayeque, o sí hubo algunas otras en ese periodo (siglo XVI), ya que no existen fuentes de tan temprana época, que se puedan consultar en los archivos públicos y eclesiásticos de nuestra región.

Aunque si sabemos que la culminación de la “fábrica” de la primigenia iglesia lambayecana, conque contó el pueblo de Lambayeque, se remonta a los años de 1566 - 1567, y que su presencia requería el fundar cofradías, para que sirvieran de un eficaz instrumento de apoyo a los doctrineros en su afiebrado afán de propagar la fe católica entre los neófitos, suponemos haya habido, tal vez, en este periodo algunas otras cofradías al interior de esta primitiva iglesia, lamentablemente arruinada por las copiosas lluvias y fatal inundación que trajo consigo la cíclica presencia del catastrófico fenómeno de El Niño del verano de 1578.

Esta sería una hipótesis de trabajo porque, como lo hemos mencionado anteriormente, no se ha encontrado hasta el momento documentación que nos demuestre fehacientemente la existencia de cofradías en el mencionado siglo, aparte, como hemos visto, de la cofradía de la Limpia Concepción de finales del siglo XVI.

A manera de un ilustrativo comentario debemos agregar que en el pueblo de Lambayeque se rendía culto a la Virgen y Mártir Santa Catalina de Alejandría en el siglo XVI. Una prueba documentaria de esto lo constituye la masiva procesión, de principios de abril de 1578, que llevando en hombros el anda que portaba la imagen de la venerada Santa, recorriera las primitivas, fangosas y arruinadas calles, trazadas a cordel, de Lambayeque.

El motivo, de esta muestra de religiosidad popular temprana: el tratar de que con su sola presencia, amén de las rogativas y oraciones de los indios, se aplaquen las devastadoras plagas de grillos, gusanos de las más diversas especies y ratones que asolaban las fértiles tierras de esta laboriosa comarca, como apocalíptica consecuencia de las torrenciales lluvias y total inundación que trajera consigo la cíclica presencia del fenómeno de El Niño, catalogado de “muy fuerte”, del verano de aquel fatídico año.

Así lo manifiesta en una de sus respuestas a las interrogantes que se le hicieran con motivo de las “Probanzas” ejecutadas en 1580, o sea dos años después del desastre y ruina, por ciertos cobros indebidos del tributo de parte de los encomenderos de la región. Veamos:

    […] y en este pueblo hizieron procesion y eligieron un santo por abogado y por suerte le cupo a señora Santa Catalina y fue dios servido que de allí adelante lo que sembraron prevalecido y lo // cogieron y cesa los grillos y ratones y paxaros que no uvo mas tormenta dellos” (sic) (Huertas Vallejos, 1987: 57).

Virgen y Mártir Santa Catalina de Alejandría.

En este punto, nosotros podemos plantearnos también dos interesantes hipótesis:

A.- No sería, tal vez. que como natural consecuencia y partiendo de este caro “milagro”, que no registra la tradición católica lambayecana, el común de indios del pueblo de Lambayeque se animara, después de algunos años y superada en buena parte las penurias económicas por las que atravesaba, a construir, bajo la advocación de esta “milagrosa” Santa mártir “, la capilla doctrinal o ramada del mismo nombre en Lambayeque. 

B.- No es ésta, tal vez, una prueba de la existencia de otra cofradía al interior de la primitiva iglesia lambayecana en el siglo XVI. Al final, existía una imagen, el viejo documento del cual hemos extractado el párrafo anterior así lo manifiesta, por lo tanto, debía contar con un mayordomo y, a la vez, una congregación de devotos, o sea, tal vez, con una cofradía.

Es más, tenemos conocimiento que, hasta mediados del siglo XVII, existía en el pueblo de Lambayeque una plazuela con el nombre de Santa Catalina.

Todo esto, como lo hemos manifestado al principio, como hipótesis de trabajo, porque no aspiran a más.

Imafronte de la Ramada de Santa Catalina (Memo Luna, 1993)

 

Cofradías en el siglo XVII

Después de una paciente búsqueda hemos podido ubicar y fichar algunas de las cofradías que, para las cuatro últimas décadas del siglo XVII, existían en la iglesia parroquial San Pedro de Lambayeque. Veamos:

De la transcripción y lectura de una de las cláusulas de la copia fiel y original del inédito testamento otorgado el 18 de junio de 1673, ante el escribano del cabildo de naturales don Nicolás Teño, por don Luís Minseh, indio originario del pueblo de Lambayeque e hijo de don Francisco Nonchoc Consul y consorte de doña María Piqui, podemos deducir que, para el citado año de 1673, existían en la iglesia parroquial de Lambayeque las siguientes cofradías:

- Cofradía del Santísimo Sacramento.

- Cofradía de Nuestra Señora.

- Cofradía del Santo Cristo de la Columna.

- Cofradía de las Ánimas del Purgatorio.

- Cofradía de San Roque.

- Cofradía de San Antonio.

- Cofradía de San Sebastián.

- Cofradía de Santa Lucia.

- Cofradía de San Valentín.  

A todas estas cofradías don Luís Minseh les donó, en su testamento, de una a dos “acequias” de tierras y algunos “pies” de olivar. Veamos:

  Iten. mando para la Cofradía del Santísimo Sacramento una assequia de tierras que assi es mi voluntad = Iten. mando a la Cofradia de nuestra Señora una assequia de tierras = Iten. mando a la Cofradia del Santo Christo de la Columna una assequia de tierras, assi es mi voluntad = Iten. mando a la Cofradia de las Animas del Purgatorio una assequia de tierras assi es mi voluntad. Iten. Tengo por mis bienes propios seis acequias de tierras nombradas Chafnacuñin y las dos están en pleito con Juan Infu mando se prosiga el pleito, y las quatro acequias mando a las Cofradias como arriba están declaradas…”  (Archivo del Autor. Escribano del Cabildo de Naturales don Nicolás Teño. Testamento de Don Luís Minseh. 1673).

Vieja fotografía de la efigie del Señor de La Columna (Colección del autor).  

A estas cofradías agreguémosle también la de Santa Rosa de Lima. El dato lo hemos exhumado de un viejo e inédito expediente que se conserva en el Archivo Regional de Lambayeque. El instrumento trata sobre un pleito, acaecido en el año de 1675, entre los mayordomos de la citada cofradía y la cofradía del Santísimo Sacramento por el rédito que diariamente otorgaba el pago del pontazgo, o sea el impuesto que debían abonar todos los comerciantes que utilizarán el puente construido al noroeste del pueblo de Lambayeque, ubicado exactamente en lo que después se conocería como la calle “del Puente”, después “Puente Viejo”, hoy calle “José Gálvez”.

 

El Señor de Ánimas. Hornacina principal del retablo rococó de Ánimas del Purgatorio. Nave de la Epístola. Iglesia San Pedro de Lambayeque

Por la lectura del viejo manuscrito, sabemos ahora que para la aludida fecha era mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento don Miguel de Garay, y de la flamante Cofradía de Santa Rosa de Lima don Ignacio de Toledo y el alférez don Joseph de Vera. El capitán Miguel de Garay y del Sol, alto funcionario virreinal, fue natural de Vizcaya, tercer hijo de don Miguel de Garay y de la Torre, señor de la casa de Garay en España, contrajo matrimonio con la acaudalada dama lambayecana doña Ana María Tirado (S. Ramírez, 1991: 205).  

Debemos recordar, de paso, que el 11 de abril de 1670, el Papa Clemente X había declarado a Rosa de Santa María Patrona celestial de América, Filipinas e indias, y al día siguiente la Canonizo solemnemente. 

A las finales la Cofradía del Santísimo Sacramento ganó la querella y mantuvo el derecho perpetuo del pago del pontazgo en el antiguo y desaparecido puente del rio Lambayeque. 

 

 Cofradías y mayordomías en el siglo XVIII

Cofradía de la Gloriosa Santa Rita de Casia (1718), mayordomo: Joseph Puicón.

Imagen de Santa Rita de Casia. Se ubica en la calle lateral izquierda del primer cuerpo del retablo rococó de Ánimas del Purgatorio. Nave de la Epístola. Iglesia San Pedro de Lambayeque.

Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso (1719).

Cofradía del Santísimo Sacramento (1719).

Cofradía del Señor San José (1719).

Cofradía de San Sebastián (1719).

Cofradía de Nuestra Señora del Rosario (1719). 

Para el bienio de 1761-1762, el mayordomo de esta cofradía era el Sargento Mayor Diego de la Fuente y Torre. El tambo de Lambayeque abonaba 12 pesos anuales a esta cofradía. El fraile dominico Ángel Menéndez Rúa, Anota: “Los Libros de Cofradía del Rosario empiezan el año de 1797”. (Ob. Cit.,1935:110).

Cofradía de Nuestra Señora del Carmen (1719).

Todas las cofradías que figuran con el año de 1719, han sido exhumadas del testamento de don Sebastián de Azabache, natural del Pueblo de San Pedro de Lambayeque, pachaca principal de la parcialidad de Yencala y hermano de los Santos lugares de Jerusalén. Sebastián de Azabache era hijo legítimo de don Diego de Azabache y de doña Petrona Siarsia (sic) y consorte de doña Pascuala Minollulli y Vicop, testó en Lambayeque el 7 de agosto de 1719, ante el escribano de cabildo y público don Lino de Herrera. En una de las cláusulas, del citado instrumento, dejo dicho:

    “que era su voluntad que de el d[ic]ho ganado, que declara por sus vienes se saquen setenta ovejas, y de ellas se den de limosna, diez a la cofradia de la virgen Maria Nuestra Señora del buen suceso, otras diez a su santisimo Esposo Señor San Joseph, otras diez a San Sebastián, otras diez a Nuestra Señora del Carmen, otras diez a Nuestra Señora de Guadalupe, otras diez a la cofradia del Satisimo Sacramento, y las diez, a Nuestra Señora del Rosario  y todas las cuales cofradias se entiende son de este Pueblo de Lambayeque, menos la de Nuestra Señora de Guadalupe que pertenece  a esa ciudad…” (sic) (Archivo Regional de Lambayeque (ARL). Escribano Lino de Herrera “Testamento de Don Sebastián de Azabache”. Registro 14. Legajo N° 2 – 1719).

Cofradía del Glorioso San Roque (1740-1741), mayordomo: capitán Joseph Calixto Cartagena.

Cofradía de Nuestra Señora de la Misericordia (1751).

El clérigo presbítero don Joseph Pomares dio su poder para testar a su sobrina doña Rosa Barreto de Castro y Pomares mujer legitima de don Pedro Manuel de Isasi. En una de las cláusulas de dicho instrumento, Joseph Pomares, manifestaba ser: 

    “Hermano de la Cofradia de Nuestra Señora de la Misericordia y de Nuestra Señora del Socorro, y que como tal hermano de Nuestra Señora de la Misericordia avia d[ïc]ho todos los años una misa resada por los esclavos vivos y Difuntos de d[ic]ha cofradia, y que havia destinado el dia trese de noviembre para decir d[ic]ha misa lo que dixo durante su vida” (sic). Además: “de una misa cantada que se ha de decir todos los años con diaconos el dia del Señor San Sebastian” (sic) (ARL. Escribano Sebastián de Polo. Tomo XII. 1750 – 1751).

Cofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1751).

Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio (1752).

Cofradía del Glorioso Mártir San Valentín (1753). Mayordomo: Placido Míreles.

 Mártir católico San Valentín

La Cofradía de San Valentín, el santo mártir que alcanzó gran prestigio en su época por su defensa de la fe cristiana y del Sacramento del Matrimonio entre enamorados, tuvo antigua data en el pueblo de Lambayeque. Una prueba de ello lo constituye un viejo instrumento que trata sobre la venta de un sitio, propiedad de dicha cofradía, efectuada por su mayordomo y el procurador de ésta en el año de 1753. Veamos:

    “Sepan quantos esta carta vieren como nos Plasido Mireles y Juan de los Santos Recres Mayordomo y procurador de la Cofradia del Glorioso San Balentin fundad en la Iglesia de este Pueblo de Lambayeque de donde somos Indios naturales desimos por quanto d[ic]ha cofradia tiene un sitio y solar donde fue la capilla del Glorioso santo en los primitivos tiempos que no sirve al presente d[ic]cho sitio y nesesitando de unas Andas para sacar en Proseción la Efigie De d[ic]ho Santo nos presentamos ante el Señor vicario Juez Eclesiastico de este Pueblo y la Provincia pidirndole concediese lizencia para bender d[ic]ho sitio y d[ic]ho Señor vicario mando seguir las diligensias Judisiales a la letra son como se sigue =

…Y estar d[ic]ho sitio mui Adentro de la calle en parte que no se puede o pudiera redificar una tienda para sacar de ella alguna renta y proveer las cosas necesarias para el culto y funciones que se ofrecen y en especial unas andas que no la tiene d[ic]ho Santo por cuio efecto no sale a las prosesiones que se ofrecen cada año, y para cuio Santo Sevicio supico a Vm. Se sirva demandarsenos la facultad y lisensia que sirva de titulo en forma para la forma y derecho que tenga y pueda tener el que comprare el referido sitio, y es de catorce varas de fondo y de ancho dies varas y quarta, que linda el d[ic]ho sitio Asia el oriente con Pablo Usero, y por el sur con el corral de Lucas Xemin y por el poniente con la de Jose Ñarmo y por el Norte con la casa del Capitan Don Miguel Sosa, y combiene a saber d[ic]ho sitio fue comprado el año de setecientos y uno por el mes de diciembre dia tres que lo compro el Mayordomo Alonso Niño de Olivo Infuc para el efecto de guardar el ornamento de d[ic]ho Santo; asi mismo estoi y estamos a ayudar y afrontar el d[ic]ho culto con los muñidores hasta finalisar d[ic]has andas según mi humilde y de toda intención…” (sic) (ARL. Escribano Sebastián de Polo. Tomo XV. 1753). 

En fin, el sitio era muy reducido para las actividades que desarrollaba la cofradía, ya que se encontraba en medio de las casas mencionadas en sus linderos, y solo tenía acceso a la calle por un estrecho callejón “de dos varas de ancho”, aproximadamente 170 cm. de ancho. Lo rescatable del documento lo constituye el hecho de enterrarnos que, para el año de 1701, ya existía una cofradía bajo la advocación de San Valentín en el pueblo de San Pedro de Lambayeque.

En 1786, se instaló la Cofradía de San Miguel Arcángel, su primer mayordomo don José Manuel Fernández, acompañado de doña Isabel Garcilla como mayordoma. (Menéndez Rúa, 1935: 11).

Arcángel San Miguel. Se encuentra en el ático del retablo del Sagrado Corazón de Jesús. Iglesia San Pedro de Lambayeque. (Tito Luna, 2011).

La siguiente relación de cofradías y mayordomías del siglo XVIII, se la debemos al trabajo de investigación realizado por los arqueólogos e historiadores Juan Castañeda Murga y María del Carmen Espinoza Córdova, en los repositorios del Archivo Arzobispal de Trujillo (AAT) y el Archivo Regional de Trujillo (ART). (Véase: Fuentes Documentales para la historia virreinal de Lambayeque. Juan Castañeda Murga – María Espinoza Córdova. Lima, 2010). Veamos:

Cofradía de Nuestra Señora de la Merced (1765), mayordomo: Licenciado don Justo Modesto Rubiños y Andrade.

Cofradía de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1766).

Cofradía del Santísimo Corazón (1769 – 1770).

Sabemos también ahora, gracias al trabajo de Castañeda Murga y Espinoza Córdova, que, en 1770, fue traída desde la ciudad de Piura una imagen de Nuestra Señora de la Luz a Lambayeque y colocada, por los fundadores y promotores de su celebración en esta ciudad, en la ramada de San Roque, ubicada en el atrio del lado norte de la iglesia San Pedro de esta ciudad. En 1775, los indios Alejandro Rodríguez y Bartolomé de Arcilla hacían un pedimento a la Diócesis para que se autorice el establecimiento de una congregación de devotos de la imagen, ya que su culto había ido en aumento entre la población lambayecana y por esto contaba con la manifestación favorable de los cuatro curas de doctrina del pueblo (Castañeda Murga – Espinoza Córdova, 2010: 14).


Nuestra Señora de la Luz 

Lambayeque contó con cuatro capillas doctrinales o ramadas: Ramada de Santa Catalina, San Roque, San Pedro y Santa Lucía. Sospechamos que la veneración a esta advocación mariana se diluyo con motivo de la ruina que sufriera la ramada de San Roque, donde se encontraba ubicada, por efecto del fenómeno de El Niño, catalogado de muy fuerte, que asoló la ciudad en el verano de 1828. Actualmente no existe rastro alguno de la imagen o, tal vez, de un lienzo, de esta advocación mariana en la iglesia Parroquial de Lambayeque, como tampoco memoria alguna de que alguna vez se le rindió culto en esta ciudad. Pero si esto ya resulta algo novedoso, sobre todo para el lector y feligrés lambayecano, debemos mencionar también la existencia de las mayordomías de “Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1767) y Nuestra Señora del Cisne (1770)”, cuyas imágenes eran veneradas en la iglesia San Pedro de esta ciudad. (Castañeda Murga - Espinoza Córdova, 2010: 22, 23). 

En 1778, Se inician los trámites con el objeto de establecer una Cofradía de Nuestro Amo Crucificado con título de Huamantanga, en la ramada de San Roque.  (Castañeda Murga – Espinoza Córdova, 2010: 24).

Para el año de 1784, se confirma la existencia de una cofradía de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, su mayordomo don Antonio Atocha.

Por nuestra parte hemos logrado fichar a la Cofradía de Nuestra Señora de Loreto en el año de 1790.

En 1790, testaba, ante el escribano Manuel Vásquez Meléndez, el presbítero don Francisco Peralta Mireles, hijo del capitán don Juan Antonio Peralta y doña Juana Mireles. Después de encomendar su alma a Dios y pedir que su cuerpo sea sepultado al interior de la iglesia parroquial de Lambayeque, en el lugar correspondiente a su estado sacerdotal, manifestaba, en una de las cláusulas del citado instrumento, que dejaba una casita en la calle Chancay, hoy calle Bolognesi, para que sea alquilada, y que el producto de su arrendamiento, de cada un año, sea repartido de la siguiente manera:

    […] doce reales para la cofradía del Santísimo Sacramento, otros doce reales para el Sagrado Corazón de Jesús, otros doce reales para el Glorioso Señor San Joseph, otros doce reales para la Señora de Loreto: otros doce reales para nuestra Señora del Carmen, otros doce reales para nuestra Señora del Rosario, otros doce reales para nuestra Señora de las Mercedes: otros doce reales para nuestra Señora de los Dolores: Advocaciones y cofradías que se celebran en la Iglesia Parroquial de este Pueblo (sic ) (ARL. Escribano Manuel Vázquez Meléndez. Tomo X. 1790 – 1791).

Aún no estamos del todo seguros para poder afirmar que estas serían, a las finales, las únicas cofradías con que contaba la iglesia San Pedro de Lambayeque en las dos últimas décadas del siglo XVIII; pero todo hace suponer que tal vez así lo fuera.


Cofradías y Hermandades en el siglo XIX

Cofradía de Nuestra Señora de la Purísima Concepción (1800). En 1804, el Obispo de Trujillo nombra Mayordomo Mayor de la Cofradía de la Purísima Concepción al presbítero don Justo Siancas, en reemplazo del seglar don Antonio Atocha (Menéndez Rúa, 1935:111). A partir de 1814, era su mayordomo don Antonio Montenegro.

Cofradía de Nuestra Señora de la O (1801), mayordomo: don Isidro Ladrón.  (Castañeda Murga – Espinoza Córdova 2010: 25).

En 1801, se solicita licencia para el establecimiento de la Hermandad de San Antonio de Padua (Castañeda Murga – Espinoza Córdova 2010: 25). 

Inventario de las alhajas de San Antonio de Padua: “Una diadema de plata. Un cordón de plata. Una azucena de plata”. ((Archivo Parroquial de Lambayeque (en lo sucesivo APL). Inventario de la Parroquia de Lambayeque ratificado el 16 de junio de 1902).

Cofradía del Gloriosos Arcángel San Miguel (1804).

En el Archivo Parroquial de Lambayeque se conservan algunos documentos sueltos referentes a esta cofradía, como un inventario de 1804, y la entrega voluntaria de las alhajas del Santo efectuada, el 24 de abril de 1849, por Felipe Siarcia albacea de su padre José María Siarcia. Así tenemos que la imagen del Arcángel San Miguel que se veneraba en esta iglesia, se encontraba, en 1804, […] colocado en su altar y retablo todo dorado nuevo. Y unas andas de madera nuevas sin dorar”. El altar contaba con un frontal de plata, clavado a él y concluido en ese año; su peso aproximado 15 marcos de plata. Para 1849, el frontal ya no existía porque había sido requisado, en 1824, para solventar los gastos del Ejército Libertador. Entre su rica parafernalia se encontraba: Un morrión de plata; dos alas de plata; un broquel de plata; un alfanje de plata; un retazo de plata, sin saber su peso; un par de chapines de plata; un ahogador con catorce piedras de topacio y una pequeña cruz de cristal, veinticinco sortijas de piedra lucientes para el adorno de su banda, además de un par de vestidos viejos y uno nuevo. (APL. Libros Inventarios y Cofradías 1797 al 1855).

Mayordomía del Señor del Prendimiento (1808). (Castañeda Murga – Espinoza Córdova 2010: 26).


El paso del Señor del Prendimiento. Iglesia San Pedro de Lambayeque (Memo Luna, 2018).

Cofradías unidas del Señor Crucificado y de Nuestra Señora de los Dolores (1814), mayordomo: Juan Romualdo Vidaurre de la Parra.

Cofradía del Santísimo Sacramento (1823), mayordomo: el cura José Marcelino Sosa.

Inventario de la cofradía del Santísimo Sacramento (1906): “Un Altar Mayor con sus respectivas imágenes: el Padre Eterno, el Patriarca San José con su respectiva corona y azucena de plata (el Padre Eterno tiene su triangulo de plata), la Virgen con su respectivo vestuario, un pelicano con sus alas todo forrado de plata = un estandarte de plata con seis campanillas también de plata, dos pasadizos (?) también de plata, su báculo forrado en plata con su cruz de plata = un centellero con siete candelejas de plata = Dos incensarios = una maceta =  una cuchara de plata = cinco báculos forrados en plata = Dos cañas de ciriales con sus candelejas de plata y las cañas forradas en plata = Cuatro atriles forrados en plata = Doce candeleros grandes de plata (a uno le falta un ruedo de pulgada y ½) = Cuatro candeleros chicos de plata = una caña de plata con tres candelejas (para las tres marías) = una campana de plata (en la agarradera le faltan las perillas) = un platillo de plata de la demanda del Santísimo = Tres potencias de plata del paso de la cena y su cabellera = un relicario de plata con su cadena de plata (sirve para las renovaciones) = un sitial para el viatico con su delantera forrada en plata, este sitial tiene una cruz de plata = Un sol de plata dorado que cubre la custodia en el Altar Mayor = Cuatro faroles buenos y dos quebrados = una caja de madera de la antigua custodia = Doce apóstoles retocados con sus respectivos vestidos y el Señor de la Cena = una caja grande para guardar la cera = un palio de lama de media vida = un estandarte de media vida = una funda de la Cruz Alta = ocho banderas de raso nuevas = cuatro banderas de media vida = “ (sic) (APL. Papeles sueltos: Inventario de la Cofradía del Santísimo Sacramento (1906).

Cofradía de Nuestra Señora del Rosario (1823), mayordomo: Miguel Yacarini.

Cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes (1823), mayordomo: el presbítero José Donato de Ripalda.

Inventario de las alhajas de la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes: “Una corona de plata dorada, con dos perlas y cuatro rosas guarnecidas de piedras preciosas; un escudo de oro con su doble cadena también de oro y guarnecido de perlas y piedras preciosas; un ahogador con nueve topacios rodeados con oro; un escudo de plata grande y una media luna de plata. (APL. Inventario de la Parroquia de Lambayeque ratificado el 16 de junio de 1902).

Cofradía de Nuestra Señora de Dolores (1823), mayordomo: Manuel de la Fuente.

Cofradía de Nuestra Señora del Carmen (1823), mayordomo: José Andrés Delgado y Cotera.

Inventario de Nuestra Señora del Carmen (1902): “Cuatro ángeles de plata, uno sin alas. Dos arañas de plata con ocho brazos sin candeleja y trece piezas sueltas. Una Virgen pequeña en su platillo de plata. Un Virgen forrada en plata. Una corona de plata dorada. Una media luna de plata dorada. Una coronilla de plata dorada. Un escapulario de oro con perlas y piedras. Un escudo de oro con perlas y piedras. Una coronita de plata del niño Dios (en el altar). Una coronita de la Virgen pequeña. Un escapulario de plata del niño Dios y otro dicen que está en poder de la señora Amacilia Bazo. Una Cruz de plata (rota). (sic) (APL. Inventario de la Parroquia de Lambayeque ratificado el 16 de junio de 1902). 

Cofradía de Nuestra Señora de Guadalupe (1823), mayordomo: José León Cususoli.

Hermandad de San Antonio de Padua (1823), mayordomo: Jacinto Martínez.

Hermandad de San Pascual Bailón (1823), mayordomo: Miguel Navarrete.

Hermandad del Niño Dios (1823), mayordomo: José Manuel Cususoli.

Imagen de San Pascual Bailón. Miembro de la Orden de Frailes Menores (franciscanos). Patrono de los congresos eucarísticos y de las cofradías del Santísimo Sacramento. Como hemos podido observar en la iglesia de Lambayeque se veneraba a este esté Santo y además contaba con una cofradía bajo su advocación, en las primeras dos décadas del siglo XIX. 

Para el año de 1882, en los papeles sueltos sobre Cofradías que custodia el Archivo Parroquial de Lambayeque (APL), aparecen las Cofradías de: “S. Pascual Bailón, de Nuestra Sra. de las Mercedes, de Animas, de S. José, y de Nuestra Sra. de Guadalupe”. (Menéndez Rúa 1935: 111). Por esa época seguía existiendo la Cofradía del Niño Dios.

Por Ley del 2 de noviembre de 1889, expedida por el gobierno del general Andrés Avelino Cáceres, se encarga, por embargo, a la Beneficencia la administración de los bienes de las cofradías, archicofradías y congregaciones de ese género. Sin embargo, en Lambayeque no se cumple con esta disposición; así consta en el respectivo libro de actas de la institución.

El 16 de enero de 1890, la Beneficencia de Lambayeque, mediante oficio, se dirige a los alcaldes, a los gobernadores y curas de los distritos pidiéndoles den razón de los bienes pertenecientes a cofradías en su jurisdicción, con la finalidad de ser incorporados a la institución benéfica según mandato de la Ley. A casi diez meses de emitida la Ley, el cura y vicario de Lambayeque informó que en su jurisdicción no existían tales bienes de cofradías.

En 1896, La Beneficencia de Lambayeque se encontraba en total insolvencia. Una prueba de esto la encontramos también en 1897. En efecto, ese año la citada institución a duras penas pudo solventar, y con atraso, los S/.120 soles que demandó la festividad de la Virgen María (8 de diciembre), conmemoración a cargo de la congregación “Hijas de María”. En ese mismo año (1896), el “Sr. Cura don José Gabriel Santillán, solicitó y obtuvo del Sr. Obispo licencia canónica para establecer la Congregación de “Hijas de María” en Lambayeque” (Menéndez Rúa 1935: 111).

Esto también constituye una prueba de que la Beneficencia ya administraba los bienes de cofradías en Lambayeque, entre las cuales se encontraban también la del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Purísima Concepción, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Rosario, etc.

Todo parece indicar que la situación económica de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lambayeque comenzó a mejorar paulatinamente desde los primeros años del siglo XX. Así, en diciembre de 1903, donó inmediatamente S/.130 soles para la festividad de la Virgen María, que como hemos visto anteriormente celebraba la Congregación “Hijas de María”, que en ese año presidía la Sra. Matilde Leguía. Los mayordomos de tal o cual cofradía recibían cheques a su nombre para la celebración de sus respectivas festividades y estaban obligados a rendir cuentas a la Beneficencia de los gastos efectuados.

Debemos advertir que esta es solo una relación preliminar, provisional, ya que falta aún mucho por investigarse respecto al número de cofradías, hermandades, congregaciones o simples mayordomías, establecidas en el pueblo de Lambayeque a lo largo de los siglos que, sucintamente, acabamos de tratar.

Sin embargo, esta pequeña muestra nos está manifestando que la Generosa y Benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque es poseedora de una vieja y larga tradición religiosa. Tan antigua y tan relevante como de la que, con orgullo, se pueda jactar cualquier otra ciudad de calificada importancia en la región norte de nuestro país.

                                                        

                                         Estandarte de la cofradía del Sagrado Corazón de Jesús. Lambayeque ( Brüning , 1917)

              
Estandarte de la cofradía de San Francisco de Asís. Lambayeque ( Brüning , 1917)

       
       

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Archivo del autor 

Escribano del Cabildo de Naturales, Nicolás Teño. Testamento de Don Luís Minseh. 1673”.

 

Fotografía

Hans Heinrich Brüning.

Guillermo Luna Lorenzo (Memo Luna).

Demetrio Luna Lorenzo. (Tito Luna).

Colección del autor.